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Talentos eclipsados

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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25 de enero de 2019  

Esta semana empezó con eclipse de Luna. El espectáculo de nuestro satélite ocultándose bajo el cono de sombra de la Tierra y adquiriendo tonalidades anaranjadas fue de una belleza hechizante que capturaron e hicieron circular por las redes sociales cientos de fotógrafos profesionales y amateurs. Pero hace un par de noches, cuando apareció a poca altura sobre el horizonte, en el ángulo en que parece estar a tiro de piedra y enorme como un queso luminoso suspendido en el cielo, era imposible resistirse a la fascinación que provoca cuando está "al natural", sin velos.

El fenómeno astronómico me hizo pensar en que, como los personajes de la escena cósmica, también los talentos pueden estar eclipsados. Ocurrió muchas veces en el caso de mujeres que, educadas en la cultura de la abnegación, contribuyeron a la obra de familiares que recibían el crédito por sus logros.

Un par de películas recuperan estas historias. Una de ellas es Ojos grandes, de Tim Burton, que cuenta la trama del éxito de Walter Keane, un artista que en los años sesenta se hizo famoso (y desmesuradamente rico) pintando retratos de chicos, mujeres y animales de ojos enormes y tristes. El pequeño detalle es que la que creaba las obras era su mujer, Margaret, encerrada en un estudio y trabajando de sol a sol. Otra muy reciente es Colette, film protagonizado por Keira Knightley. Repasa la vida de la escritora francesa nacida en la campiña que se casa con un escritor parisino bastante mayor, "Willy" (Henry Gauthier-Villars). Este adquiere notoriedad firmando la serie de novelas protagonizada por Claudine, que en realidad había escrito ella a partir de sus experiencias de niñez y adolescencia.

La ciencia ofrece historias parecidas. Por ejemplo, la de Caroline Herschel, hermana del célebre astrónomo, William, y hoy considerada la primera astrónoma profesional. Nacida en 1750 y sin educación formal, se dedicó durante la mayor parte de su vida a ayudar incondicionalmente a William. Primero, comprando, cocinando, limpiando, cosiendo y pagando las facturas, y, al final de la jornada, como jefa de su taller de construcción de telescopios y observando el cielo. Fue junto con ella que Herschel descubrió Urano. Y cuando Caroline descubrió su primer cometa, lo comunicó a la Royal Astronomical Society... ¡en nombre de su hermano! Solo después de este hallazgo el rey decidió adjudicarle un sueldo y pudo hacer observaciones independientes.

Una mujer particularmente "eclipsada" fue Marie Pasteur, de cuyo nacimiento acaban de cumplirse 93 años. Hija del rector de la Universidad de Strasbourg, conoció al sabio francés a los 23 años y trabajó como su secretaria, redactora y asistente de experimentos. "Si la obra de Pasteur fue determinante en la historia de la medicina, su esposa, Marie, no es ajena a esto -afirmó en el 130 aniversario de su fundación un comunicado del instituto que lleva su nombre-. Fue una asistente infatigable al servicio de la ciencia".

Al parecer, una seguidilla de dramas familiares (de los cinco chicos que tuvo, tres murieron jóvenes; la primera, Jeanne, a los nueve años por fiebre tifoidea, Camila a los dos y Cécile a los 12 de tifus) avivaron su interés por encontrarles explicación a las enfermedades de la época. Trabajando codo a codo con su marido, ella participó en sus trabajos para estudiar la fermentación, los que lo condujeron a refutar la teoría de la generación espontánea y en la vacunación contra la rabia. Ella criaba los gusanos de seda que Louis necesitaba para sus estudios y se hacía cargo de los niños que sometía a tratamientos experimentales. Fue sepultada en un extremo de la majestuosa cripta erigida en honor del sabio, pero si hoy buscamos saber algo sobre su vida -como ocurre con otras mujeres que permanecieron a la sombra- apenas encontramos un par de rastros, una luz tenue que no alcanza a iluminar sus aportes ni su riqueza interior...

Por: Nora Bär

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