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Un mercado de pases en el que todos ganan y roza el oscurantismo

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
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9 de enero de 2019  • 23:59

El mercado de pases del fútbol argentino es un mundo complejo que, a veces, roza el oscurantismo. Hay regateos entre nombres que van y que vienen; entre promesas que aparecen y que se desvanecen con un toque de varita mágica; millones que flotan entre dueños de los más diversos. Transferencias que se anuncian y jamás se concretan. No hace tanto tiempo, reconstruyendo los pasos de una negociación, se llegó a la conclusión de que todas las partes reunidas hacían un 115 % de los derechos de un futbolista. Sí, pasó en la Argentina. A no dudarlo, incluso los más ingenuos, los que todavía sufren por los colores, el fútbol es uno de los negocios que juegan con la pasión y, a la par, de los más fríos.

A los jugadores no les gusta ser tratados como mercancía persa. Lo bien que hacen. Claro que cada vez están más preocupados por los dotes de un contrato que incluye ropa, publicidad y varios beneficios extra, como canjes en los boliches o restaurantes de moda. Pero el núcleo del asunto será otro. Detrás de cada futbolista habrá un club vendedor, en el mejor de los casos, el único beneficiario del pase. Aclaración: esa clase de ejemplos será contada con los dedos de una mano. En el medio aparecerán la familia del futbolista, el primer representante, el club formador -generalmente humilde y con necesidades que se calman con pelotas y botines-, el club que lo fichó oficialmente, el manager que le consiguió la primera prueba en un club -en este caso- de la Superliga y, finalmente y tras mucho sudor, la entidad en la que se hizo conocer internacionalmente. Eso sin contar con algún intermediario que lo único que hace es unir la oferta con la demanda. Para aquellos que entienden de economía sería como la cadena que empieza con la materia prima y termina con el producto en la góndola. Salvando las distancias, por supuesto, para no herir susceptibilidades.

La otra parte del asunto será cómo se distribuye la ganancia que genera la venta de los derechos económicos de un futbolista. No muchos socios/hinchas deben saber que al club le queda menos del 75 por ciento; y que, además, el resto se distribuye entre el propio jugador, el Estado nacional, la AFA, el Estado provincial y Futbolistas Argentinos Agremiados, a cargo del cuestionadísimo Sergio Marchi. La espiral del fútbol es extraña. Tanto como que la venta de Gonzalo "Pity" Martínez, de River, fue la que más dinero le dejó al gobierno de Mauricio Macri, el hincha N° 1 de Boca. Todo tras la histórica corrida en el Santiago Bernabéu. Negocios son negocios.

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