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Rebeca Grynspan: "Lo mejor sería igualar la edad de retiro, pero permitirles a las mujeres jubilarse con menos aportes"

La encargada de la Secretaría General Iberoamericana advierte sobre las brechas entre las competencias de los trabajadores y las demandas del nuevo escenario
Silvia Stang
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27 de enero de 2019  

  • MINI BIO. País de origen: Costa Rica. Profesión: economista (máster en la Universidad de Sussex). T rayectoria: fue secretaria general adjunta de Naciones Unidas.

GINEBRA (Suiza).- Organizaciones sindicales diferentes a las actuales, para representar a quienes estarán en el escenario laboral del futuro (que ya no es tan futuro, porque eso que llamamos "el mundo que viene" ya está aquí, aunque aún "no hemos catado su dimensión"). Acciones para lograr que coincidan las competencias de los trabajadores con las necesidades del ámbito laboral, impactado por la inteligencia artificial y por urgencias como la de cuidar el planeta. Sistemas previsionales cuyos diseños se adapten periódicamente en función de los cambios sociales. Y una edad de retiro que sea más tardía y que se iguale entre varones y mujeres, aunque, eso sí: que a ellas se les exija una cantidad tal de aportes que tenga en cuenta los ciclos de la vida familiar. Esas y otras metas cree Rebeca Grynspan que deberían alcanzarse en los próximos tiempos.

Grynspan, que dialogó con la nacion en la sede principal de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Ginebra, está a cargo de la Secretaría General Iberoamericana, un organismo creado con la misión de impulsar, entre los países de América Latina y España, mecanismos de cooperación en lo social y en lo educativo. Economista de profesión y exvicepresidenta de su país de origen, Costa Rica, integra la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo de la OIT, que el martes pasado difundió su informe con recomendaciones tendientes a lograr una adecuación de las estructuras sociales y económicas.

-En el informe se habla de las economías de plataforma y de la necesidad de dar protección social a los trabajadores, ¿qué rol les cabe ahí a los Estados?

-Debe haber regulaciones. Si no las hay, las probabilidades de abuso son mayores y se hace mucho más real la posibilidad de que trabajos que tienen el potencial de ser decentes no lo sean. Hay un tema de regulación y hay un tema de pedir esa regulación: estas cosas llegan por presión social, por pedido de la gente, de una organización que proponga. Hay que proponer y las entidades empresariales también tienen que participar.

-Usted sostiene que los sindicatos deben cambiar, ¿a qué se refiere concretamente?

-Creo que tienen que saber que no es la organización sindical tal como la conocimos en el siglo XX la que va a representar a los trabajadores en el siglo XXI. Habrá sindicatos de naturaleza distinta, mucho más horizontales. Hay algunos que seguirán como hasta ahora, por lo que representan, pero también habrá que incluir otras formas de organización social. Hay personas que trabajan para lo mismo en la economía digital y que ni siquiera se conocen entre sí; en el futuro habrá más fuerza laboral por cuenta propia... Todo eso hay que tenerlo en cuenta. En el caso de servicio doméstico, por ejemplo, el desafío es representar intereses laborales ante empleadores que son muy diversos y en nombre de personas que pueden, a la vez, tener más de un empleador.

-En la regulación de ciertas formas de trabajo, ¿cómo podrían y deberían financiarse las jubilaciones y la protección social que, según el informe, se les debe dar a todos los ciudadanos? Suele ocurrir que sistemas como el de servicio doméstico, por ejemplo, prevén la jubilación, pero el aporte que se hace es muy bajo.

-Los países tienen diferentes formas de financiar sus sistemas previsionales. Creo que tiene que haber un componente contributivo, con aportes del trabajador y del empleador. En los países de nuestra región, con la desigualdad y la informalidad que hay, los sistemas no pueden ser financiados solo con impuestos. Y también creo que siempre tiene que haber un sistema no contributivo, para quienes están en la pobreza y no han podido ahorrar ni contribuir. Algo importante que dice el informe [presentado por la OIT] es que la gente debería poder entrar a los sistemas previsionales independientemente del trabajo que tengan; es el desafío de incluir a todos.

-Otro desafío está planteado por el envejecimiento poblacional; en cuanto a la edad jubilatoria, ¿qué cree que debería hacerse?

-Los sistemas tienen que adaptarse. No hay ningún sistema previsional diseñado para la eternidad. Se requiere que haya cálculos actuariales cada tanto tiempo, para que puedan modificarse las variables en función de los cambios que se dan en la población y en el mercado. Las edades tienen que ser prolongadas porque vivimos muchos más años; no hay manera de que los sistemas previsionales del siglo XX puedan cubrir el monto de las jubilaciones de gente que es mucho más sana y con mayor expectativa de vida [respecto de la que había cuando se diseñaron]. También creo, con respecto a las diferencias de edades, que para las mujeres es mucho más importante modificar la densidad de cotización que la edad. A nosotras nos afecta más entrar y salir del mercado de trabajo, por la maternidad y los ciclos de la vida familiar. Lo mejor sería un sistema previsional que no adelante la edad para la mujer, pero que le permita menos aportes.

-¿Eso supondría igualar las edades, pero exigirles menos tiempo de aportes a las mujeres?

-Sí. Y que la referencia sea el ciclo de vida familiar.

-¿Algún país hizo algo así?

-Hubo estudios. Es difícil incorporar esta forma de ver el tema, pero es interesante dar la discusión. No digo que este sea el camino para todo el mundo; puede haber mujeres que no puedan prolongar la edad de pensión. No debemos creer que lo que cada una de nosotras representa es lo que representa a todo el colectivo.

-El aumento de la desigualdad social en muchos lugares del mundo, ¿tiene que ver en parte con nuevas formas de trabajo?

-El aumento de la desigualdad se dio en casi todos los países; pocos lograron bajarla. Sí pasó en América Latina entre 2000 y 2014, pero el proceso de mejora quedó estancado y hay una reversión de los niveles de pobreza. Hay varias razones. Una es la desaceleración del crecimiento. Otra es la desalineación entre las capacidades y las demandas del mercado laboral, algo que afecta mucho a los jóvenes. Eso hace que los períodos de desempleo se prolonguen y que haya más desocupados. En nuestra región se suma que la calidad de muchos empleos es baja y que hay alta informalidad. Entre las cuestiones a atender está el tema de género; dar iguales condiciones y oportunidades es una forma de aliviar la desigualdad y la pobreza. Hablamos del mundo que viene y ese mundo ya está aquí, pero no lo hemos catado en toda su dimensión. En Estados Unidos y América Latina una gran proporción de la fuerza laboral está en transporte, comercio y restaurantes. Y las tecnologías podrían sustituir trabajadores en los tres grupos. Tenemos que mirar a sectores como el del cuidado de personas, el de industrias del entretenimiento y el del turismo, por ejemplo, que crearán puestos. En nuestros países son servicios en los que hay que mejorar la productividad y los salarios. Salud y educación son sectores que se van a expandir. Y se suma la economía verde.

-En la economía verde suele comenzarse con procesos informales, en la forma en que se recolecta lo reciclable, por ejemplo.

-Claro, pero si entendiéramos que la sostenibilidad va a depender también de nuestro consumo, de nuestro comportamiento y de la economía circular, les daríamos más instrumentos a quienes reciclan para que lo puedan hacer con mayor productividad y con mayor impacto ambiental. Deberíamos pagar más caro lo que no es sostenible. Y para eso hay que cambiar la estructura de incentivos.

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