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Los "pañuelos rojos", la respuesta pacífica a los "chalecos amarillos"

Los "pañuelos rojos" representan el hartazgo hacia la violencia de los "chalecos amarillos"
Los "pañuelos rojos" representan el hartazgo hacia la violencia de los "chalecos amarillos" Fuente: Reuters
Son autoconvocados que buscan el retorno a la calma política
Luisa Corradini
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28 de enero de 2019  

PARÍS.- Bajo la consigna "¡Detengan la violencia! ¡Sí a la democracia, no a la revolución!", unos 10.000 "pañuelos rojos" desfilaron ayer en París contra los excesos del movimiento de los "chalecos amarillos", por un retorno a la calma política en Francia y en defensa de las instituciones.

La protesta se desarrolló en momentos en que se advierte un fuerte endurecimiento de la estrategia de los "chalecos amarillos", provocada por un sector ultra que proclamó en las últimas horas el "estado de emergencia del pueblo" y apeló a "una sublevación sin precedentes".

Oficialmente, sin embargo, el gobierno hizo todo lo posible para desmarcarse de la iniciativa, temiendo que pudiera afectar el "gran diálogo nacional" lanzado por Macron, hasta ahora con un éxito considerable. A título personal, participaron sin embargo 15 diputados y seis senadores del partido macronista La República en Marcha (LREM), así como varios de sus militantes.

Los "pañuelos rojos" marcharon bajo una lluvia pertinaz desde la Plaza de la Nación hasta la Bastilla, enarbolando banderas francesas y europeas.

Esa "marcha por las libertades republicanas" fue promovida a través de Facebook y otras redes sociales por grupos de "ciudadanos apolíticos" que se proclaman "hartos" de la intolerancia del movimiento de "chalecos amarillos" y de los disturbios que estallaron en las 11 concentraciones realizadas desde que comenzó esa protesta.

Los principales promotores de esa movilización "pacífica y partidaria del diálogo" son el colectivo Stop. Maintenant, ça Suffit! (¡Alto! ¡Ahora basta!), creado por el ingeniero Laurent Soulié en Toulouse, así como Théo Poulard, vicepresidente del movimiento "pañuelos rojos".

Los participantes son ciudadanos que respondieron espontáneamente a una convocatoria lanzada a "la mayoría silenciosa que lleva 11 semanas escondida en su casa", según la fórmula de Soulié.

Esta iniciativa parece haberse inspirado en la marcha organizada el 30 de mayo de 1968 por el núcleo duro de partidarios del general Charles de Gaulle, respondiendo a un llamamiento radial lanzado por el presidente desde el Palacio del Elíseo. La manifestación, que recorrió los Campos Elíseos desde la Plaza de la Concordia hasta el Arco de Triunfo, fue concebida como una "demostración de fuerza republicana" para mitigar el impacto que habían tenido en la opinión pública la rebelión juvenil de ese mes de mayo, los disturbios en el Barrio Latino y las manifestaciones de obreros y estudiantes.

Pese a que los organizadores de la protesta de los "pañuelos rojos" habían prohibido corear consignas de carácter partidario o agresivas, durante la marcha se escucharon gritos de "el fascismo no pasará" y " lenchon démission (Mélenchon dimisión)", con relación al líder del movimiento populista de izquierda Francia Insumisa.

Numerosos participantes de la protesta declararon que comparten algunas de las reivindicaciones de los "chalecos amarillos", pero impugnan la violencia "contra las instituciones" y el rechazo sistemático al diálogo.

"No podemos seguir bloqueando el país, paralizando la economía y provocando destrucciones millonarias solo porque algunos consideran que el presidente es ilegítimo a pesar de que fue elegido democráticamente", afirmó el manifestante Laurent Massifiez.

El resultado de la marcha fue, en todo caso, inferior a lo esperado, pues inicialmente los organizadores confiaban en reunir más de 20.000 personas.

El sábado, la última concentración de los "chalecos amarillos", por su parte, había reunido 69.000 participantes en todo el país, cifra que marcó una sensible disminución con respecto a los 84.000 manifestantes de la semana anterior. El movimiento comenzó a sufrir las consecuencias de la división entre varias corrientes antagónicas. Al mismo tiempo fue sacudido por un sentimiento de cólera cuando el sábado resultó herido uno de sus líderes emblemáticos, Jérôme Rodriguez.

Ese episodio provocó un endurecimiento de posiciones de la corriente más activa de los "chalecos amarillos", que ayer por la tarde comenzaron a utilizar un lenguaje más combativo.

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