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El equilibrista: el actor que se multiplica para cautivar

Jazmín Carbonell
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25 de enero de 2019  

El equilibrista

Nuestra opinión: muy buena

Dramaturgia: Patricio Abadi, Mariano Saba y Mauricio Dayub. Dirección: César Brie. Intérprete: Mauricio Dayub. Escenografía y vestuario: Gabriella Gerdellics. Luces: Ricardo Sica. Teatro: Chacarerean, Nicaragua 5565. Funciones: martes, a las 21.

Qué de todo lo que se ve en escena es cierto y ocurrió de veras y qué no quedará como un misterio. Uno de tantos que oculta la ficción. No importa. Dieron lugar, sin dudas, a que se arme una historia en base a recuerdos, inventos, potenciales cuentos, leyendas y mitologías familiares que Mauricio Dayub junto a los dramaturgos Mariano Saba y Patricio Abadi hilvanaron con sensibilidad, humor y mucha nostalgia. Esa de la buena, la que seguramente le pudo imprimir Saba que tan bien conoce de ese tono. Y se suma el humor con buen remate ingenioso de Abadi y los recuerdos de Dayub que pone, además, el cuerpo. Con su destreza escénica hará olvidar a la platea que se trata de un unipersonal y, como un mago hechicero, se multiplicará en muchos personajes a los que les dará forma, tonos de voz, cambios de gestos, de cuerpos… Una verdadera proeza.

"Tenemos muchas cajitas y somos las que decidimos abrir", cuenta Dayub que decía su madre. Esa frase se vuelve protagonista y le otorga un hilo conductor, un sentido dramático. Entonces la memoria se abre, pasará por diferentes personajes que –cuenta el Dayub más despojado– fueron fundamentales en su andar. Si son ciertos, inventados o exagerados no se sabrá. Comienza por su padre, un subastador vehemente que no logra entender las modas y el desprecio por el arte de antaño. Luego le toca el turno al Dayub joven, en patineta, sufriendo el primer desengaño amoroso; después llega el tío referí; otro que fue guardavidas, y el abuelo, con el acordeón y el poncho a cuestas. A todos los presentará el Dayub adulto que los recuerda, los homenajea y, de paso, ofrece una clase magistral de actuación. Al mando del timón de la escena su trabajo es notable. La puesta a cargo de César Brie es bellísima, combina objetos, juegos lumínicos y un objeto escenográfico fundamental, del que emergerán los distintos cajones cargados de historias.

"El mundo es de los que se animan a perder el equilibrio", dice ni bien comienza la pieza, cuando desde la platea se viene acercando. Dayub se anima justamente a perder el equilibrio, a ponerse en riesgo. Un actor que lleva comandando un verdadero fenómeno como Toc toc, con más de 2300 funciones, en una obra en la que la dinámica de los seis actores es fundamental para que fluyan las acciones aquí está solo. Pero multiplicado.

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