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Venezuela: el principio de un largo camino

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25 de enero de 2019  

Después de dos décadas de poder casi absoluto, el chavismo venezolano, cobijado bajo el paraguas de una revolución bolivariana que dejó a ese país en una situación ruinosa, empezó a ser sitiado por las fuerzas democráticas de una ciudadanía harta del Estado criminal creado por Hugo Chávez y sostenido y perfeccionado -si es que ese calificativo aplica para semejante despropósito- por Nicolás Maduro.

Por primera vez, un amplísimo sector del pueblo venezolano que no participa de los delirios autoritarios de Maduro ni de su forma violenta de concebir el poder ha hallado en el joven Juan Guaidó una referencia de peso para reclamar la convocatoria a elecciones libres.

Apenas juró como presidente encargado de Venezuela, el dirigente opositor y líder de la Asamblea Nacional cosechó no solo el apoyo de una enorme mayoría de venezolanos, sino también de numerosos países de la región, además del de los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

No se trata de ninguna intervención a ese país de parte de naciones extranjeras, como aviesamente han querido hacer notar las cabezas del régimen violento que lidera Maduro y que resiste en medio de una soledad creciente. Guaidó ha asumido como presidente interino porque así lo dispone la Constitución de su país. La catarata de reconocimientos a la nueva autoridad democrática es llamativa y auspiciosa. Ha comenzado por derramarse desde el denominado Grupo de Lima, que integran la Argentina y Brasil. Precisamente, los presidentes Macri y Bolsonaro fueron de los primeros en reconocer la autoridad de Guaidó.

Este gran paso que se ha verificado en Venezuela, sin embargo, dista todavía bastante de ser definitivo. Se sabe que, por más acorralado que esté, Maduro pretenderá dar batalla, pero ni el Ejército está tan sólido detrás de él y de su Estado criminal, ni los ciudadanos están dispuestos a seguir soportando la indignidad, el agobio, el hambre y la falta de libertades a las que el chavismo los ha condenado.

Para que Venezuela se ponga de pie hará falta recorrer un largo camino. Sin duda, es este un momento crucial, delicado y decisivo. Las propias Fuerzas Armadas están quebradas internamente. Valga anotar que fue un sargento el que inició una sublevación en poblados donde se asientan los sectores más vulnerables, más desposeídos, sobre los que Maduro siempre hizo pie para consolidar su base de sustentación en el poder. Esos mismos sectores, terriblemente castigados por la situación que atraviesa el país, son los que ahora se han puesto firmes lanzándose a las calles con menos temores y más decisión.

Venezuela se encuentra en un proceso acelerado de descomposición de todas sus estructuras estatales. Es necesario volver a levantarla desde los cimientos. Eso llevará mucho tiempo y esfuerzo, además de comprensión y apoyo internacional a una salida democrática. Ya ha habido demasiadas muertes, producto de la violencia física y psíquica sobre un pueblo diezmado. Se presume que Maduro y sus adláteres, gestores de un Estado fallido, no entregarán el poder porque son conscientes de que hacerlo les significará la cárcel.

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