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La Boca: por los aumentos de tarifas, cerró el bodegón Ribera Sur

El administrador del local desde 1993 no pudo afrontar los costos crecientes de los servicios y los insumos; el dueño pretende volver a alquilarlo y que pueda reabrir
Leandro Vesco
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9 de enero de 2019  

La noticia dio vuelta el barrio de La Boca en pocos minutos, helando el corazón de los bohemios y los hinchas del Club Atlético Boca Juniors. El rumor pronto se confirmó al comprobar que las persianas del histórico bodegón Ribera Sur en la colorida y ruidosa esquina de Suárez y Del Valle Iberlucea, en la esquina de la Bombonera, estaban cerradas. Un comunicado en su página de Facebook explicaba las razones: "Todos los que vivimos en la Argentina sabemos lo que viene pasando. Suba del agua, luz, gas, de todos los precios de insumos. No se puede sostener". Un pedazo de la historia del barrio se pierde detrás de este cierre.

El bodegón era una parada obligada para los vecinos y simpatizantes xeneizes. Sus paredes y sus mesas latían con el mismo pulso que la Bombonera; banderas, camisetas autografiadas y fotos de históricos jugadores del CABJ convivían con retratos de Gardel y obras de artistas del barrio. Desde 1993, Víctor Reyes, muy querido por todos los que frecuentaban el bar, alquilaba el salón. Hace dos años empezó a tener complicaciones y, unos días antes de finalizar 2018, tomó la decisión que conmocionó a gran parte del barrio. "Pasamos muchas, pero esta vez tuvimos que desistir", resume Reyes.

Los aumentos de las tarifas de los servicios, especialmente del gas, y la suba de los precios de los insumos propios para sostener un comercio gastronómico conspiraron para que el histórico bodegón se cerrara. El 19 de diciembre fue el último día que estuvo abierto. La tristeza y la bronca se materializaron en fuertes críticas hacia la realidad del país.

Más que sentirse clientes, los vecinos consideraban a Ribera Sur como un segundo hogar. Frente a la puerta cerrada, Rafael, de 80 años, descendiente de sicilianos, nacido y criado en La Boca, recuerda: "Acá venía gente del centro a tomar el vermut. Nosotros cuando salíamos los domingos de la Iglesia, parábamos acá". Eduardo Navarro, conmovido, rescata la figura de Víctor Reyes. "Le daba de comer a todo aquel que no tuviera dinero; cuando estábamos en la mala, sabíamos que Víctor nos cubría", afirma.

En el bodegón de fuerte identidad boquense, el club barrial estaba presente en todas las charlas. "Una vez corrimos a un hincha de Vélez y voló un plato que fue a dar al retrato de Gardel, rompiéndolo a la altura de la mejilla. Fue la única cicatriz que se le conoció", detalla Navarro. "Acá estaba el alma del barrio. Paraba el laburante, el artista, el paracaidista que llegaba al barrio y no sabía dónde estar, el turista. Acá venían todos", relata.

Deudas

El cierre de Ribera Sur también deja muy mal parado al propietario del local, que ahora debe hacerse cargo de los pagos que no pudo asumir el inquilino. "De gas hay una deuda de $90.000", revela Homero Alonso, que en estos días se encuentra limpiando el salón, tratando de hallar una salida. "Quiero volver a alquilarlo, que recupere su importancia y que continúe siendo un bodegón", se entusiasma.

El fin del bodegón trae a cuestas un trasfondo social y cultural. La Boca ha perdido legendarias fondas como El Pescadito y El Cocodrilo, por nombrar solo un par. El negocio inmobiliario y el progreso propio de la ciudad no van dejando espacio para que esta clase de comercios continúen ofreciendo sus servicios.

No es producto del azar que estos lugares hayan reunido a grandes personajes del arte nacional, como Quinquela Martín y Miguel Carlos Victorica. "De alguna manera estos encuentros en los bodegones de La Boca, donde se arreglaba el mundo, tenían el lejano espejo de las tertulias europeas", analiza Víctor Fernández, artista plástico, vecino y director del Museo Benito Quinquela Martín. "Viví enfrente de Ribera Sur, era un faro en la noche desierta. Vos sabías que ahí adentro había un cobijo, un ambiente cordial. Era un espacio que, si lo necesitabas, te estaba esperando", agrega.

La bulliciosa esquina hoy padece de nostalgia. Los vecinos se detienen a mirar las persianas bajas del bodegón. Rafael, que pasó su vida en estas veredas, pronunciando un insulto en italiano, menciona por lo bajo: "Cada vez quedamos menos". La Bombonera, a pocos metros de aquí, asoma como un estandarte.

A pesar de que el propietario pretende continuar con el rubro, la incertidumbre y la añoranza dominan el sentir popular. "Son demasiado importantes las cosas que encierran estas paredes. No es solo un comercio que cierra, es parte de la identidad cultural que se va y es parte del futuro que se pierde. Porque el vecino sigue teniendo la necesidad de reunirse", concluye Fernández.

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