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Caen derechos de autor y surge una nueva vida para viejos clásicos

Marcel Proust, Rudyard Kipling, Joseph Conrad y otros grandes autores entran en el dominio público esta semana; aquí, Agatha Christie, en Florencia
Marcel Proust, Rudyard Kipling, Joseph Conrad y otros grandes autores entran en el dominio público esta semana; aquí, Agatha Christie, en Florencia Crédito: Bettmann/CORBIS
Alexandra Alter
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6 de enero de 2019  • 17:00

Hace casi un siglo, el editor Alfred A. Knopf publicó un librito de fábulas espirituales escrito por un desconocido poeta y pintor libanés-estadounidense llamado Khalil Gibran.

Knopf tenía pocas expectativas e imprimió como 1500 ejemplares. Para su gran sorpresa, el libro -llamado El Profeta- prosperó. Se convirtió en un gran éxito y vendió más de nueve millones de ejemplares solo en Norteamérica.

Hasta hoy, la editorial que aún conserva el nombre de Knopf ha conservado los derechos del título en esa región. Pero eso cambió esta semana, cuando El Profeta pasó a ser del dominio público, junto con otras obras de miles de otros artistas y escritores, que incluyen a Marcel Proust, Willa Cather, D.H. Lawrence, Agatha Christie, Joseph Conrad, Edith Wharton, P.G. Wodehouse, Rudyard Kipling, Katherine Mansfield, Robert Frost y Wallace Stevens.

Este año señala la primera vez en dos décadas en que una gran cantidad de obras protegidas por derechos de autor perderán su vigencia de protección, cambio que tendrá enormes consecuencias para las editoriales y los patrimonios literarios, los cuales perderán dinero y el control de la producción creativa.

Sin embargo, también significa un beneficio para los lectores, quienes podrán elegir más ediciones, y para los escritores y otros artistas quienes podrán crear obras nuevas basadas en las historias clásicas sin ser demandados por violación a la propiedad intelectual.

"Ahora habrá una variedad mucho mayor de libros disponibles y serán más baratos", señaló Imke Reimers, profesor adjunto de Economía en la Universidad del Nordeste quien ha estudiado el impacto de los derechos de autor. "Tanto los consumidores como los lectores definitivamente se van a beneficiar de esto".

La legislación que aún no descongela a Disney

La avalancha repentina de obras accesibles tiene su origen en la legislación que aprobó el Congreso en 1998, la cual ampliaba veinte años la protección por derechos de autor. La ley restableció la duración de los derechos de autor para las obras publicadas entre 1923 y 1977 -se alargó de 75 a 95 años después de su publicación- congelando prácticamente su situación de protección. Las personas escépticas con frecuencia se refieren a esta ley como la "Ley de Protección de Micky Mouse", porque ha conservado bajo derechos de autor hasta 2024 la primera película de Disney donde aparece Mickey Mouse, Steamboat Willie).

La década de 1920 fue un periodo muy fértil, con la aparición de maestros como F. Scott Fitzgerald, William Faulkner, Ernest Hemingway y Virginia Woolf

Ahora que ha caducado la ampliación de ese plazo, se ha vuelto a abrir la llave. En todos los meses de enero una nueva cosecha de novelas, obras de teatro, música y películas serán del dominio público. El impacto será especialmente fuerte durante los próximos años debido en parte a que la década de 1920 fue un periodo muy fértil y experimental para la literatura occidental, con la aparición de maestros como F. Scott Fitzgerald, William Faulkner, Ernest Hemingway y Virginia Woolf.

"Finalmente, estos libros pertenecen a la gente", comentó James L.W. West III, un estudioso de Fitzgerald. "Podemos tener nuevas oportunidades de editar y reinterpretar todos estos textos emblemáticos".

Cuando los libros pasan a formar parte del dominio público, cualquiera puede vender en Amazon una edición digital, de audio o impresa. Los admiradores pueden publicar y vender sus propias secuelas y desenlaces, o difundir mezcolanzas irreverentes de monstruos, como el éxito de ventas de 2009 Orgullo y prejuicio y zombis.

Marcel Proust
Marcel Proust Crédito: Sygma/Corbis

Los productores de teatro y de cine pueden adaptar las obras para hacer películas, obras de teatro y obras musicales sin tener que obtener los derechos. Las editoriales competidoras pueden distribuir nuevas ediciones impresas, y los académicos pueden publicar nuevas versiones y análisis con comentarios. Podrán circular ejemplares digitales gratis en Internet. A principios del año, Google Books, que tiene escaneadas más de 30 millones de obras en su enorme biblioteca digital en línea, pondrá a disposición del público ediciones digitales completas de obras publicadas en 1923, entre ellas Tarzán y el león de oro, de Edgar Rice Burroughs, y Un hijo en el frente, de Edith Wharton.

Es difícil decir exactamente cuántas obras serán del dominio público este enero debido a que algunos autores y editores dejaron que prescribieran sus derechos de autor, y tal vez algunos libros escritos en otros idiomas publicados primero en el extranjero en 1923 sigan bajo derechos de autor por el momento, como Bambi, de Felix Salten. Según John Mark Ockerbloom, estratega de bibliotecas digitales de la Universidad de Pensilvania, en 1923 se presentaron más de 130.000 registros de derechos de autor para diversos trabajos creativos, pero la mayoría no se renovaron.

Algunas editoriales y herederos de escritores temen que perder la protección de los derechos de autor haga que las ediciones sean de menor calidad y contengan erratas y otro tipo de errores, además de que haya obras derivadas que dañen la integridad de algunas historias emblemáticas.

"Tienen razón las editoriales en preocuparse por la proliferación de ediciones poco fiables, algunas de las cuales quizás no sean muy buenas", afirmó John Kulka, director editorial de Library of America, una organización sin fines de lucro que publica obras clásicas de la literatura estadounidense.

No obstante, muchos estudiosos y especialistas en leyes sostienen que la ley de derechos de autor de Estados Unidos, que es sumamente compleja, se ha desviado hacia el enriquecimiento de las empresas y de los herederos de los escritores y artistas a costa del público. Cuando se aprobó la primera ley de derechos de autor en Estados Unidos en 1790, la duración máxima era de 28 años. Al paso de las décadas, los legisladores prolongaron constantemente la duración, que ahora se extiende a más de un siglo para muchas obras.

"Es peor que el código fiscal", señaló Rebecca Tushnet, especialista en propiedad intelectual de la Escuela de Derecho de Harvard. "Ahora la duración de los derechos de autor es demasiado larga".

En libro electrónico y otras versiones, queda libre de derechos "El Profeta", de Khalil Gibran
En libro electrónico y otras versiones, queda libre de derechos "El Profeta", de Khalil Gibran

Para los lectores y los consumidores de libros, la proliferación de textos y ediciones en competencia significará mayor variedad y libros más baratos. En 2019, la editorial digital Open Road Media publicará cerca de una decena de obras de 1923 accesibles recientemente, incluyendo libros electrónicos El Profeta, de Gibran Jalil Gibran, El yo y el ello, de Sigmund Freud, El inimitable Jeeves, de Wodehouse y Asesinato en el campo de golf -uno de los primeros enigmas de Hercule Poirot-, de Agatha Christie.

Las editoriales que publican importantes legados literarios también van a sacar obras que acaban de ponerse a disposición del público. Penguin Classics va a distribuir nuevas ediciones de El Prisionero, de Proust. Vintage Classics publicará una nueva edición de New Hampshire, de Frost -la cual contendrá el grabado en madera original y algunos de sus poemas más famosos, incluyendo "Stopping by Woods on a Snowy Evening" - y tres nuevas ediciones de las novelas clásicas de Christie.

El caso Fitzgerald

Adelantándose a una avalancha de ediciones nuevas de El gran Gatsby, de Fitzgerald, cuando caduquen los derechos de autor en 2021, los herederos de Fitzgerald y su editorial, Scribner, publicaron en abril una nueva edición de la novela, con la esperanza de colocarla como la versión definitiva del texto. Se han vendido unos 30 millones de ejemplares en todo el mundo y siguen vendiéndose más de 500.000 ejemplares al año tan solo en Estados Unidos. Sin embargo, en dos años, cualquiera que tenga una computadora podrá publicar un libro electrónico de ese texto, o vender historias inventadas basadas en la historia.

Blake Hazard, la bisnieta de Fitzgerald y administradora de su patrimonio, comentó que espera que surjan algunas nuevas interpretaciones interesantes de la historia. Pero también le preocupa lo que sucedería con el legado de la novela cuando lleguen los inevitables homenajes y adaptaciones, los cuales probablemente incluirán segundas partes no autorizadas de Gatsby o novelas contadas desde la perspectiva de Daisy Buchanan.

"Yo espero que la gente se vea motivada a hacer algo original con la obra, pero claro que el temor es que haya cierto deterioro del texto", comentó Hazard.

No obstante, las editoriales que se especializan en los clásicos ven una enorme oportunidad para reintroducir las viejas obras. Algunos se han preparado durante décadas para este momento.

En enero, Penguin publicará 20.000 ejemplares de su edición de El Profeta, con una introducción nueva de Kaur, una joven poeta canadiense que, gracias a sus abundantes seguidores en las redes sociales, ha logrado tener un enorme público para su trabajo. Siciliano espera que esto atraiga a un público nuevo para el libro de Gibran.

"Tener varias ediciones de estas obras y una energía renovada detrás de ellas amplía el mercado en vez de canibalizarlo", afirmó Siciliano. "Es una oportunidad de darle un nuevo aliento de vida a estas obras".

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