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Déficit de explicaciones y propuestas económicas

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
En el arranque del año electoral, el oficialismo no corrige sus fallas de comunicación y la oposición ofrece diagnósticos sin aportar ideas
En el arranque del año electoral, el oficialismo no corrige sus fallas de comunicación y la oposición ofrece diagnósticos sin aportar ideas
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27 de enero de 2019  

Desde que el gobierno de Mauricio Macri decidió no arriesgar pronósticos numéricos para 2019, quedó claro que la economía no será una carta que el oficialismo pueda jugar en estos primeros meses, previos a las elecciones presidenciales de octubre.

Este exceso de cautela es otra derivación del shock cambiario de 2018, cuando la política económica se fue de las manos, pulverizó todas las proyecciones y desembocó en la estanflación (recesión, altísima inflación, caída del poder adquisitivo y del consumo) que se hace sentir en el arranque del año electoral. Y se refleja en el índice de confianza en el gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Di Tella, que registró en enero el mayor retroceso de su gestión (-15% con respecto a diciembre y -28% interanual).

Es cierto que en los últimos meses el Gobierno consiguió el préstamo récord del FMI (US$57.100 millones) para evitar el incumplimiento de pagos externos; estabilizó el dólar en el piso de la banda cambiaria móvil, con fuerte restricción monetaria y elevadas tasas de interés; sobrecumplió la meta fiscal al reducir el déficit primario (sin intereses de deuda) a 2,4% del PBI, comenzó a revertir el déficit de la balanza comercial y achicar el desequilibrio de cuenta corriente. Con un clima más favorable para los países emergentes en los mercados financieros, estos resultados iniciales del tratamiento macroeconómico de terapia intensiva monitoreado por el FMI le permitieron renovar los vencimientos de deuda en el mercado local y contribuyeron a que el riesgo país perforara ahora el piso de 700 puntos básicos.

Pero también es cierto que -con excepción de la calma cambiaria-, ninguno de los recientes avances macro son argumentos electorales de peso ni revierten las expectativas económicas de buena parte de la opinión pública, dividida por la grieta política.

A menos de 10 meses de las elecciones, Mariel Fornoni, titular de la consultora Management & Fit, dice que el voto por Macri será básicamente en contra de Cristina Kirchner y viceversa. En el medio se ubica una amplia legión de indecisos o decepcionados, que estima en alrededor de 40% y que no encuentran candidatos alternativos ante la ausencia de liderazgo en el peronismo no kirchnerista.

Como el plan "doble cero" de dureza fiscal y monetaria carece de todo sex appeal político, la Casa Rosada optó por poner el foco en cuestiones extraeconómicas que también repercuten en la sociedad. Y que, además, sacuden el tablero político al obligar a la oposición a pronunciarse a favor o en contra. Un caso es el DNU que pone en marcha en el fuero civil la extinción de dominio para acusados de delitos federales de corrupción, narcotráfico y actividades mafiosas, atascada en el Congreso desde hace tres años. Otro, el reconocimiento de Juan Gaidós como presidente interino de Venezuela y contracara del autoritario régimen cívico-militar de Nicolás Maduro. Estas decisiones políticas juegan a favor del oficialismo ya que, al menos, permiten identificar a quiénes y por qué están en el otro extremo de la grieta. A esto se suman los anuncios oficiales para reforzar la lucha contra la inseguridad y extraditar extranjeros con antecedentes penales o prontuario local. Más incierto es el destino de otros proyectos cajoneados como la bancarización de aportes empresarios para las campañas, el voto electrónico o la boleta única en papel, que el oficialismo no puede sancionar con minoría legislativa.

Sin embargo, sería un error que el Gobierno suponga que la economía quedará desplazada del centro del escenario electoral con todo lo que pasó en 2018 y por el hecho de no contar con resultados para rescatar. Macri camufló con eufemismos climáticos (turbulencias, tormentas, etc.) las corridas cambiarias que duplicaron el valor del dólar y catapultaron la inflación al 47,6% anual (después del 40% en 2016 y del 25% en 2017), antes de contar con el salvavidas del Fondo atado al fuerte ajuste fiscal y monetario en marcha y admitir que el objetivo fue evitar una crisis de mayores proporciones. Del mismo modo, el anuncio de la última tanda de aumentos tarifarios (en transporte, agua, gas, electricidad, peajes, etcétera.) fue disimulada entre las fiestas de fin de año sin demasiado detalle de motivos. Sólo marginalmente se dejó trascender que el gasto en subsidios volvió a crecer (50%) por la suba de costos gatillada por la devaluación. Pero no por eso sus efectos dejarán de impactar sobre la inflación -y el (mal) humor social- en los primeros meses de 2019.

Estas fallas en la comunicación oficial, que suele dar por sobreentendidas las causas de los problemas económicos, le sirven ahora al kircherismo para organizar marchas y cacerolazos contra el "tarifazo" y el FMI. También para relanzar la consigna "con Cristina estábamos mejor", que prende en los sectores más radicalizados o dependientes del abultado gasto estatal, pese a que la política económica K era insostenible y su costo endosado a quien la sucediera. Aquí Macri sigue purgando el pecado original de no haber blanqueado públicamente la herencia recibida en el arranque de su gestión. Y que CFK capitalizó con su silencio táctico, la ausencia de autocrítica y la negación de la trama de corrupción extendida durante 12 años. A tal punto que dejó trascender su intención de promover una reforma constitucional para insistir con "ir por todo".

Esta polarización política coloca en una posición ambivalente al peronismo no kirchnerista, donde algunos de sus dirigentes podrían dejar de serlo según cómo evolucione CFK en las encuestas. Hace un año se habían unido con la bancada K para sancionar la insólita ley que anuló ajustes tarifarios y obligó al veto presidencial. Meses después, negociaron a favor de los gobernadores la aprobación de varias leyes que necesitaba el oficialismo (Presupuesto 2019, subas de impuestos), trasladándole el costo político del "trabajo sucio" fiscal, que podría aprovechar un eventual gobierno peronista. Mientras tanto, no se privan de formular diagnósticos socioeconómicos con distinto grado de dramatismo, ni de abogar por un genérico "modelo productivo", sin detallar instrumentos, costos, ni ideas acordes con el siglo XXI.

Con los déficits de comunicación y propuestas que caracterizan el arranque del año electoral, el oficialismo necesitaría definir un eje discursivo claro que le aporte sentido y horizonte al esfuerzo económico impuesto a la mayor parte de la sociedad y, en especial, al 30% de pobres. Esta tarea excede largamente a la proliferación de mensajes optimistas por redes sociales o la enumeración individual de obras de infraestructura terminadas o en ejecución, sin ponerlas en un contexto más amplio. Entre los tuits de los funcionarios y la saturación de las cadenas nacionales de CFK, hay una amplia brecha que debería cubrirse con voceros capaces de despejar dudas, precisar costos de corto plazo y beneficios a futuro.

Salvo pocas excepciones, casi nadie en el Gobierno se ocupa de explicar y justificar las medidas económicas de mayor costo político, que a veces solo aparecen en el Boletín Oficial. Ni mucho menos de refutar algunos disparates periodísticos que se escuchan por radio y televisión. O de aclarar que la salida ortodoxa de una recesión implica políticas monetarias y fiscales expansivas, que en la Argentina están vedadas no sólo por el FMI sino por su abuso durante décadas, incluso cuando eran innecesarias. Aunque cuentan con poblados equipos de prensa, varios funcionarios de todo nivel prefieren preguntas complacientes en programas de alto rating y eludir debates de fondo.

Aun así, es valorable que el Indec, el BCRA y el Ministerio de Hacienda cumplan estrictamente con sus calendarios de informes escritos y tengan una rutina de conferencias de prensa, como excepción a la regla de hablar lo menos posible.

De ahí que sería aconsejable que el oficialismo hiciera suya la frase "Gobernar es explicar", que el expresidente Fernando Henrique Cardoso adoptó años atrás en Brasil, cuando recorrió todo su país para difundir el plan que le permitió bajar la inflación de 40% a un dígito anual.

nestorscibona@gmail.com

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