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Un nuevo campo de batalla en la puja global

Rafael Mathus Ruiz
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25 de enero de 2019  

La "primavera venezolana" y el nuevo choque entre Estados Unidos y sus dos principales rivales, Rusia y China, sobre el futuro de Venezuela sembraron un interrogante: si, en medio de ese juego de poder, los venezolanos terminarán encerrados en un destino similar al de países árabes como Egipto, Libia o Siria. O, en el mejor de los casos, Túnez o Ucrania.

En Washington, la incertidumbre respecto de qué ocurrirá con el paso de los días en Caracas cobró aún más fuerza tras el apoyo del ejército a Nicolás Maduro, y las dudas reinantes por la presencia de dos presidentes y la ausencia de una hoja de ruta clara hacia una transición que deje atrás una realidad tan frágil como volátil.

La movida de Estados Unidos, Canadá y varios países de América Latina -entre ellos, la Argentina- de reconocer como mandatario legítimo al líder opositor, Juan Guaidó, sacó a Venezuela del statu quo, y resucitó un optimismo difunto entre quienes anhelan un cambio. Pero un Maduro desafiante se aferró al poder, con el respaldo de Moscú y Pekín en una mano, y el del ejército en la otra, y Donald Trump aportó otro pico de tensión al darle oxígeno a la posibilidad de una intervención militar. "Todas las opciones están sobre la mesa", dijo. "Primavera venezolana: deseo Túnez, sospecho Egipto, temo Libia", tuiteó el politólogo e investigador de la Universidad de Lisboa, Andrés Malamud.

Justamente en ese rincón del mundo, en Siria, envuelta desde hace casi una década en una guerra civil, Bashar al-Assad aún preserva su poder -más aún, se ha fortalecido- gracias al respaldo incólume de Putin, férreo aliado de Maduro.

Así y todo, y más allá de las diferencias políticas, económica, sociales, culturales y religiosas que separan a Venezuela de Siria u otras naciones árabes, analistas en Washington matizan la influencia y el interés de Rusia y China en el país caribeño, y creen que las fuerzas internas terminarán jugando un papel más decisivo que las potencias a la hora de dirimir la crisis.

"En Siria, Irán y Rusia invirtieron importantes recursos militares para cambiar el rumbo del conflicto", recordó Benjamin Gedan, director del Argentina Project del Centro Woodrow Wilson, que además integró el Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama. "Venezuela, aunque tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, no es tan importante desde el punto de vista estratégico como Siria, por lo que es poco probable que atraiga una intervención militar para deponer al régimen o, como en Siria, salvarle el pellejo", agregó.

Por eso, Gedan cree que las potencias extranjeras "desempeñarán un papel en el conflicto interno en Venezuela, pero, en última instancia, los mejores paralelos son Túnez y Ucrania, donde los actores nacionales tenían la llave para la transición política".

En ese escenario, el desasosiego de la crisis humanitaria, una continua presión de la gente en las calles sumado un mayor aislamiento internacional de Maduro y la amnistía aprobada por la Asamblea Nacional podrían terminar por fracturar al chavismo, volcar la lealtad del ejército de un bando a otro y generar una transición más parecida a la que vivió Túnez, el caso más exitoso que dejó la Primavera Árabe.

Existe, sí, un riesgo a que la tensión latente germine una escalada en la violencia. La seguridad es, desde ya, la principal preocupación. El Kremlin dejó la puerta abierta a una escalada, al advertirle a Estados Unidos en contra de cualquier intervención militar.

Riesgo

"Si Rusia toma pasos concretos para apoyar a Maduro con ayuda militar, esto corre un alto riesgo de ser percibido como una agresión por parte del gobierno de Estados Unidos y aumentaría el riesgo de que desde la Casa Blanca se considere tomar acciones militares para prevenir o responder a cualquier operación militar por parte de Rusia", indicó Paula García Tufro, del Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council.

García Tufro señaló además que la decisión de Trump de desconocer la expulsión de sus diplomáticos por parte de Maduro representa un "aumento en el nivel de tensión" entre Washington y las fuerzas alineadas con Maduro, y una posibilidad mayor de una confrontación. "Lo que parece claro es que cualquier agresión al personal diplomático norteamericano en Venezuela aumentaría la posibilidad de una intervención o acción militar", señaló.

La puja limita la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para elevar la presión internacional sobre Maduro, justo cuando una de las dudas es cómo escalar esa presión para que sea lo más efectiva posible. Un ejemplo: está descartada cualquier movida contra Maduro en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tal como ocurre con Al-Assad. Maduro ha capeado el torniquete financiero de las sanciones de Washington gracias a los préstamos a cambio de petróleo de Pekín. China y Estados Unidos le compran petróleo a Venezuela, pero China, hoy, depende más del petróleo extranjero que Estados Unidos.

La única certeza en Washington parecía ser la decisión de avanzar en el aislamiento de Maduro. Pero, tal como reconoció una fuente diplomática, "por delante hay muchos dilemas".ß

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