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Estancado en la derrota: Boca tendrá mucho trabajo para recuperarse en lo anímico

La caída frente a Unión en Mar del Plata
La caída frente a Unión en Mar del Plata Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi
Franco Tossi
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17 de enero de 2019  • 23:59

"Nos tomamos las vacaciones y sirvió para despejarse. Son muchas cosas que nos volvemos a jugar. Hay que hacer borrón y cuenta nueva, dar vuelta la página y pensar en lo que viene". Las palabras de Darío Benedetto en la previa del amistoso de antenoche ante Unión, de Santa Fe, no fueron más que la exposición oral de una receta para superar la final de la Copa Libertadores perdida ante River . Porque lejos estuvo Boca en Mar del Plata de mostrarse fuerte en ese aspecto: dio la sensación de ser un equipo estancado emocionalmente en la derrota (0-2) con la que empezó mal el año.

Es lógico, como el propio Gustavo Alfaro remarcó, que de la noche a la mañana no haya un gran cambio con respecto al anterior ciclo. Sin embargo, sorprendió mucho que no se viera otro chip, que debería ser causado por una nueva etapa que será de renovación. Boca quiere ganar para olvidar el golpe, pero repitió errores del pasado reciente. Así, probablemente, sea más difícil. Unión ya le dio una muestra: sin juego ni peligro ofensivo, y con algunas dudas, el xeneize mostró desorden y desesperación por empezar a revertir la situación. Aunque, claro, sin argumentos terminó chocando con una pared.

Hay señales de que Boca está incómodo y aún golpeado. Con cuestiones adentro y afuera de la cancha. Ni siquiera hubo que esperar al final del encuentro ante el Tatengue para tener una parte de ese diagnóstico. Benedetto, una vez terminado el primer tiempo, en el que ya perdían por la mínima diferencia, fue captado por las cámaras al descargar toda su frustración. En la reunión clásica sobre el círculo central, antes de que se dirigieran al vestuario, le expresó a los compañeros su malestar: "Viejo, no se puede jugar tan mal". Y esa sentencia, en este caso, excede al técnico. El reproche es a un funcionamiento colectivo que no tiene reacción.

Por otro lado, el mensaje que le dio Carlos Tevez a los hinchas bien pudo ser dirigido, en realidad, indirectamente a su nuevo entrenador: "Hay que tener mucha paciencia. Son pocos entrenamientos que llevamos. Nos va a costar armar el equipo". El ídolo volvió a confirmarse a sí mismo su mal estado futbolístico. Todo lo que se apoyó Alfaro en él, a quien designó como su "abanderado", no fue retribuido en el estadio José María Minella.

Y, justamente, lo que está buscando el rafaelino de 56 años para su formación es un generador de juego, un estereotipo que parece imprescindible para un Boca que sigue sin nafta y precisa cambiar ese estilo que en el pasado no anduvo. Si lo consigue, ¿seguirá habiendo lugar para Carlitos?

En el arco hay dudas cuando parecía que ya era un tema superado. Esteban Andrada también puede estar todavía con la cabeza en Madrid. Al menos, eso hizo parecer el miércoles. Si podía existir un dilema en la cabeza del cuerpo técnico sobre quién debe atajar, a partir de la llegada de Marcos Díaz, su floja actuación hizo más grande la bola.

Las dos veces que tuvo competencia, el exLanús no fue ese arquero que deslumbró: mostró flaquezas en el Bernabéu, luego de que Agustín Rossi fuera figura notable en la ida disputada en la Bombonera; ayer no convenció con sus movimientos (quedó a mitad de camino en el primer gol), en un momento en el que arribó el arquero que es debilidad para Alfaro.

Dentro de la incomodidad general está, sin dudas, el armado del plantel. Ayer el rendimiento dejó muchas preocupaciones. No esperaban brindar una imagen tan pálida que al hincha lo empieza a cansar por todo lo que vivió hace meses. En el club ya quieren tener certezas acerca de quiénes van a estar, quiénes se irán y qué nombres pueden llegar. Esa locura hizo, por ejemplo, que se desprendiera de Pablo Pérez a toda costa: el excapitán se irá a préstamo a un rival directo como Independiente.

Y, por otro lado, para comprar necesita vender. Tan bajo es el nivel de muchos, tan mal quedó la imagen de Boca tras la final perdida, que el club no logra obtener dinero importante por nadie. Apenas por Magallán, una salida previsible, y Leonardo Balerdi, la apuesta por la que Borussia Dortmund pagó una fortuna.

Boca arrancó con el pie izquierdo. Deberá reflexionar mucho y olvidar urgente la pesadilla del superclásico para encontrar la forma pretendida.

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