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Alta fidelidad. Bésame mucho: el bolero en tiempos de cólera

Delia Cancela anticipó las políticas de género del siglo XXI
Delia Cancela anticipó las políticas de género del siglo XXI Fuente: Archivo
Fernando García
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27 de enero de 2019  • 17:00

¿Dónde va la gente cuando llueve? La pregunta de Miguel Cantilo se ha vuelto parte de nuestro predictivo mental. Imposible no formulársela a uno mismo cuando se ve la lluvia de enero caer por horas desde una ventana. Hace unos días, el mismo Cantilo elegía para el diario Página 12 "El diablo en su corazón" como una de las canciones que marcaron su vida.

Se trata de una de las tres canciones que le tocaron en suerte cantar a George Harrison en el segundo álbum de Los Beatles, de 1963. Es una versión del original de Ricky Dee que los Fab Four reconvirtieron a la medida de sus prodigiosas armonías vocales y a la que dotaron de un cierto aire latino. Olvidamos muchas veces la influencia que el bolero tuvo en esos Beatles sepiados. Se reconoce la apertura que hicieron hacia la India en la segunda mitad de los 60 pero se pierde de vista como fueron capaces de procesar en su jukebox aquella cadencia tropical que llegaban por la radio del otro lado del Atlántico. No ya con la versión kitsch de "Besame mucho" que Paul cantaba en los clubes de Hamburgo sino incorporado en la rítmica de la evocativa "And I love her", por ejemplo. A fuerza de maracas y guitarras que trafican aires hispanos, Los Fabulosos Cuatro se terminan pareciendo en "El diablo en su corazón" a Los Cinco Latinos. Y a Jorge (George) le brota de la nada un bigotito anchoa.

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"Yo no soy del tiempo de los boleros, soy de la época de los Rolling Stones y de los Beatles. Sin embargo, la cultura de los boleros me llega por herencia materna, como la del tango por mi abuela. Cuando la gente me dice: 'Yo no soy de esa época', da lo mismo creo yo, uno tiene cultura musiquera y el bolero en su momento representó el manifiesto amoroso de la intimidad, era una carta de amor, susurrada al oído y por voces de cantantes varones muy aflautadas, amaneradas, casi amariconadas, como la de Lucho Gatica, que es casi asmática. Acá lo acusaron de homosexual por cantar así, porque ese era el tiempo del tango, y para cantarlo había que tener otro registro, muy varonil. Por eso la entrada del bolero me parece interesante, porque introduce otra sensibilidad en la canción latinoamericana popular, más femenina. Sus letras son declaraciones amorosas derrotadas, sufrientes, no por ello decadentes o bajoneantes". Leemos al chileno Pedro Lemebel en una de las entrevistas recopiladas por Gonzalo León en el libro "Lemebel Oral" (2018). El performer y narrador (1952-2015) fue un bolero en vida y atravesó como pocos las fronteras de las costumbres en un Chile marcado por la larga dictadura de Pinochet. Su voz prolongó el susurro aflautado de Gatica (Lucho) en un grito de guerra contra la represión, no ya del aparato de estado sino de todo el cuerpo social.

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Boleros, dice Lemebel, hombres que sienten como mujeres y lo cantan. Planteado así, según la doctrina cromática de Dalmara Alvas (la pastora pentecostal que Bolsonaro puso al frente de un ministerio que vela por la mujer, la familia y los derechos humanos) el bolero destiñe: los chicos van de rosa y las chicas de azul. Esta semana Caetano Veloso y Daniela Mercury unieron fuerzas para grabar el hit del verano (en estrictos términos políticos): "Prohibido el carnaval" . Probablemente este samba de emergencia no esté a la altura del repertorio de Veloso y Mercury pero qué importa. Parece mentira ver a Veloso en un rol contestatario que remite a los primeros días del Tropicalismo pero es verdad. Ahí está, a los 76 años, frente al micrófono diciendo "Abre la puerta de este armario, que no hay censura que me detenga. Abre la puerta de ese armario, que la alegría cura, ven a besarme". Lo mueve el delirio de la doctrina cromática de Alvas (se sabe: los chicos de azul, las chicas de rosa, como antes. ¿Cómo cuando?) que no pasaría de una anécdota si no se diera en un contexto de persecución sexual creciente. También esta semana, en el Brasil de Bolsonaro tuvo que renunciar a su banca el diputado gay Jean Wyllys, agobiado por las amenazas de muerte. La cosa no es ni rosa ni celeste ya. Definitivamente oscura, dark.

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Delia Cancela, como Lemebel y Veloso, es de la generación de los Beatles y los Stones y junto a su pareja Pablo Mesejean escribieron en 1966 un manifiesto llamado "Muchachos y Muchachas" que anticipó todas las políticas de género del siglo XXI. En una de las paredes del Moderno se puede leer una versión mecanografiada del original (debió estar ploteada y gigante) donde al final dicen: "Nosotros amamos las baby-girl, las girl-girl, las boy-girl, los girl-boy y los boy-boy". Es notable la proyección que tuvo ese texto que en los 60 era visto como frívolo por la cultura de izquierda. Podría hablar de Lucho Gatica cantando como una mujer en Chile o de Lemebel travestido en su grupo Yeguas del Apocalipsis o de Veloso recogiendo el guante de la derecha evangélica mientras un diputado tiene que renunciar por su sexualidad. Podría ser un bolero, el latido de esos corazones gigantes que el dúo replicaba como una especie de firma amorosa en sus obras. El corazón endiablado sobre el que cantaban unos Beatles raros, como latinos.

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