Suscriptor digital

Murió Michel Legrand, uno de los más prolíficos compositores del cine

El músico francés, que compuso innumerables piezas para la pantalla grande, falleció anoche en París, a los 86 años
El músico francés, que compuso innumerables piezas para la pantalla grande, falleció anoche en París, a los 86 años Fuente: AFP
Marcelo Stiletano
(0)
26 de enero de 2019  • 17:03

Casi 200 composiciones para el cine, tres Oscar, un sinnúmero de otros premios, infinitas colaboraciones con los más dispares y talentosos cantantes, obras sinfónicas, estudios, composiciones de jazz, incontables arreglos. El legado de Michel Legrand, que falleció en la noche del viernes último en París, a los 86 años, resulta tan inmenso como su virtuosismo en el piano y también, hay que decirlo, de su elevado concepto que siempre tuvo de sí mismo y de su extraordinaria obra musical.

En toda su larga vida acompañó con arrestos propios de un divo (a los que sumaba una arrolladora sonrisa que jamás abandonaba durante sus conciertos) las actuaciones, presentaciones y conciertos que mantuvo casi hasta el final de sus días, preferentemente al comando de una gran orquesta sinfónica.

A Legrand le debemos, por sobre todo, un puñado de canciones extraordinarias que lograron trascender transformándose en clásicos similares a los grandes standards de jazz. En la cumbre de ese racimo de melodías inmensamente disfrutable estarán siempre "El vals de las lilas", "¿Qué vas a hacer el resto de tu vida?" (cantado en sucesivas grabaciones de manera sublime por Barbra Streisand y Sting , entre muchos otros) y "Los molinos de tu pensamiento", tema que le dio a Legrand uno de sus tres Oscar al quedar incluido, en 1968, dentro de la banda sonora de la película El affaire de Thomas Crown.

Los otros dos premios de la Academia los recibió en 1972 y 1984 por la música original compuesta para Verano del 42 (el tema del mismo nombre también se hizo memorable) y para Yentl. En este último film, dirigido por Streisand (una de las mejores amistades de las muchas que Legrand tuvo en Estados Unidos), trabajó sus melodías como tantas otras veces con Alan y Marilyn Bergman, quienes les pusieron letra a varios de aquéllos grandes éxitos. Como dijo una vez el gran crítico musical argentino Jorge H. Andrés en LA NACION, estas magníficas melodías "terminaron siendo los últimos grandes títulos pensados dentro del formato clásico de la canción norteamericana".

Legrand fue un pianista exquisito, un compositor inspirado y un arreglador magnífico. Sus orquestaciones tienen la marca de una generación que tuvo otros representantes notables en la misma materia como el alemán André Previn y los argentinos Lalo Schifrin y Waldo de los Ríos. Todos ellos se caracterizaron por emplear al máximo los recursos instrumentales con arreglos suntuosos, refinados y muy coloridos, aunque a veces cargados de giros extravagantes. Legrand dirigía la orquesta sin dejar de mirar al público y a su ocasional cantante solista como si estuviese esperando de todos ellos el aplauso y una constante muestra de admiración. Su elegancia interpretativa a veces chocaba con un impulso irresistible a ejecutar la mayor cantidad de notas posibles. Y casi siempre se animaba a cantar. Tenía una voz muy poco agraciada, pero sabía usarla según el caso con delicadeza o envidiable swing.

Como otros grandes compositores capaces de moverse con destreza y excepcional talento entre diferentes dimensiones (su mundo musical alternaba entre el sinfonismo, el jazz y la canción popular) Legrand siempre se dio el lujo de poner en movimiento sus partituras en distintos formatos, de grandes orquestas a pequeños grupos de cámara o tríos de jazz. También hizo grabaciones o presentaciones en vivo como solista de piano y voz.

Hijo de Raymond Legrand, un compositor que hizo la música de muchas películas francesas de las décadas de 190 y 1940, y de Marcelle der Mikaelian, descendiente de la alta sociedad armenia, Michel fue un niño prodigio que ingresó a los 11 años en el Conservatorio Musical de París (donde tuvo maestros como Nadia Boulanger) y se graduó con honores. Diestro en el piano y al menos una docena de instrumentos más (hay que verlo en un viejo programa de TV en blanco y negro en el que recorre la orquesta y va descubriendo uno a uno los distintos instrumentos de manera casi juguetona), descubrió el jazz en 1947 al escuchar en vivo a Dizzy Gillespie, con quien luego colaboró en varias grabaciones.

Compuso casi 200 piezas para el cine, ganó tres Oscar y colaboró con los más talentosos cantantes del mundo
Compuso casi 200 piezas para el cine, ganó tres Oscar y colaboró con los más talentosos cantantes del mundo Fuente: AFP

Después de ganar de a poco creciente reconocimiento como pianista y director musical de destacados cantantes de su tiempo, se convirtió en estrella del escenario musical francés con su álbum I Love Paris (1954), una suerte de viaje melódico alrededor de la capital francesa en clave de jazz. De esas canciones pasó a los standards de jazz cinco años después gracias al memorable Legrand Jazz, en el que sumó en distintas formaciones orquestales a un seleccionado de intérpretes: John Coltrane, Ben Webster, Hank Jones, Paul Chambers, Herbie Mann y Miles Davis , con quien volvería a trabajar varias veces. Ese vínculo fecundo se prolongó hasta Dingo, banda sonora de una película protagonizada por el propio trompetista que se conoció tras su muerte.

La carrera musical de Legrand, junto a su propia leyenda, se construyó a partir de esa grabación histórica de 1959. De un lado, las frecuentes incursiones en el jazz, con grabaciones (sobre todo en trío) que le aportaba un genuino color francés a un género que cada vez se sentía más a gusto en los escenarios europeos. Y del otro, la fascinación irresistible del cine, en especial a través de la Nouvelle Vague, un movimiento ideal para que la música de Legrand (libre, caudalosa, llena de ricas tensiones melódicas y tímbricas) fluyera a sus anchas. De hecho, fue compositor de siete películas de Jean Luc Godard, pero selló su mejor alianza con Jacques Demy, para quien escribió diez de sus obras. Dos de ellas se convirtieron en inmortales, símbolos de la mejor y más original creatividad de Legrand: Los paraguas de Cherburgo (película en la que todos los diálogos son reemplazados por canciones, con un extraordinario tema principal cantado por Catherine Deneuve) y Las señoritas de Rochefort, más cercana al estilo de los musicales clásicos.

Hollywood lo recibió con los brazos abiertos a mediados de los 60. Allí cosechó sus tres Oscar, varias nominaciones más, un sinfín de bandas de sonido para películas de todos los géneros y autores, y constantes presentaciones y giras acompañando a grandes figuras de variada estirpe, de Ray Charles a Björk . En las últimas tres décadas se dedicó más que nada a las grabaciones (algunas de ellas consagradas a la música clásica, con temas instrumentales o acompañando a solistas como Kiri Te Kanawa y Natalie Dessay) y a las giras con sus músicas de película. Fue en 2016 uno de los invitados de honor del Bafici y su presencia en Buenos Aires se coronó con un gran concierto en el Teatro Colón al frente de su orquesta estable.

Michel Legrand se dio todos los gustos. Hasta dirigir y escribir una película, Cinq Jours en Juin (1989), con Sabine Azema y Annie Girardot, en el que revisa su propia historia personal como joven compositor y testigo del Día D y la liberación de París mientras vive su primera experiencia amorosa con una mujer que lo doblaba en edad. Publicó el año pasado su autobiografía, J'ai le regret de vous dire oui (Lamento decir que sí) y nos queda volver a disfrutar de su último tesoro musical, un programa especial de 2017 para MTV Francia, con grabación incluida (Michel Legrand & Ses Amis), en el que Charles Aznavour entrega una versión antológica de Los molinos de tu pensamiento. Siempre volvía a su obra y en cada regreso sabía encontrarle un nuevo matiz a un puñado de melodías que son pura felicidad.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?