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Pocas fichas para mover en un sector que no se recupera de las sorpresas

Carla Quiroga
Carla Quiroga LA NACION
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30 de enero de 2019  

En 2018, según los datos relevados por el Colegio de Escribanos porteño, la cantidad de operaciones de compraventa de propiedades cayó 12,2% con respecto a 2017 (con un retroceso de 40,6% en diciembre último). Pero, si se analiza la cantidad de actos realizados con crédito hipotecario , la caída anual fue todavía más fuerte: 20,8%. Los números son elocuentes y el sector inició un año que lo pondrá a prueba. Entre 2017 y 2018, muchos desarrolladores acostumbrados a construir proyectos para inversores que buscan refugiar su capital en ladrillos se stockearon de terrenos en barrios medios, como Almagro, Boedo, Constitución y La Boca. Es decir, aquellas zonas con tierra más barata, pero en las que solo compra quien adquiere una propiedad para mudarse (los compradores finales). Compraron los terrenos y armaron los proyectos que hoy guardaron en el cajón.

Los empresarios saben que la demanda va a estar regida por la reaparición del crédito. Si no arranca, los inversores seguirán siendo los compradores. De hecho, la mayoría de los proyectos nuevos apuntan a unidades cada vez más chicas para poder captar a los pequeños inversores. Es un mercado que pide ambientes chicos, servicios de calidad, cercanía con medios de transporte y bajo costo de mantenimiento. Pero más allá de este análisis sectorial, el futuro de la industria está atado al destino de la macro. Una inflación controlada, tasas en baja y un dólar estable serán variables claves para determinar la vuelta del crédito. "En un país con más de 45% de inflación y tasas altas, los bancos declaran una intención clara de no apoyar el crédito hipotecario", afirman las fuentes consultadas. Agregan: "Hoy la Argentina vive otra realidad. Los proyectos en barrios hechos para créditos UVA brillan por su ausencia, porque el desarrollador no puede ensamblar las preventas con los créditos y el riesgo que ello significa en un escenario volátil".

En síntesis, los empresarios aguardan con esperanza que se implemente la exención del IVA a los proyectos de 140.000 UVA -alrededor de US$100.000- aprobada en el presupuesto nacional. Esta es una de las pocas fichas que les quedan para jugar en un año que recién arranca. Saben que no será la fiesta que se hicieron con los usados en 2017 y principios de 2018, pero al menos moverá la aguja de un sector que no se recupera de las sorpresas.

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