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Fernando Gaitán, el gran innovador de la telenovela latinoamericana

El autor de Soy Betty la fea y Café con aroma de mujer se adelantó a la era del empoderamiento femenino
El autor de Soy Betty la fea y Café con aroma de mujer se adelantó a la era del empoderamiento femenino
Marcelo Stiletano
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29 de enero de 2019  • 21:51

Fernando Gaitán fue una excepcional rareza en el mundo de la telenovela latinoamericana. En un género tan afecto a sus marcas de origen, el autor colombiano que acaba de fallecer a los 58 años en Bogotá tras sufrir una crisis cardíaca marcó diferencias por su espíritu rupturista. En ese lugar diferenciado y hasta experimental corresponde ubicar sus dos grandes éxitos, verdaderos hitos de la novela televisiva latinoamericana por la afirmación de su identidad local y al mismo tiempo por su capacidad de llegar al mundo: Café con aroma de mujer (1994) y Yo soy Betty la Fea (2000). Gracias a la primera conocimos por primera vez el estilo colombiano de hacer telenovela a partir de una historia que en su argumento tenía el genuino espíritu de esa tierra, pero muy rápido lograba hacerse universal. La segunda llegó más lejos de lo que el más optimista pudo imaginar: traducción a 15 idiomas, 22 adaptaciones, emisiones en casi 200 países.

Yo soy Betty la fea fue mucho más que una ficción capaz de ocupar un lugar en las páginas del libro Guinness de los récords. Gracias a la feliz imaginación de Gaitán y a la lúcida adaptación que se hizo en Estados Unidos, el mundo entero descubrió que había una manera diferente en América latina de contar historias románticas. Después de las tradiciones melodramáticas y antes del modelo tantas veces estereotipado de la "narconovela", Gaitán construyó de la mano de Betty una historia de puro romanticismo que también festejaba a sus personajes y le arrancaba una sonrisa a una sociedad por entonces completamente estragada por un cuadro endémico de violencia política y social. "Este es un país hundido en una atrocidad espantosa: violencia infantil, masacre, desaparición forzada, narcotráfico, pandillas. ¿Qué no tenemos? Es un país que clama media hora de humor", reflexionaba Gaitán en enero de 2001.

El rupturismo de Gaitán también se manifestaba en términos visionarios. El autor colombiano se anticipó casi dos décadas a las fórmulas y las declaraciones en favor del empoderamiento femenino a través de historias cuyas protagonistas eran heroínas sin vueltas. En palabras del autor fallecido, la protagonista de Café con aroma de mujer se siente víctima de un amor que el maltrata el espíritu, pero sin pasividad alguna decide ella misma "tomar las riendas de su propia vida". En Betty la fea, Gaitán construye un personaje femenino completamente atípico, pero que siempre toma la iniciativa mientras afirma todo el tiempo su genuina femineidad frente a (otra curiosidad) un galán que aparece como el personaje débil de la historia. De paso, Betty la fea aporta otro elemento de claro perfil rupturista: es una historia romántica escrita en clave de novela, con todos los elementos del género, pero que a a la vez se nutre muy claramente de las clásicas comedias de situaciones (sitcoms).

"Betty está hecha en un 85 por ciento en un estudio donde hay un gran juego de puertas y tres cámaras puestas sin zoom, sin travelling, igual que en las comedias de situación. En una misma escena pueden pasar tres o cuatro situaciones", recordaba Gaitán, que decidió innovar y mezclar escenas de humor y de alto voltaje emocional con resultados notables. A partir de ese momento, varios de los conceptos de la telenovela latinoamericana comenzaron a revisarse. De paso, gracias a Gaitán, las figuras excluyentes de sus mejores novelas (Margarita de Francisco y Ana María Orozco ) ganaron extraordinario reconocimiento en toda América latina.

Gaitán murió prematuramente poco después de haber suscripto un acuerdo con Sony Television para desarrollar varios proyectos. Tenía un método de trabajo bastante tradicional, porque le gustaba, a la vieja usanza, escribir completamente solo. Pero sus mejores trabajos, a los que habría que sumar Hasta que la plata nos separe (2006) marcaron una ruptura y, de paso, nos ayudaron a entender que Colombia posee una rica identidad, local y universal, para contar inolvidables historias de amor.

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