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España: su mujer estaba desaparecida y él confesó que la arrojó al mar tras haber intentado quemarla

La policía busca el cuerpo de Romina Celeste, de 25 años
La policía busca el cuerpo de Romina Celeste, de 25 años
Silvia Pisani
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16 de enero de 2019  • 14:07

MADRID.- La policía española busca por mar -con buzos, barcos y helicóptero- los restos de una joven mujer paraguaya luego de que su marido confesara que los había esparcido por distintos lugares de la Costa Canaria, tras haber intentado quemarlos.

Raúl Díaz, de 44 años, relató a la Guardia Civil que él no mató a su mujer, sino que "la encontró muerta" al regresar a su casa y que, como se asustó, primero retuvo varios días el cuerpo.

Luego, intentó quemarlo y, finalmente, esparció los restos por varios puntos de la costa. La confesión de este ingeniero ha generado espanto en un país sacudido por la violencia machista.

Todavía no ha sido puesto a disposición del juez para su interrogatorio, en un intento policial por determinar exactamente cómo fueron los hechos.

Un hijo en Paraguay

La víctima, Romina Celeste, tenía 25 años y era oriunda de Paraguay. Se había casado con Díaz en octubre pasado, pese a que sólo dos días antes había interpuesto una denuncia por malos tratos contra quien, en ese momento, era su pareja.

La joven tenía un hijo de cuatro años en Paraguay. Su proyecto era traerlo a vivir con ella y con su marido en la isla de Tenerife. Al parecer, un pedido de dinero para concretar el plan fue motivo de disputa en la pareja.

Precisamente la falta de contacto con motivo de las fiestas de fin de año puso en alerta a su familia de Paraguay.

Sólo el pasado 7 de enero, y luego de varias presiones de sus familiares políticos, Díaz hizo la denuncia formal sobre la de desaparición de su mujer.

Principal sospechoso

La policía lo tuvo como sospechoso desde un primer momento. Con el correr de los días, terminó por confesar que él mismo se había desecho del cadáver de un modo truculento.

Primero lo tuvo varios días en su casa. Luego, intentó quemarlo en el jardín de la residencia. Como no pudo lograrlo, se decantó por arrojarlo al mar.

Pero como el cuerpo se había dañado por los intentos de incineración, se le rompió en varios fragmentos, que terminó esparciendo en distintos puntos de la costa.

En medio del espanto de semejante relato, el viudo insistió en que él no mató a su mujer sino que "la encontró muerta" al regresar a su casa, luego de haber salido solo.

Su testimonio fue que intentó deshacerse del cuerpo "por miedo". Porque "había consumido drogas", por lo cual estaba asustado y con sus facultades alteradas.

La policía intenta por todos los medios reconstruir exactamente el derrotero del macabro desenlace y dar con los restos de la mujer.

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