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El verdugo por herencia paquistaní que ejecutó a 300 personas dice "no sentir nada"

Sabir Masih
Sabir Masih Crédito: Youtube
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16 de enero de 2019  • 16:36

LAHORE.- En Paquistán hay unas 8000 personas que esperan la pena de muerte, más que en cualquier otro país del mundo lo que levanta desde hace años las quejas de los organismos de derechos humanos. Pero para Sabir Masih, de 34 años, uno de los tres verdugos oficiales en la ciudad de Lahore (este), ejecutar prisioneros es una tarea "rutinaria" y hasta "familiar" ya que heredó el oficio de su padre, su abuelo y su bisabuelo.

"Ejecutar personas es la profesión de mi familia", dijo en una entrevista con la cadena BBC, como si la suya fuera una profesión normal.

"No siento nada. Es una tradición familiar. Mi padre me enseñó cómo hacer el nudo del ahorcado y me llevó con él para presenciar algunas ejecuciones cuando estaba en proceso de que me contrataran", dijo.

Su primera ejecución en solitario fue en julio de 2007.

"Lo único que me puso nervioso era hacer bien el nudo, pero el vicedirector de la cárcel me dijo que no me preocupara".

"Me hizo hacer y deshacer el nudo varias veces antes de que llevaran al preso al patíbulo. Cuando el carcelero me hizo una señal con la mano para tirar de la palanca, me centré en él, y no vi al condenado caer por la trampilla".

Es más o menos igual hoy en día.

Paquistán ya ejecutó 506 personas desde el fin de una moratoria de dos años que hubo hasta 2011, lo que lo convirtió en uno de los principales países en aplicar la pena de muerte en el mundo, solo por detrás de Arabia Saudita, Irán e Irak.

Sabir calcula que ejecutó a más de 300 personas desde 2007, y lo dice sin la más mínima señal de arrepentimiento o perturbación en su rostro y sus gestos.

Los Masih son el equivalente de otras familias de verdugos en el resto del mundo, los Pierrepoints en el Reino Unido, los Sansons en Francia y la familia de Mammu Jallad en la India.

Como la mayoría de verdugos desde los tiempos del Raj británico, Masih es cristiano. Su apellido obedece al nombre local de Jesús, y es un apellido común entre los cristianos del subcontinente.

Tienen los ojos hundidos y muy arrugados, sus dientes están amarillos por mascar tabaco y tartamudea al hablar, pero su figura es esbelta y fuertes rasgos faciales.

"Mi padre era verdugo, y su padre era verdugo, y el padre de su padre y su abuelo, desde los tiempos de la East India Company", la Compañía Británica de las Indias Orientales, creada durante el reinado de Isabel II de Inglaterra para comerciar con la India.

Quizás su antepasado más famoso es el hermano de su abuelo, Tara Masih, el hombre que ejecutó al primer ministro electo de Paquistán, Zulfikar Ali Bhutto, en 1979.

Con este tipo de historia familiar, Sabir Masih se sorprende con las preguntas de muchos periodistas que buscan una perspectiva sobre su trabajo ¿Puede dormir la noche antes de tener que ejecutar a un preso? ¿Tiene pesadillas después? ¿Qué sintió cuando ejecutó su primera víctima? ¿Cómo ven su trabajo su familia y sus amigos?

Pero para él todo es parte de la rutina. Al prisionero condenado le leen los cargos, le dicen que puede lavarse y rezar si quiere, y luego lo llevan al patíbulo.

"Mi única preocupación es prepararlo al menos tres minutos antes del momento de la ejecución. Le quito los zapatos, le pongo una capucha en la cabeza, ato sus manos y pies, pongo la horca alrededor de su cuello, me aseguro que el nudo está debajo de su oreja izquierda, y luego espero la señal del carcelero para tirar de la palanca".

No hay ayuda psicológica ni antes ni después de la ejecución para el verdugo ni tampoco un límite al máximo de ejecuciones antes de poder descansar.

Pero Masih dice que en realidad él no necesita nada de eso.

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