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El hombre más poderoso de Silicon Valley quiere cambiar la forma en que vivimos

Masayoshi Son, presidente de SoftBank
Masayoshi Son, presidente de SoftBank Crédito: Japan Times
Fast Company
Katrina Brooker
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30 de enero de 2019  

Es una mañana brillante de septiembre en San Carlos, California, y Masayoshi Son, presidente de SoftBank, me está complicando los horarios. Vine, igual que él, para reunirme con gente que él ha contacto para que conduzcan el Vision Fund, su apuesta de US$100.000 millones al futuro de, bueno, todo. Luego de cuatro décadas construyendo SoftBank como un conglomerado de telecomunicaciones, Son, un inveterado hacedor de acuerdos, lanzó hace dos años este emprendimiento sin precedente para respaldar startups que él cree que están impulsando una nueva ola de conmoción digital. Ha apostado todo a su éxito: su compañía, su reputación, su fortuna. Los dos llegamos con la misma pregunta básica: ¿a dónde se dirige este vehículo masivo? Pero debido a que no soy la que aporta el fondo de doce cifras, entendí que sería la que tendría que esperar.

En medio de la conmoción por la visita de Son, mi reunión de las 9 de la mañana es postergada múltiples veces hasta que la fijan para las 16.30. Cuando finalmente llego a las oficinas de Vision Fund, a corta distancia de la ruta 101 de California, me impacta lo prosaicas que son las instalaciones. Son es conocido por sus actitudes grandilocuentes. Según se dice, pagó US$117 millones por una casa en Woodside en 2013, el precio más elevado jamás pagado en los Estados Unidos. En cambio, este edificio de vidrio y cemento puede encontrarse en cualquier parte de los suburbios de EE.UU.

El cuarto en el que aguardo es espartano. Hay un escritorio vacío en un rincón y una mesa de conferencias con un enchapado símil madera. Trato de leer la escritura borroneada en un pizarrón blanco con la esperanza de que pueda echar luz sobre lo que sucede en este lugar, pero la superficie ha sido limpiada demasiado. Las paredes interiores de vidrio de la sala de conferencia han sido recubiertas con una sustancia blanca como papel que convierte a todos los que están del otro lado en apariciones.

Son con el presidente norteamericano Donald Trump
Son con el presidente norteamericano Donald Trump Crédito: Fast Company

Finalmente, Rajeev Misra, CEO del ente que supervisa el Vision Fund, entra apurado al cuarto con una amplia sonrisa y disculpándose profusamente. Misra, que ha volado de Londres para estas reuniones, se ve exhausto pero entusiasta, como si le hubieran dado una inyección de adrenalina.

Son tiene este efecto sobre la gente. Es un día excepcionalmente activo en el Vision Fund. No solo ha llegado el gran jefe de Tokio, sino que también -sin que yo lo sepa- el equipo se prepara para anunciar nuevas inversiones por miles de millones de dólares: una ronda de US$1000 millones para Oyo, la startup india de hospitalidad; US$800 millones repartidos por mitades entre Compass y OpenDoor, dos nuevas firmas que están conmocionando el negocio inmobiliario; US$100 millones para Loggi, una startup de delivery brasileña. También encabezará una ronda de US$3000 millones para la startup china ByteDance, que hace varias apps populares de noticias y entretenimiento, incluyendo TikTok,

Al mismo tiempo, Son y sus socios están en medio del lanzamiento de un segundo fondo de US$100.000 millones, con planes ya en marcha de obtener una inversión adicional de US$45.000 millones del príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed ben Salman, el fundamental respaldo del Vision Fund.

Superficialmente, la historia del Vision Fund es de dinero. ¿Cómo podría ser de otro modo? Las cifras son impactantes. La inversión mínima del Vision Fund en startups es US$100 millones y en poco más de dos años, desde su debut, en octubre de 2016, ha entregado más de US$70.000 millones.

Son, de 61 años, también respalda compañías que le gustan vía SoftBank misma o por otros medios: ha volcado unos US$20.000 millones -y contando- a Uber y WeWork por medio de una combinación de instrumentos financieros. Sus apuestas de grandes sumas conmueven a los capitalistas de riesgo que desde hace mucho habitan las tierras bajas secas entre San Francisco y San José, un lugar en el que cualquier fondo de más de US$1000 millones llamaba la atención hasta hace tan solo tres años. Resulta que a nadie le gusta competir con un gigante de bolsillos sin fondo. "¿Vio la película Los Cazafantasmas? Es como el villano que aparece pisoteando todo", me dice un capitalista de riesgo antes de la visita a SoftBank. Luego me pide que le pregunte a Misra lo que todos quieren saber: ¿en quién invertirá ahora Son?

El presidente ejecutivo y presidente de SoftBank, Masayoshi Son, posa con el robot humanoide "Pepper" durante su presentación
El presidente ejecutivo y presidente de SoftBank, Masayoshi Son, posa con el robot humanoide "Pepper" durante su presentación Fuente: EFE

Pero debajo de esto hay una historia más compleja. Son cree que las computadoras dirigirán el planeta de manera más inteligente que los humanos. El futurista Ray Kurzwell acuñó el término "singularidad" para describir el momento en que las computadoras toman el mando y predice que sucederá para 2040. El Vision Fund podría hacer que la fecha se adelante. Y Son está volcando cantidades de capital sin precedente a gente y compañías que emplean inteligencia artificial y aprendizaje de las máquinas para optimizar todas las industrias que afectan nuestras vidas, desde el sector inmobiliario, pasando por los alimentos, hasta el transporte.

Desde hace mucho Son le dice a la gente "tengo un plan a 300 años", y esa declaración no es solo la ambición fantástica de un multimillonario. Tiene los medios para perseguir estos sueños y están comenzando a hacerse realidad. Es una de las pocas personas con poder para tomar decisiones que podrían tener consecuencias globales para el futuro de la tecnología y la sociedad por décadas, si es que no siglos. Como han demostrado Facebook y Google, las máquinas asumen los atributos de sus hacedores. Los algoritmos, el software y las redes tienen inclinaciones y a Son le gusta apostar a fundadores que le recuerdan a sí mismo o al menos comparten sus ideales.

SoftBank se aseguró hace unos meses US$13.000 millones en créditos de bancos, incluyendo Goldman Sachs, Mizuho Financial, Sumitomo Mitsui Financial y Deutsche Bank. También ha dejado en claro que el Vision Fund sigue totalmente abierto, anunciando una sucesión de nuevos acuerdos, incluyendo US$1100 millones para View (un fabricante de ventanas "inteligentes"), US$375 millones para Zume (que hace robots que pueden cocinar) y la inversión en ByteDance y sus apps basadas en IA de noticias y video. "Esto es solo el comienzo", asegura Rajeev Misra. Este año Vision Fund piensa respaldar a decenas de startups nuevas basadas en la IA, aumentando su cartera casi al doble, de 70 a 125 compañías.

Hoy no hay nadie en el planeta en mejor posición que Son para liderar la siguiente ola de tecnología. Ni Jeff Bezos, ni Mark Zuckerberg, ni Elon Musk. Pueden tener el dinero, pero no la combinación de ambición, imaginación y firmeza de Son. La red de compañías dentro del Vision Fund, si tienen éxito, le dará nueva forma a la economía: el mercado inmobiliario de US$228 billones, el mercado global de transporte de US$5,9 billones, el negocio del comercio minorista de US$25 billones. No podremos apagar servicios y tecnologías con el respaldo del Vision Fund como computadoras y teléfonos inteligentes. De últimas, tendrán sus propias mentes y pensamientos.

Por supuesto que Son no es una fuerza indetenible. Cualquier cantidad de factores -caídas económicas, crisis geopolíticas, reguladores oficiales- podría frustrar sus mejores planes. Siempre existe la posibilidad de que apueste a la compañía equivocada. Pero Son no tiene tiempo para traficar con la duda. "Hay tiempos malos y buenos -proclamó cuando lanzó el Vision Fund-, pero SoftBank está siempre allí".

Traducción Gabriel Zadunaisky

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