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Estadios argentinos, una agenda de la que se habla al pasar

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
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28 de enero de 2019  • 23:59

Un micro con un plantel de fútbol queda atascado en el ingreso al estadio. El conductor intenta corregir la situación, retrocede, voltea una pared y de manera involuntaria hiere a un policía. En las redes sociales circula rápidamente el episodio, calificado como "insólito". Sucedió este domingo en el Gigante de Alberdi, la cancha de Belgrano de Córdoba, con el ómnibus en el que llegaba Unión de Santa Fé. Una fatalidad. Una mala maniobra. Un error de cálculo. Al fin y al cabo, otros micros, con otros planteles, con otros conductores ingresaron por ahí y nunca pasó nada. Queda como otra postal de un domingo caluroso en el verano del fútbol.

Los estadios argentinos, al margen de la pericia de los choferes de micro, acumulan cada fin de semana cantidades industriales de pequeños o grandes "episodios insólitos", no todos graves, pero que con un goteo constante recuerdan que las canchas han quedado congeladas en el tiempo. Como se construyeron, así quedaron. Por supuesto que son muchos los clubes que han hecho reformas, reinventaron sectores, hicieron palcos VIP y han pintado paredes y escalinatas cada vez que fue necesario. Pero la evolución del fútbol, visto como experiencia en la cancha o seguido por las diferentes plataformas que lo ofrecen en vivo, indica que los estadios argentinos han quedado desactualizados. Cualquiera que va a ver un partido descubre que muy pronto se quedará sin señal y no podrá compartir en el momento sus vivencias mientras pasa varias horas en una cancha. Los accesos ya no son seguros. La arquitectura de estadios, lujosos o no, ofrece diseños que dejan en el atraso lo que alguna vez fue una novedad.

La situación de las canchas argentinas forma parte de una agenda que se menciona en voz baja, siempre al pasar. Gana sonoridad cuando clubes como River y Boca, con diferentes perspectivas, plantean la posibilidad de reformas o mudanzas con precisiones geográficas vagas. River ahora parece apuntar directamente a una negociación por terrenos que despierta polémicas en el ámbito deportivo y político. En Boca hace años que da vueltas un "render" sobre una nueva Bombonera edificada sobre la Bombonera. Nada termina de estar firme nunca.

Lo cierto es que la necesidad de modernización de los estadios argentinos engloba a prácticamente todos los clubes. Lo saben los espectadores cuando entran y salen como pueden. Lo sabe el personal de las transmisiones televisivas que cada vez encuentran más dificultades para seguir con la evolución tecnológica de la industria porque las alturas y los espacios en las canchas conspiran contra la calidad. Lo sabrán en el futuro quienes implementen el VAR y noten que los protocolos que sugiere la FIFA, seguramente, tendrán una versión "a la Argentina" para salir del paso.

Sobre el cierre de 2018, Corinthians anunció un plan estratégico a diez años con la empresa IBM para la transformación digital de su Arena. Se trata de una innovación sin precedentes en materia de estadios en el ámbito de la Conmebol. La discusión sobre la modernización de las canchas argentinas siempre choca con el miedo a evaporar las tradiciones y el temor de canjear nombres históricos por denominaciones comerciales. Los caminos son muchos. De una buena vez, el fútbol argentino debería elegir alguno.

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