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La Argentina dio un paso en falso en el hexagonal del Sub 20 de Chile

De la Vega
De la Vega Fuente: FotoBAIRES
Alberto Cantore
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29 de enero de 2019  • 23:59

RANCAGUA, Chile.- Otra vez Ecuador se presentó como una piedra en el camino de la Argentina. Como en Talca, la Tri dejó sin nada a la selección, aunque ahora en la jornada inicial del hexagonal final del campeonato Sudamericano Sub 20, clasificatorio para el Mundial de Polonia y los Juegos Panamericanos de Lima. Los juveniles retrocedieron en resultados y en juego, después de los firmes pasos que se dieron en la etapa de grupos. La derrota 2-1 fue justa y hasta acotada, porque el rival fue dominador de principio a fin y dejó en claro que tiene pretensiones de dejar una huella. Para la Argentina será el tiempo de replanteos, después de una imagen sin brillo, que la descubrió con pocas ideas y dependiente de los arrestos personales para equilibrar el resultado. El viernes, con Colombia, que en el primer turno igualó sin goles con Brasil, un nuevo examen para recomponerse.

El gol de Almada

Mutó el juego la Argentina. Dejó de ser el controlador, quien marca el pulso del desarrollo, para elegir una postura de menos posesión y más verticalidad. Tomar ese riesgo, de dejar avanzar al rival, le dio la oxigeno a Ecuador y le permitió reponerse rápido del golpe que le significó el gol de tiro libre de Thiago Almada. Un cambio de roles después de lo que fue el encuentro que jugaron en la etapa de grupos y en la que el equipo que dirige el argentino Célico se impuso por 1-0.

El despliegue físico de los ecuatorianos no debió sorprender, porque con ese argumento ganó el Grupo A. Y con efectividad, porque llegó al hexagonal con ocho goles. El esquema no le redituó a la Argentina. Quienes debían ser ayuda en los retrocesos, como De la Vega y Julián Álvarez, siempre corrieron desde atrás a los laterales John Espinoza y Palacios. Sin pausa y sin precisión, la selección no inquietaba, y Sebastián Sosa debía desdoblarse para ocupar el centro del campo, junto con Fausto Vera, y cubrir los costados, porque Francisco Ortega y Barquett sufrían permanentemente.

El 1-1 de Campana

Dos corajeadas de Maximiliano Romero le dio a la Argentina la chance de disponer de dos tiros libres. En la segunda oportunidad, Almada rompió la barrera y el arquero Wellington Ramírez no pudo desviar la trayectoria, aunque manoteó el balón. Con poco, antes de la media hora los juveniles encontraban el camino para festejar. Pero decidió la Argentina adoptar una posición pasiva y el rival se lanzó sobre el arco de Manuel Roffo. Cifuentes ensayó una chilena y el público se entusiasmó con un conjunto que en Jordan Rezabala tiene a su titiritero y a Campana a un artillero destacado.

Emerson Espinoza tomó mal posicionado a Ortega y sin que los árbitros se percataran se llevó la pelota con el brazo; el remate fue rechazado por Roffo, pero Campana olfateó que la acción no había terminado y empujo casi en la línea para marcar el empate. Lejos de quedarse, Ecuador insistió y el poste devolvió un remate de Campana, después de otro envío de Emerson Espinoza. A esa altura, la Argentina pedía que el paraguayo Samaniego pitara el final del primer tiempo.

La Argentina sufre a Cifuentes

La foto que la Argentina debería mirar y replicar es la del inicio del complemento y en particular la acción en la que una combinación colectiva terminó con el centro de Barquett y el cabezazo de Álvarez provocó suspiros, cuando le pelota se marchó junto al poste izquierdo. Resultó un espejismo, Ecuador retomó las riendas, manejó el ritmo, hizo gala de la velocidad de sus marcadores laterales. Y los juveniles tomaron impulso con un disparo de Vera, tras recoger un despeje de la zaga ecuatoriana.

Los cambios, Gaich por Romero y Moreno por Almada, no modificaron la ecuación, mientras que Ecuador, con un tiro libre de Cifuentes destrabó el resultado, tras un juego que lo enseñó siempre superior y hasta debió imponerse con algún gol más de diferencia si no fuera por la displicencia para definir. La expulsión de Vera y la escasa claridad para inquietar a Ramírez, a excepción de la combinación que desperdició Facundo Colidio, después de recibir de Gaich, expuso el nudo con el que Ecuador maniató a la Argentina.

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