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El fenómeno Cambiaso

Adolfo Cambiaso (h.), indiscutido sinónimo de excelencia en el polo
Adolfo Cambiaso (h.), indiscutido sinónimo de excelencia en el polo Fuente: Archivo
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12 de enero de 2019  

Se inició muy chico taqueando en La Martina, el campo de su familia en Cañuelas, provincia de Buenos Aires. Cuando jugó su primera definición del Abierto de Palermo de polo, en 1992, Adolfo Cambiaso (h.) tenía apenas 17 años. Pocos lo conocían, pero rápidamente, entendidos y neófitos en el deporte advirtieron que había un fenómeno en ciernes. De hecho, semanas antes, en su debut, ese chico con cara de ángel había alcanzado el récord histórico de goles en un partido del Abierto: 16. Talento, desparpajo, frescura. Todo se combinaba en aquel jugador que llevaba el 1 en la espalda y que se convirtió en el preferido de Ellerstina, flamante club de la zona de General Rodríguez por entonces, convocado para un nuevo proyecto por Gonzalo Pieres, seis veces campeón del Abierto con La Espadaña.

Cambiaso perdió aquel partido con Indios Chapaleufú, pero nada frenaría el ímpetu y voracidad ganadores de un jugador brillante que siempre demostró un eximio dominio del caballo, del taco y de la bocha. Hace un par de semanas volvió a destacarse en Palermo a los 43 años. Veintiséis años después, en esta última final se lució jugando uno o dos goles de valorización arriba de todos los 10 de hándicap presentes. Lejos de ser un partícipe complementario, brilló como en sus mejores tiempos. Revitalizado, convirtió 12 goles, incluidos penales de 60 yardas y hasta dos tiros desde unas 100 yardas en diagonal. Quienes lo imaginaban en la curva descendente de su carrera se llevaron una gran sorpresa. Cinco o seis años atrás, los dolores de ciática lo tenían a maltraer. Pensó incluso en el retiro, preocupado por su día a día una vez que dejara de galopar a 60 km/h por las canchas del mundo. Realizó un tratamiento en Estados Unidos, cambió su rutina física y hoy por hoy está en plenitud, compitiendo contra excelentes jugadores de entre 10 y 15 años menos que él.

Enfrentó numerosos desafíos en su carrera. Generó algunas polémicas, como aquella de promover la presencia de la hinchada de Nueva Chicago en los primeros años de La Dolfina, cuya camiseta llevaba los colores del club de Mataderos, con la finalidad de popularizar el deporte. Pero jamás dejó de defender sus convicciones. No las abandonó ni siquiera cuando le tocó perder.

Afrontó uno de sus mayores retos a los 25 años cuando decidió independizarse de Ellerstina, la mejor organización de polo del mundo, y de Gonzalo Pieres para encabezar su propio proyecto. No pocos le auguraban un promisorio futuro con La Dolfina, su club de Cañuelas.

Desde el año 2000 a la fecha llegó a 18 de las 19 finales del Abierto de Palermo, de las cuales ganó 12. Acumula 15 títulos en ese torneo y quedó a solamente cinco del legendario Juan Carlos Harriott (h.), emblemático representante de Coronel Suárez y de la caballerosidad deportiva. Cambiaso, además, ganó en cuatro ocasiones la llamada Triple Corona, que conforma los máximos torneos de la Argentina -los Abiertos de Tortugas, Hurlingham y Palermo- y fue el máximo goleador de este último con 942 goles en 26 temporadas.

Cambiaso jamás dudó a la hora de mover las fichas pese a los costos. Lo hizo, invariablemente, con una idea fija propia de su gen competitivo: ganar. Armó equipos y organizaciones con la idea de levantar la copa en cada competencia que disputara aquí y en el mundo. Su indiscutible vigencia de tantos años en la práctica de un deporte de altísima exigencia recuerda mucho a la de otros grandes deportistas contemporáneos como Roger Federer, Serena Williams, Michel Phelps, Manu Ginobili, Michael Jordan, Luciana Aymar o Rafael Nadal. Son descollantes estrellas, deportistas de elite, pero su permanencia, lejos de la fugacidad de un par de años en los podios, revela sus sobresalientes dotes físicas y psíquicas, acompañadas por una tenaz preparación, sostenida también por su perseverancia y actitud ante las derrotas.

Ha ocupado espacios en horas pico de la TV estadounidense para hablar sobre su nueva manera de criar caballos: la de clonar equinos. Algo que empezó a vislumbrar en 2006 cuando, en una final, su caballo más renombrado, Aiken Cura, sufrió una fractura de destino irreversible. Lejos de nublarse, pensó cómo resguardar sus células para conservar algo de ese caballo excepcional que perdurara. Se asoció con expertos en genética y, años más tarde, se propuso clonar uno de sus ejemplares predilectos: la mítica Cuartetera, premiada como mejor yegua jugadora en dos oportunidades en el torneo de polo más importante del mundo. "Algún día voy a tener el palenque lleno de clones", vaticinó. Muchos lo tildaron de loco y lo criticaron, pero él continuó invirtiendo tiempo y dinero. Pasó menos de una década y el presagio de este excepcional polista mundialmente reconocido se hizo realidad. Las réplicas de la Cuartetera hacen hoy honor a la original.

Cambiaso ha ganado 12 veces el Olimpia de Plata en polo y en una ocasión la estatuilla de Oro, esa que en su deporte solo había conseguido "Juancarlitos" Harriott. El hombre que es feliz en su refugio de Córdoba, con su familia y sus caballos, disfruta también de las largas mateadas en las caballerizas y de los asados con petiseros y amigos. Con tantos años en la cima de un deporte de tan alta exigencia y rendimiento, verlo en la cancha, como se lo vio hace algunas semanas, fue un deleite para quienes disfrutan de actuaciones deportivas superlativas. Adolfito Cambiaso nació crack y ya hizo historia, pero su presente pareciera tener aún algunos gloriosos capítulos pendientes.

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