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Qué sabemos y qué es imposible saber de 2019

Juan Carlos de Pablo
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6 de enero de 2019  

Hace exactamente un año, los entusiastas de los pronósticos decían que en 2018 no iba a haber elecciones , se introducirían las reformas estructurales y se quebraría el "serrucho" según el cual un año de crecimiento del producto bruto interno (PBI) es seguido por otro de caída. De todo esto lo único que se cumplió es que en el año que acaba de terminar no hubo elecciones; porque no se introdujeron cambios estructurales, el PBI cayó, la tasa de inflación se duplicó, etcétera. A la luz de esto, ¿qué se puede decir con respecto a 2019?

Al respecto conversé con el norteamericano Robert J. Eggert (1913-2007), quien luego de formular pronósticos macroeconómicos para un par de empresas importantes de su país, a mediados de la década de 1970 creó una consultora, que editó Blue Chip Consensus, una publicación que recoge los pronósticos que realizan un conjunto de analistas económicos, financieros y académicos.

-¿Por qué es tan entusiasta de los pronósticos económicos consensuados?

-Porque el promedio de lo que los economistas esperan probó ser, a lo largo del tiempo, un pronóstico más preciso que cualquier pronóstico individual.

-Suena a aplicación de la ley de los grandes números.

-Efectivamente, pero recuerde que para la vigencia de dicha ley es fundamental que cada uno de los pronósticos se realice de manera independiente, en otros términos, que quienes los formulan no decidan sobre la base de los denominados comportamientos de manda, del tipo "si X, que es muy brillante, espera Y, yo también lo espero".

-Usted trabajó como pronosticador, y luego se ganó la vida sistematizando los pronósticos que hacían otros. A la luz de la enorme distancia que en la Argentina 2018 hubo entre pronósticos y realidad, ¿cómo hay que utilizar los que se están haciendo para el año que acaba de comenzar?

-Con enorme cautela. Alexander Gerschenkron decía que las estimaciones de las cuentas nacionales de Francia, referidas al siglo XIV, no debían ser publicadas en letras de molde, porque muchos lectores valúan la calidad de las estimaciones por la forma prolija y atractiva en la cual están publicados los datos. Esto también se aplica al futuro.

-Explíquese.

-La calidad de los datos incluidos en una planilla Excel no tiene que ver con la tecnología de presentación, sino con el fundamento de las estimaciones. No se entiende cómo, en un país tan volátil como la Argentina, los pronósticos se presentan con decimales.

-¿Está haciendo la apología de la ignorancia?

-De ninguna manera, estoy tratando de que quienes tienen que adoptar decisiones, como dicen ustedes "compren buzones".

-¿Qué tiene que mirar quien en la Argentina tiene que tomar decisiones?

-Voy a eso, pero primero una importante aclaración.

-Por favor.

-El tiempo es un continuo. El día en que uno cumple años no es un año más viejo que en la víspera, es un día más viejo que en la víspera. Lo de "año nuevo, vida nueva" suena muy lindo, pero en economía no funciona.

-¿A qué viene esto?

-A que muchos razonan como si los períodos, útiles desde el punto de vista estadístico, tuvieran vida propia. A quien está conjeturando cuánto va a vender y fabricar durante el primer trimestre de 2019, no le importa la variación verificada entre el promedio anual de 2017 y el de 2018, sino cómo terminó 2018.

-Pues bien, ¿cuáles fueron las novedades de fines de 2018?

-Se mencionó una pauta de aumento salarial, de 23% con cláusula de revisión, junto a aumentos tarifarios bien por encima de dicha suba, concentrada en los primeros meses de 2019, para que los argentinos en cuanto votantes lleguen menos preocupados a las urnas.

-Nueva aplicación de la denominada teoría del ciclo económico de raíz política.

-En la Argentina 2019 luce una temeridad.

-¿Por qué?

-Porque sugiere que el Poder Ejecutivo tiene un manejo de las variables macroeconómicas, que en los últimos años mostró no tener.

¿Cuál es el peligro?

-Que en función de los anunciados aumentos tarifarios, la tasa de inflación no disminuya, sino que aumente, o que por presión social o jurídica tengan que ser revisados. Cuando esto ocurra, ¿qué funcionario dará la cara para enfrentar la tormenta?

-Usted apunta a la carencia de un funcionario que asuma el rol de ministro de Economía.

-Exactamente. Las tasas de inflación implícitas en las tasas de interés, las tarifas públicas y los salarios son muy diferentes, pero finalmente solo habrá una tasa de inflación. En ausencia de un funcionario cuya misión consista en mirar de manera simultánea todas las variables, la referida diversidad genera incertidumbre.

-El presidente de la Nación no quiere que alguno de sus funcionarios asuma la totalidad de la responsabilidad de las políticas públicas que tengan que ver con la economía.

-Lo sé y respeto su decisión, pero no por eso voy a dejar de señalar que tiene un problema. No es una cuestión de denominación del cargo, sino de razonar desde la simultaneidad del funcionamiento de las diferentes porciones que componen un sistema económico. ¿Puede ser parte de la novedad del segundo período presidencial? Ojalá, pero atención porque algunas cuestiones demandan atención urgente.

-Don Robert, muchas gracias.

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