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Astros alineados y una hoja de ruta, el combo que pocos esperaban

Daniel Lozano
Daniel Lozano PARA LA NACION
Fuente: AFP - Crédito: Federico Parra
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31 de enero de 2019  

CARACAS.- El actual tablero estratégico venezolano asombra tanto que pareciera que se está mirando al revés. Ni los optimistas dentro del antichavismo, si es que quedaba alguno, creían que en un solo mes la iniciativa política cambiaría de bando de forma tan contundente. Sobre todo porque 2018 fue el peor año posible para la oposición: resquebrajada, dividida, sin líderes de peso, sin apoyo en las calles y, sobre todo, sin estrategia.

Incluso los aliados internacionales miraban con escepticismo a los dirigentes que se peleaban entre sí con el cuchillo entre los dientes, algunos decididos a cohabitar con la revolución de la forma más provechosa para sus intereses y otros empeñados en un bombardeo sistemático contra cualquier iniciativa para imponerse sobre tierra quemada.

"No es que la oposición cambie de estrategia, es que le aparece una estrategia sorpresivamente", matiza Luis Salamanca, antiguo rector del Consejo Nacional Electoral (CNE). "Se alinearon los astros. Diferentes elementos hicieron que la mesa estuviese servida y tuvieran que aprovecharla, como también estuvo servida en otras ocasiones y no se aprovechó de la manera correcta. Así sucedió después de las elecciones parlamentarias de 2015", añade Félix Seijas, presidente de la encuestadora Delphos.

Una hoja de ruta, más que una estrategia, trabajada en silencio durante la segunda mitad del año, amparados en la primera fecha clave de las muchas que ya tiene este pasaje inédito de la historia latinoamericana: 20 de mayo de 2018.

Aquel día, el festejo victorioso de Nicolás Maduro tras conseguir, según datos revolucionarios, más del 67% de los votos, no retumbó como en otras ocasiones. Se trató de una celebración a la fuerza, desganada. Buena parte de la comunidad internacional no reconocía ni los comicios ni sus resultados. La inmensa mayoría opositora se abstuvo ante la falta de condiciones democráticas impuestas por el chavismo.

"¿Por qué se llega a esto? Primero, porque no se participó del 20-M y porque luego se desconocieron las elecciones presidenciales. La coyuntura del 10-E [jura de Maduro] se la brinda y la decisión posterior de Guaidó cambió el panorama completo", explica Salamanca.

El liderazgo del preso político Leopoldo López , desde el encierro en su casa caraqueña, y del expresidente legislativo Julio Borges, desde el exilio de Bogotá, junto con las constantes aportaciones de sus aliados del Grupo de Lima y de Estados Unidos, fueron construyendo un escenario al que le faltaba una pieza fundamental: un nuevo presidente en la Asamblea Popular. A Voluntad Popular le tocaba proponer a su candidato, según los acuerdos de 2016. La apuesta personal de López era Guaidó, pese a ser un diputado al cual solo conocía el 3% de la población. Contra él arremetieron dirigentes moderados, sabedores de que VP buscaba acelerar el ritmo. No consiguieron su objetivo.

"Adicionalmente, desde el año pasado entonces se venían cuadrando cosas en el exterior, un trabajo que empezó a dar sus frutos de manera abierta el 4 de enero con el pronunciamiento del Grupo de Lima. Fue el primer indicio de que venía algo importante", recuerda Seijas.

El propio Guaidó mantuvo reuniones secretas en el exterior. Nadie lo creía, pero todos se equivocaban: el diputado de 35 años estaba preparado para el desafío, primero desde una ambigüedad calculada y después con una jura medida, que sorprendió incluso a dirigentes opositores, que la desconocían.

Un momento al que no se hubiera llegado si no fuera por el clamor que recorría las calles: ¡Fuera, Maduro! La cuesta de enero se hizo tan empinada para el pueblo que la multiplicación por cuatro del salario mínimo se desvaneció en unas pocas horas. Llegaron las protestas populares en antiguos bastiones chavistas. El rompecabezas incorporaba piezas que no se esperaban.

"Estaba toda esa fuerza de la gente, que empezó a sentir que había una oportunidad, que de nuevo podía ocurrir algo. Esas expectativas fueron creciendo y Guaidó las fue llenando con un discurso fresco. No es el político tradicional, no tiene ese discurso por diferentes motivos, pero se sirve bastante de eso, juega mucho a su favor", concreta Seijas, que insiste en esa "frescura" de alguien con "una esposa joven, hija, un cuadro familiar perfecto.

"Físicamente es el típico venezolano: ni gordo ni muy flaco. Es moreno, su forma de hablar no es como la de los políticos viejos, lo que hace que sea más creíble y da esa sensación de renovación y de algo completamente nuevo, fuera del liderazgo tradicional", añade Seijas.

"Hoy la oposición tiene un rumbo, pero no unidad, algo fundamental de cara a lo que puede venir. La actual coyuntura es una gran oportunidad política, para que se logre un cambio por la debilidad de Maduro y por la asfixia económica que se le está imponiendo, además del arrojo de Guaidó", sentencia Salamanca.

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