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Otra vez lluvia

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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18 de enero de 2019  

La lluvia tiene un aliento poético. "ya cae la lluvia minuciosa./ Cae o cayó. La lluvia es una cosa/ Que sin duda sucede en el pasado./ Quien la oye caer ha recobrado/ El tiempo en que la suerte venturosa/ Le reveló una flor llamada rosa/ Y el curioso color del colorado", escribió Borges.

"Miro la garúa y mientras miro, gira la cuchara del café", recita la voz cascada de Roberto Goyeneche en "El último café", de Cátulo Castillo.

Pero para los habitantes de una extensa zona del país, las lluvias que se vienen registrando no tiene nada de poesía. Las imágenes de chicos comiendo con los pies hundidos en el agua, de animales tratando de nadar, de evacuados que se alejan de sus pocas pertenencias con la angustia de no saber qué encontrarán al volver son descorazonadoras.

Primero, el fenómeno desconcierta: "¡Es algo nunca visto!". Después, recurrimos a explicaciones que nos suenan familiares: "Es culpa de El Niño" (ciclo climático natural que genera alteraciones en los regímenes de lluvias).

Sin embargo, esta vez El Niño no tiene la culpa: todavía no se formó. Hasta los investigadores del clima están preocupados por la cantidad de días lluviosos y la extensión de la zona que abarcan las precipitaciones copiosas, cuenta Carolina Vera, investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera, y vicepresidenta del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, durante una pausa en el vuelo que la trajo de Vancouver a Buenos Aires.

Que llueva intensamente, explica vía Whatsapp, forma parte del clima de nuestra zona: por lo menos el 80% de las precipitaciones de primavera y otoño caen en forma episódica, es decir que en poco tiempo llueve mucho. Pero en este caso el factor principal que las está promoviendo es lo que en el ámbito científico se conoce como "variabilidad intraestacional".

"Así como es conocido que las condiciones pueden variar de un día a otro, o de un año a otro, que un invierno puede ser más frío o más seco -detalla-, no lo es tanto que estas variaciones pueden darse en siete a diez días. En nuestros estudios más recientes nos dedicamos mucho a esto y lo entendemos bien".

Con frecuencia, esta variabilidad semanal está generada o modulada por lo que ocurre en los océanos tropicales. "Desde fines de diciembre hasta principios de enero esta oscilación excitó una región que llamamos 'zona de convergencia del Pacífico Sur', y eso alteró la circulación atmosférica que afecta a nuestro país. Este patrón se caracteriza por influir en las lluvias en períodos de alrededor de diez o hasta 18 días, o más. Puede tener una fase húmeda y lluviosa, como esta, o seca. Por ejemplo, la ola de calor de diciembre de 2013 fue también por efecto de este fenómeno, pero en ese caso generó temperaturas extremas".

¿Y la deforestación, el cambio climático? No son causas principales, pero se suman. El aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera promueve mayor tendencia a lluvias abundantes en verano sobre el este del país. La falta de vegetación hace que el suelo absorba menos, pero no hay pruebas contundentes de que incida significativamente en la generación de lluvias más intensas.

¿Hay antecedentes de otros veranos así? Sí. De hecho, dos tesis dirigidas por Vera documentan eventos de este tipo en los últimos años.

¿Cómo seguirá el tiempo? Acá y en el mundo entero, todavía no se puede predecir con precisión y con más de 15 días de anticipación si una semana en particular será más o menos lluviosa que el promedio. Lo que sí estaba pronosticado a través del Servicio Meteorológico Nacional es que estas semanas de enero iban a ser más húmedas de lo normal, así como el verano. Y, atención, en este contexto no se descarta que vuelvan a ocurrir precipitaciones intensas.

Entonces ¿cabe la sorpresa? Los científicos habían alertado... ¿Alguien los escuchó? Mientras tanto, los animales siguen flotando y los chicos, con los pies en el agua.

Por: Nora Bär

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