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Más allá de lo imaginario: lo que no puede explicar la economía

Los cambios que se producen a gran velocidad en el mundo de las tecnologías derivaronen el surgimiento de nuevos términos para definirlos; del "realismo mágico" a lo "ultrairreal"
Los cambios que se producen a gran velocidad en el mundo de las tecnologías derivaronen el surgimiento de nuevos términos para definirlos; del "realismo mágico" a lo "ultrairreal"
Sebastián Campanario
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20 de enero de 2019  

La discusión que se abrió a fines de 2018 acerca de si científicos chinos habían aplicado o no la técnica de Crispr (una herramienta de edición genética) a embriones humanos acumula decenas de confirmaciones y desmentidas desde que se conoció la noticia. Con el genetista que anunció el logro renuente a dar detalles, la verdad quedó en una nebulosa. Sin embargo, la mayor parte del debate en torno a este tema se centró en cuestiones éticas: pocos tienen dudas de que la ciencia china ya posee la capacidad de hacer "bebés de diseño".

Crispr es una de las áreas científico-tecnológicas en las que China parece haber sobrepasado a los Estados Unidos, donde se inventó la herramienta hace más de diez años, pero también donde por regulaciones fuertes su ritmo de avance se lentificó. Otras tecnologías en las que el gigante asiático lleva la delantera son la comunicación cuántica o los pagos por celular. El reciente envío de una sonda al "lado oscuro" de la Luna fue otro hito de superación impensado hace pocos años, en donde tradicionalmente los Estados Unidos y la ex Unión Soviética fueron durante décadas reyes indiscutidos.

Antes de que ocurrieran los logros descriptos en los dos párrafos anteriores, en 2015 el escritor chino Ning Ken, también uno de los más importantes traductores y divulgadores de la ascendente ciencia ficción china, acuñó un término para describir lo que estaba sucediendo en su país, que luego fue replicado en diversos trabajos de investigación. La palabra en cuestión es "chaohuan" y su traducción es algo así como "ultrairreal", algo que va más allá de lo imaginario.

Ken la sugirió en una charla sobre los cambios que se producen en la China contemporánea a una velocidad nunca vista y que van mucho más allá de lo tecnológico. "Es como si el tiempo se hubiera comprimido. Ya dejó de ser noticia que el tamaño de nuestra economía un día pasó al de Francia, al de Inglaterra, Japón, Alemania... y que pronto sobrepasará al de los Estados Unidos", dice. Un reporte difundido por el Standard Chartered Bank sostiene que la economía china se apresta superar a la de los Estados Unidos en 2020 y que esta última caerá al tercer puesto, debajo de la India, en 2030.

La aceleración marca el fin de los poblados rurales antiguos, al tiempo que las urbanizaciones y megaobras de infraestructura se van replicando por todo el país "como salidas de una impresora 3D": en una época Ken pasó varios años en el Tíbet, un santuario natural poco contaminado por la acción humana, pero en los últimos tiempos sus historias se centraron en las transformaciones urbanas. "En algún punto, cuanto más apegada esté la ficción a la realidad en estos días, más de avanzada resulta", sostiene.

En los 80, el régimen chino flexibilizó su política de apertura a ciertos bienes culturales y permitió la impresión de los libros de autores latinoamericanos, entre ellos, los escritores del "boom", como Gabriel García Márquez. El término ultrairreal deriva del "realismo mágico", admite Ken, quien piensa que en términos de "irrealidad", China y América Latina tienen varios puntos en común.

Uno de ellos es el de las historias de corrupción. En China, dado el tamaño sideral de la población y la economía, cualquier funcionario de mediano rango que maneje alguna "llave" de permisos para negocios privados puede acumular una fortuna en sobornos. Como el Estado es tan eficiente en su vigilancia, ese dinero no se puede bancarizar ni poner en cajas de seguridad de entidades, por lo que lo usual es que se acumule en los departamentos de los corruptos. Ken cuenta casos recientes de allanamientos a pisos donde se encontraron decenas de millones de dólares en billetes, con crónicas que narran que se quemaron máquinas de contar efectivo antes de finalizar el recuento, por lo titánico de la tarea.

El escritor afirma que si quisiera contar estas historias en sus cuentos y novelas, su público se reiría porque le parecerían inverosímiles. La realidad va "más allá de lo imaginario". Seguramente ocurre así frente a la mirada de los Estados Unidos o de Europa, porque los casos de corrupción de la última década en América Latina tienen su propio componente de "realismo mágico" o "ultrairrealidad": ¿Cómo calificar, si no, la historia de un exfuncionario que revolea bolsos con millones de dólares en efectivo a la madrugada en un monasterio de las afueras de Buenos Aires?

Ken marca una diferencia entre las dos regiones: China es la única zona que lleva 5000 años de civilización ininterrumpidos, en los que siempre alguien detentó un poder absoluto ("algo untrairreal en sí", explica).

Para el autor, la velocidad de cambio en su país se volvió tan rápida que a veces parece que "escapara de la fuerza de gravedad" y que "la China moderna es tan loca que ya merece su propio género literario". Así lo escribió en un artículo en 2016. Los "Everest" que el país está escalando en materia de crecimiento económico también tienen su contrapartida en montañas de dificultades (con la contaminación o la seguridad alimentaria, por ejemplo).

La economía y la literatura de ficción tienen una relación estrecha. En la Argentina hay quienes estudiaron la disciplina de Adam Smith y John Maynard Keynes y son también autores de cuentos y novelas. Desde Eduardo Sguiglia (autor de Fordlandia, Ojos negros, Un puñado de gloria) hasta Sebastián Edwards (su libro El misterio de las Tanias estuvo, en 2008, 30 semanas en la lista de best sellers de ficción de Chile). En febrero, Seix Barral publicará La caja Topper, del gerente del Banco Central Nicolás Gadano, que según una nota publicada en la revista de LA NACION del domingo pasado, es uno de los 40 libros a leer en 2019. Su jefe en el Banco Central, Guido Sandleris, tiene coescrita una serie de textos para chicos, con temática basada en el fútbol.

Gadano asistió durante años al taller de escritura de Santiago Llach (hermano del economista Lucas Llach), por donde han pasado decenas de economistas. La semana pasada Llach (Santiago) tuiteó partes de la última novela del francés Michel Houellebecq ( Serotonina, de Anagrama), situada en una Europa que se ve invadida por frutas importadas de la Argentina, que resultan muy baratas "por la devaluación implementada por un nuevo gobierno".

"Es probable que Houellebecq haya entendido mejor que muchos economistas la dinámica de nuestra política cambiaria", le respondió en la red social Eduardo Levy Yeyati, economista, profesor de la Di Tella y de Harvard y autor de varios novelas de no ficción, como El gallo (RHM).

¿Cómo construir algún tipo de conceptualización de una realidad tan compleja como la de China en las últimas décadas? Para Ken, la mirada por separado de los economistas, de los politólogos, de los sociólogos o de los profesionales otras disciplinas no bastan y resultan reduccionistas. El ojo de los escritores de ficción, más holístico, resulta una lente que capta mejor la riqueza y las sutilezas del fenómeno. Tal vez con la Argentina suceda algo parecido.

sebacampanario@gmail.com

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