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Parque Chas: el secreto del barrio porteño que puso un freno al delito

El relajado ritmo de vida en Parque Chas no es presionado por la inseguridad
El relajado ritmo de vida en Parque Chas no es presionado por la inseguridad Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Sus habitantes hablan de un espíritu vecinal que ayuda a colocar barreras contra el ingreso de ladrones en una zona que el año pasado registró un descenso de 53% en los robos
Belisario Sangiorgio
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19 de enero de 2019  

Parque Chas es el barrio con la menor tasa de robo en la ciudad de Buenos Aires. Los 17.489 vecinos que viven allí sufrieron 187 robos el año pasado, un 53% menos de lo registrado por el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño en 2017. Esas calles circulares en las que puede perderse quien no conoce la zona son un escollo natural contra el delito.

Sin embargo, Parque Chas tiene su secreto para ser el lugar más seguro. "Nosotros vigilamos el barrio entre todos. Si gritás para pedir ayuda, aparecen cinco personas. No sentimos miedo por los robos, pero nos asusta un poco que este código de convivencia algún día desaparezca", dijo María Girimoldi, que coordina las actividades del Club Saber, principal centro comunitario de la zona.

En Parque Chas no hubo homicidios en 2018 y los motochorros atacaron 34 veces, un número bastante más bajo que el del resto de la ciudad. Los vecinos confían en el espíritu barrial como barrera contra el delito.

Los datos estadísticos reflejan la sensación de seguridad sentida por los vecinos en Parque Chas. Según datos oficiales, es el barrio porteño con la tasa más baja de robos. Durante 2018, esta cifra fue de 107 asaltos cada 10.000 habitantes, "Este es un barrio donde todavía hay personas que se sientan en la vereda, mientras los chicos juegan, incluso durante la noche, algo que no pasa en otros lugares. Hay un código de convivencia que lo construimos los propios habitantes del lugar. Hay personas de otros barrios que viven con paranoia porque sufren hechos de inseguridad, y a nosotros eso no nos sucede", contó Grimoldi, mientras dos niños corrían tranquilos en la calle Llerena.

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

En Parque Chas -donde no se registraron homicidios durante 2018- funcionan al menos cinco clubes y centros comunitarios que se presentan como punto de reunión para personas mayores, y ofrecen talleres culturales y deportivos. Por ejemplo, en el Club Saber se montó una importante biblioteca popular. También allí, hay espacios gratuitos de apoyo escolar para niños y adolescentes que, según dicen los vecinos, resultan claves para mantener a los jóvenes alejados de las adicciones y del delito.

En el comedor de ese club, durante la tarde de ayer, una camarera levantaba pedidos de enormes sándwiches y a través de las ventanas las calles lucían relajadas. "Estamos sorprendidos por la cantidad de edificios que se han construido en la zona. Y eso no ha cambiado la dinámica del barrio. Los chicos siguen siendo muy respetuosos. Estamos viviendo tiempos bravos. Igualmente, los abuelos del barrio son valorados, porque ellos mantienen vivo este código de convivencia", explicó Omar Salum, vecino que también se reúne en los clubes del barrio.

El hombre señaló que esos código vecinales propios del lugar se transmiten de generación en generación, "Hay personas que vivieron en el barrio y luego se fueron. Sin embargo, vuelven de visita y, por ejemplo, sus hijos -que crecen en otros lugares- mantienen la educación y el respeto que siempre ha caracterizado a los vecinos de esta zona", indicó Salum.

Grimoldi retomó la palabra en el comedor del club social: "Respecto de los jóvenes, te puedo decir que nuestros nietos son personas que disfrutan del hogar, de las buenas costumbres. Los chicos buenos del barrio superan ampliamente en cantidad a los malos. Me siento muy segura en estas calles, no me gusta ir al centro. Nos gusta sentarnos en la puerta, y tomar mate".

Y aseguró: "Yo no quisiera estar en el lugar de las familias cuyos hijos mueren por balas perdidas, o en el lugar de los comerciantes que son asaltados cuatro o cinco veces. Nosotros no tomamos mucha conciencia de que este es un lugar tranquilo; por eso nos cuidamos entre todos".

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

Beatriz Símula camina tranquilamente entre las casas bajas y largas, todas bellas, de antigua arquitectura italiana, mientras explica la forma en que los vecinos se protegen mutuamente: "Cuando veo a una persona sospechosa o una situación que no me gusta, enseguida llamo a la comisaría. Y ellos vienen rápidamente. En algunas ocasiones veo personas que merodean, que se sientan en la vereda y miran las casas. Ahora, hay muchos departamentos, gente nueva, matrimonios jóvenes. Siento que el barrio se está yendo de a poco, que hay cosas que se están perdiendo. En Navidad se sacaban las mesas a la calle, pero eso ahora no es común".

En el pasado nadie quería comprar estas tierras, muy cercanas al Hospital Enrique Tornú, que atendía a enfermos de tuberculosis. "Este era un sitio aislado, y las parcelas se compraban por precios bajos. Llegaron familias enteras desde Italia. Mi padre y mi madre eran sicilianos", recordó Mirta Parisi, de 70 años.

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

Sus hijos y sus nietos asisten al mismo club en el que ella tomó su primera comunión y luego festejó su casamiento. Conoce Parque Chas en cada detalle, y dijo: "Con la construcción del subte, muchas personas conocieron el barrio. Buscan alquilar en el barrio porque es tranquilo, y las personas que llegan se adaptan a estos códigos que tenemos. No necesitamos grupos de WhatsApp para cuidarnos, acá tocamos la puerta del vecino y hablamos cara a cara. Las abuelas se sientan en las puertas de las casas con los nietos hasta las once de la noche. Yo camino sola, no tengo miedo".

Para Parisi, algunas cosas cambiaron en el barrio: "Conocemos las caras de todos los vecinos, y podemos prevenir los asaltos al ver personas desconocidas. Pero ahora cerramos con llave las puertas de las casas".

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