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Grandes Esperanzas

Quedó internada por una erupción cutánea; la omisión de un diagnóstico y una mala praxis casi acaban con su vida

Jimena Barrionuevo
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11 de enero de 2019  • 00:52

Sucedió en el momento más feliz de su vida. Regresaba de Brasil, de unos días de luna de miel con su marido y la experiencia había tenido todos los condimentos necesarios para renovar los votos de matrimonio. Pero en cuanto pusieron un pie en Buenos Aires, comenzaron los problemas. Paola comenzó a sentir una intensa picazón y un hormigueo en las extremidades que no la dejaba siquiera descansar por las noches. La sensación y el malestar fueron empeorando con los días.

Tanto se rascaba que comenzó a lastimarse la piel. Ante el cuadro, en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, donde trabajaba como enfermera, atacaron las crisis con corticoides. Pero la picazón no cedía. "Consultamos a alergistas, dermatólogos, gastroenterólogos y todo tipo de especialistas. Incluso Paola estuvo tres veces internada. Pero nadie daba en la tecla, los tratamientos eran cada vez más fuertes y teníamos que conseguir medicación en los laboratorios directamente. Tanta era la medicación que le indicaban que en cuestión de meses engordó más de 30kg y empezó a tener signos de insuficiencia respiratoria.

Hasta nos llegaron a decir que la iban a derivar a un psiquiatra para que la internara en un instituto de enfermedades mentales porque ella inventaba la picazón", relata su marido Leonardo.
Hasta nos llegaron a decir que la iban a derivar a un psiquiatra para que la internara en un instituto de enfermedades mentales porque ella inventaba la picazón", relata su marido Leonardo.

Pasó un año hasta que logaron acceder a una consulta en el Hospital Italiano. Hasta ese momento, el cuadro por el que la trataban era un prurigo nodular (una enfermedad de la piel en la que se forman lesiones elevadas como ronchas duras, costrosas y que pican intensamente, incluso de forma tan aguda que las personas se rascan hasta el punto de provocar sangrado o heridas dolorosas). Además de la medicación que le administraban, a Paola le habían indicado fototerapia y una dieta libre de gluten. En el Hospital Italiano, Paola fue atendida por el Dr. Ricardo Galimberti, Jefe de Servicio de Dermatología, quien rápidamente indicó realizar una placa y suspender el tratamiento que ella estaba realizando. Además, pidió permiso al matrimonio para registrar y fotografiar el caso.

"Con una simple placa se pudo ver que mi esposa tenía una mancha grande en el mediastino -el espacio medio de la caja torácica, entre las dos pleuras, la columna vertebral y el esternón- y esa mancha era un tumor. Además, le hicieron una tomografía y con ese estudio supimos que tenía un linfoma Hodgkin, es decir cáncer. Tenía también el prurigo nodular, pero la causa era el linfoma y las defensas bajas. Los médicos anteriores nunca había ido al foco del problema".

Paola tuvo sentimientos encontrados. Por un lado, se enfrentó a la noticia shockeante que le acababan de dar: tenía cáncer. Pero al mismo tiempo estaba aliviada por saber finalmente lo que tenía. Muchas veces había pedido morir porque ya no aguantaba más su padecer. "Cuando le explicaron lo que tenía, se propuso darle batalla a la enfermedad. Incluso, aunque parezca contradictorio, la sensación de las primeras quimios fue de alivio. De hecho, después de la primer sesión se le fue toda la picazón". Siguieron la segunda y la tercera y parecía que todo marchaba sobre ruedas. En forma paralela, y con un poco más de fortaleza decidieron que había pasado tiempo suficiente y comenzaron entonces un juicio contra la prepaga Swiss Medical por omisión de diagnóstico.

Fuerza interior

En la cuarta quimioterapia empezaron nuevamente los problemas. Por indicación de la prepaga, Paola había sido derivada al Sanatorio de los Arcos. Allí, un cambio en el horario de la sesión hizo que terminara en manos de una enfermera sin experiencia, algo crucial para su estado ya que le habían colocado un portal subcutáneo arriba de la mama izquierda para pasar la medicación. Y el manejo del dispositivo requería, desde luego, una formación especial. "Hay que saber elegir qué aguja usar para que todo salga bien. Evidentemente la persona que la atendió no sabía eso. Le rompió el portal y en lugar de pasar por donde debía, la medicación tomó otro camino. Peor fue lo que hizo despúes. Le pasó solución fisiológica con la intención de limpiar el área y eso la quemó aún más ya que la medicación se esparció. Paola sufrió mucho. Pero igual nos dieron el alta y estuvo con un dolor insoportable durante varios días".

Fueron a una consulta con el oncólogo que llevaba el caso. En cuanto la vio, el especialista supo que le habían roto el portal. Inmediatamente la derivaron a un cirujano plástico y fue internada de urgencia: había que quitar el portal y, en el lugar de la quemadura, colocar un V.A.C. (Vacuum Assisted Closure), una máquina que trabaja para regenerar la piel, succiona la sangre y tiene una suerte de caloventor. "Eso no fue todo. Cada quince días Paola tenía que someterse a una toilette quirúrgica. En una de las limpiezas, la herida se infectó, tuvo un shock séptico y la infección se le generalizó. Estuvo en coma dos semanas entre la vida y la muerte. La operaron dos veces y los médicos dijeron que estaba en manos de Dios. No la desconectaban del respirador porque era una persona jóven. Y así, mientras rezábamos con nuestro hijo David por ella, de a poco fue teniendo signos vitales más fuertes y salió adelante".

Cuando Paola despertó del coma pesaba 90kg, estaba pelada, mutilada e inválida. Prácticamente no se movía y, de a poco, se fue recuperando con kinesiólogos y gracias a su fuerza de voluntad. "Es un ejemplo de vida. Ella estudiaba, era mamá y hacía todo. Iba a hacer gimnasia, a caminar a la plaza, empezó a cambiar hábitos, sintió que volvió a nacer pero sigue peleando contra la enfermedad. Soñamos con que este mal momento nos traiga algo, ella me dice que tiene la esperanza de que podamos comprar nuestra casa, somos personas de clase media, trabajadoras. Mi mujer se merece lo mejor y que se haga justicia".

Con la aprobación del cirujano volvió a su trabajo de enfermera y en octubre del año pasado corrió su primer carrera de 4k de Boulogne. Tiene un largo camino por delante, pero está viva y eso es algo que agradece todos los días.

Si tenés una historia de esperanza propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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