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María Lee, la emprendedora que revolucionó José Ignacio

Creadora de Panorama, este verano abrió una tienda en José Ignacio, en la que ofrece prendas de productores locales, bajo su personal curaduría
Creadora de Panorama, este verano abrió una tienda en José Ignacio, en la que ofrece prendas de productores locales, bajo su personal curaduría Fuente: LA NACION
Silvina Ajmat
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12 de enero de 2019  

PUNTA DEL ESTE.- La tienda tiene un probador circular en el medio, amarillo. Es el sol. El otro probador, al fondo, es azul. Es el mar. Cada uno de los percheros está colocado con una orientación, y cada una de las perchas tiene una prenda elegida para estar cerca de la siguiente. Nada es arbitrario en Panorama, la tienda multimarca que abrió una sede en José Ignacio este verano. Nada parece ser arbitrario en lo que hace María Lee, su creadora. Con 31 años, ideó un concepto de negocio de moda que busca revolucionar los estándares establecidos por las marcas multinacionales: selecciona lo que ella considera lo mejor de entre la enorme oferta de artesanos y diseñadores que hay en Uruguay y lo coloca en su local, que resulta ser en el fondo una cooperativa basada en la confianza de los proveedores con su proyecto. "Pasé por un negocio de Central Lanera Uruguaya [CLU], que lleva 60 años exportando lana. Entré, toqué, era lo más fino que toqué en mi vida y les dije quiero esto en mi local. Y acá está", cuenta. Para desembarcar en Uruguay, estuvo viajando durante tres meses a buscar creadores locales.

Su proyecto, Panorama, al que busca no reducir a la definición de "local" -"es un local, es un showroom, es un documental, tiene muchas aristas", dice-, comenzó en 2012 como una tienda en Recoleta que hoy ya es un emblema para los que exigen calidad más allá de la marca. Tras varios años de trabajo contra la corriente, durante los cuales tuvo que educar a los clientes, compartir su objetivo y motivarlos a pensar en un consumo diferente, basado en la selección de materiales nobles, en la revalorización de lo artesanal y el rechazo a la cultura del descarte, con mayor consciencia social y sobre el impacto ambiental, ya puede pensar en expandirse.

"Me parece importante a nivel ideológico revitalizar lo que tenemos", dice. Hija de un empresario textil coreano, que fabricaba tejido de punto para grandes marcas, lleva la moda en la sangre . "Mi padre era textil, mi approach hacia la moda tuvo que ver más con la materialidad, la percepción, algo más intuitivo", explica. Adonde sea que vaya, María Lee va a tocar todo aquello que le parezca atractivo, va a analizar con los dedos el origen de los géneros que le presenten y buscará llevarse lo mejor a su local. No tiene mucha consciencia de lo económico detrás de este proyecto. Solo sabe que invirtió 3000 dólares al comienzo, junto a dos amigos, Juan Hernández Daels y Paula Avellaneda. Que vivió sin un peso durante los primeros años hasta ver que comenzaba a crecer. Que creció lo suficiente como para abrirse camino a otros mercados. "Para mí es muy emocional este negocio porque tiene que ver con mi infancia. Vengo de generaciones de productores textiles, y aprendí todo de mi padre, que durante el gobierno de Menem se fundió y luego se murió", confiesa.

-¿Cómo se te ocurrió armar esta idea de cooperativa?

-De casualidad. En 2011, trabajé en una multimarca de Estados Unidos. Hicimos en conjunto una selección de 50 diseñadores argentinos para exportar a Londres, Los Angeles, Nueva York y Tokio. Fue un éxito. Yo creo que debe haber sido una de las mayores exportaciones de diseño de la Argentina al mundo. Hice una recorrida: íbamos desde Mataderos, a villas, a Mishka, a Bandoleiro en su atelier en la Paternal. Recorrimos todo. Fue una investigación de campo. Así arranqué en la moda. Me di cuenta que los más talentosos eran justamente las personas que representaban otra cosa, que en sus trabajos representaban un momento específico de la Argentina. La moda es cultura. Dije bueno, nada, vamos a hacer un lugar donde vamos a meter toda esta gente. Potenciado con JT, por ejemplo que puede sostener a los demás. Acá [en la tienda de José Ignacio] está Rotunda, que es un monstruo de Uruguay, que está bancando a marcas más chicas, sustentables.

-¿Qué sentís que aprendiste del trabajo de tu padre?

-Mi viejo era coreano, se adaptó a la Argentina muy rápido. Se vino a los 22. Yo escuchaba que iba a las marcas y le decían copiame esto, y mi papá buscaba darle una vuelta al diseño, no quería copiar. Fue el primero en poner "Hecho en Argentina" en las etiquetas, en vez de "Made in.". Aprendí eso. Revalorizar lo local. No mirar tanto afuera. Es maravilloso acá. Escucho todo el tiempo José Ignacio podría ser Saint Tropez. No, José Ignacio es José Ignacio.

-¿Cómo fue su quiebra?

-Quebró con la entrada de China, fue muy agresiva. Muchos textiles se fundieron.

-China sigue siendo un problema para los productores locales.

-Nosotros no podemos competir con China. Entonces lo que tenemos que hacer es generar productos de valor agregado acá. Las marcas tienen que empezar a hacer productos de proyección internacional. Todos los países tienen que hacerlo. Ya te podés poner cualquier cosa, y está todo bien, nadie te puede decir nada. Entonces, para qué traerte un container de China si lo podés hacer acá, no tiene sentido.

-Decís que viajás mucho a Francia. ¿Qué pasa con las marcas de lujo que definieron el centro de la moda en París?

-Francia sentó una base. Pero eso se deformó. Las grandes marcas fabrican en China, explotan. El lujo no puede ser un pibe explotado laburando atrás.

-¿Creés que los argentinos están dispuestos a considerar y pagar por lo que es artesanal?

-La Argentina es jodida, no valora lo que tiene. Estoy un poco cansada de esa clientela. Este año me fui a Colombia y desde el más rico hasta el más pobre valora lo bueno. El argentino mira marca, no entiende, piensa que lo hecho a mano es hippie. La Argentina mira todo el tiempo a Europa. Tiene que darse cuenta que puede generar productos con valor agregado propio. Es posible hacer productos que no sean tan caros.

-¿Cómo fue la experiencia en Uruguay?

- El año pasado tuve la posibilidad de poner un local en Manantiales, iba traer todo de Argentina. Y justo me invitaron a una feria acá y vi 80 marcas y dije, está todo acá. Estuve tres meses viniendo a buscarlos.

-¿Y cómo son esas búsquedas?

-En Buenos Aires voy siempre a la feria de mataderos. Trato de ir. A todas las ferias. Soy muy buscadora. Acá me voy a Maldonado y encuentro cosas maravillosas. No considero que haya algo feo o malo. Hay una manera de ordenar, de que cada prenda realce a la otra. Así están puestas las cosas acá. Por otro lado, estoy siempre en contacto con lo nuevo. Es muy valiosa la gente que se te acerca y te cambia la cabeza. Estoy abierta a que pase eso.

-¿Cuáles son tus próximos pasos?

-Mi sueño es que Panorama sea realmente una cooperativa y empezar a vender este producto al mercado internacional. Quiero hacer Fashion Week. Quiero ir a París, montar un showroom. Más allá de todos los desfiles, ahí está la gente vendiendo atrás. Mi idea es trabajar con cinco diseñadores de Latinoamérica. No sé si de Argentina. La Argentina destruyó todo lo que tenía de bueno.

-¿Pensás dejar la Argentina?

-No, la tienda sigue estando en Buenos Aires. Panorama tiene muchas aristas no es una sola cosa. Hice un documental, un showroom... Por qué imitar el modelo de negocios de otros, qué es eso de hacer franquicias. Este año me fue mal, no crecí. Por qué voy a tener 15 locales. No, tengamos uno, y veamos cómo se amplifica esto. No es la única forma de amplificarlo con un local a la calle comercial.

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