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¿Qué le pasa a River? Patronato le dio otro empujón en la Superliga y ya lleva tres derrotas seguidas

River sufre en el Monumental con Patronato
River sufre en el Monumental con Patronato Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Juan Patricio Balbi Vignolo
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27 de enero de 2019  • 19:00

Un golpe, un KO. River no logra salir de su propio bullicio y exhibe una mandíbula de cristal. No hay currículums ni trofeos ni conquistas recientes que aminoren el envión de los rivales. Hace ocho días, Defensa y Justicia le avisó que le iba a costar amoldarse tras un fin de año furioso; el miércoles pasado lo confirmó Unión; y hoy Patronato le atestó otro cachetazo para llevarse una victoria por 3-1 que es vital en su lucha por no descender. Tres partidos en el Monumental, tres derrotas. Un pequeño mal momento que no se daba desde el Clausura 2005. Aquella vez con Marcelo Gallardo como jugador. Hoy como entrenador.

Los resultados negativos ya lo dejan a River demasiado lejos de la pelea por la Superliga: está a 20 puntos del líder Racing, con dos partidos menos. Pero, más allá de eso, la ausencia de respuestas y el tobogán del nivel futbolístico es el centro de atención para un cuerpo técnico que tendrá como prioridad lograr que sus jugadores recuperen la memoria.

Sin demasiado tiempo que perder –el miércoles deberá visitar a Godoy Cruz en Mendoza y el domingo visitará a Vélez–, la gran incógnita es cuánto durará el "momento de transición" que describió el propio Gallardo y cuándo River logrará limpiar la cabeza y despojarse de todas las emociones vividas tras la conquista de la Copa Libertadores ante Boca.

El golpe de Patronato

Mientras tanto, el calendario acelera y el fútbol argentino no le da respiro. Y Patronato, el equipo más goleado del torneo, lo goleó de la mano de su debutante Gabriel Ávalos: paraguayo, de 28 años y con pasos por Crucero del Norte, Nueva Chicago y Godoy Cruz, marcó tres goles (13 y 36 minutos de la primera parte y ocho minutos del complemento) y brilló por su eficacia y categoría para definir cada vez que tuvo el arco enfrente. Además, contó con su compañero Gabriel Compagnucci como aliado: le sirvió las tres asistencias.

Puntual y certero para contraatacar, el equipo de Paraná estudió su libreto a la perfección y aprovechó las ventajas que el Millonario le ofreció en una actuación defensiva para el olvido. Es más, hasta pudo haber marcado algún otro gol para decorar una jornada histórica: ganó en su primera visita al Monumental y estiró su favorable historial ante el Millonario, con cuatro triunfos y dos caídas.

Enfrente, el alternativo y joven (23,63 el promedio de edad) del equipo titular de River, con tres juveniles en el equipo titular y cuatro en el banco, no supo en ningún momento cómo generar peligro ni cómo aprovechar la posesión de balón que siempre estuvo a su favor. Inconexo durante grandes tramos del juego, la gestación de juego y la precisión para distribuir la pelota fueron otra vez los grandes problemas, potenciados porque las individualidades siguen sin aparecer.

Ni siquiera la sorpresa de Gallardo en el inicio del complemento logró torcer una historia que estaba sentenciada tras los dos primeros goles en la etapa inicial: salieron los laterales Moreira y Mayada, de mal partido y con marcados errores en la salida en ambos tantos de Patronato, e ingresaron Leonardo Ponzio y el juvenil delantero Alan Marcel Picazzo. Así, el equipo mutó de un 4-4-2 a un 3-4-3 con Ponzio de último hombre.

Solo la correcta presentación del central paraguayo Robert Rojas y el golazo para el 3-1 de Cristian Ferreira, el jugador que más buscó e intentó cambiarle la cara a River, le dieron energía y vitalidad a un equipo que no se cansó de intentar a fuerza de voluntad y amor propio.

Porque el fútbol todavía se ausenta de Núñez y la impaciencia empieza a decir presente. Lenta-mente, está claro. Pero hoy los cánticos contra Boca para rememorar la epopeya en Madrid ya no retumbaron como en las dos presentaciones iniciales y en las tribunas del estadio se escuchan dudas y preguntas sin respuestas. Hasta sonaron cánticos desde la popular Sívori Alta contra el presidente por la posibilidad de mudar el estadio: "Che D'Onofrio, no rompas las p..., la cancha no se vende, la cancha no se toca".

Pese a eso, River se aferra a saber que tiene todo para torcer un mal inicio de 2019 y que la presente mala racha –perdió cuatro de los últimos cinco juegos en la Superliga- solo quede solo como un mal recuerdo.

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