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Historias mínimas y secretos de pueblos bonaerenses

En el interior de la provincia, los vecinos de Faro y Gral. Rondeau luchan por volver a darle vida a sus poblados
En el interior de la provincia, los vecinos de Faro y Gral. Rondeau luchan por volver a darle vida a sus poblados Crédito: Anahi Testa
Julieta Bilik
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3 de febrero de 2019  

Sobre pueblos ignorados de Buenos Aires y sus historias versa el libro Desconocida Buenos Aires. Secretos de una provincia, del periodista y fundador de la ONG Proyecto Pulpería -que trabaja en la recuperación de pequeños pueblos-, Leandro Vesco.

En pocas páginas, cada capítulo se aboca a historias que transcurren en alguno de los parajes. Por ejemplo, las visitas de Jorge Luis Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares al almacén de ramos generales de Pardo, en el partido de La Flores, cerca de donde la familia de Casares tenía su estancia de veraneo Rincón Viejo; el ritual 100% italiano que significa degustar de un banquete en El Gringo Viejo, el restaurante para 30 comensales que gestiona Tito Cimarosti en el jardín de su casa en Coronel Suárez; o cómo es la vida de los 15 habitantes de Villa 7 de marzo, el último balneario de la costa bonaerense, en los albores de la Patagonia y a 35 kilómetros de Carmen de Patagones.

Además, un repaso de las pulperías más tradicionales, los restaurantes de campo que vale la pena conocer, los pueblos de costas menos conocidos y aquellos que, con las puertas abiertas, están a la espera de repoblarse.

A continuación, algo de profundidad sobre dos historias que aparecen en el compendio. Y llaman la atención.

Por la refundación de Rondeau

Cuando cerró el ramal del tren que unía Constitución con la Patagonia, la vieja estación del pueblo, que era de paso y estaba rodeada de galpones de estiba de cereal, perdió su razón de ser. Los campesinos empezaron a mudarse. Se volvió cada vez más difícil la llegada de provisiones y el traslado de los pueblerinos. Fueron desapareciendo las fuentes de trabajo y como la escuela local era solo primaria, dejaron de verse jóvenes. De a poco, la vida en Gral. Rondeau se fue apagando. La gente se mudó, las casas ostentaron vacío.

Un -fatídico- día de 2010 la escuela cerró definitivamente y el club, subsidiario de ella, también.

En 1891, cuando la estación fue inaugurada por la concesión del Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste que planeaba unir el puerto de Bahía Blanca con Río Cuarto (Córdoba) y Villa Mercedes (San Luis), la población rural en nuestro país se calculaba en cerca del 60%. Hoy, se sabe que más del 92% de los argentinos vivimos en ciudades (entendidas como poblaciones de más de 2000 habitantes). En el interín, decenas de pueblos en peligro de extinción. O extinguidos.

Dentro del partido de Puan, al sur de la provincia de Buenos Aires (casi al límite con La Pampa) está(ba) General Rondeau. Hace dos años, Jorge "Bocha" Tanoni, hijo del guarda de la estación del ferrocarril y uno de los que se crió en el paraje, tuvo la que llaman "la loca idea": quería comprar Rondeau y refundarlo.

Los amigos de la infancia lo apoyaron. Bocha logró comprar 25 hectáreas en los alrededores del club para que "no nos lo robaran". Luego, se reunió con el intendente de Puan y recibió el apoyo de la Municipalidad. La mejor estrategia era formar una ONG, que se dio en llamar Néstor Luis Montero, en honor a un amigo-vecino que fue uno de los más insistentes en mantener el pueblo con vida y que a pesar de que la escuelita estaba cerrada todavía entraba a limpiarla para que "no se viniera abajo". Desde allí todos juntos pujarían por la refundación.

Y en eso andan. En noviembre pasado organizaron la primera Fiesta Popular de Pollo al disco en la que además de almuerzo hubo baile y música en vivo. Con la intención de repetirla cada año, añoran con convertirla en Fiesta Nacional. También tienen previsto un baile zonal en marzo y una carrera de Rural Bike para abril.

Pero no son los únicos planes, la idea es mejorar la conectividad de la zona (no hay Internet y la señal de celular se vuelve intermitente por la falta de una antena), recibir en comodato los terrenos del ferrocarril para hacer un sistema de huertas y un mini parque industrial, y poner en funcionamiento en la antigua escuela un museo y una biblioteca primero y si, con el tiempo, llegaran a instalarse familias reabrirla con su misión original. Para eso necesitan entre 10 y 12 chicos.

"Mi sueño se podía hacer realidad", se emociona Bocha al otro lado del teléfono desde Laprida, la localidad bonaerense en la que vive y queda a 350km de Rondeau. Y está seguro que de lograrlo volvería al pueblo de su infancia porque, como se dice, siempre se llega tarde a la niñez.

Juntos somos más

Cuando baja el sol Patricia Beliz empieza su día de trabajo. Es que aprovecha el respiro que brindan las noches de verano para trabajar en su huerta orgánica, o "de campo", como le gusta llamarla. Desde hace cuatro años vive en Faro, una localidad que se encuentra a la altura del km 585 de la Ruta Nacional 3, pero un poco más adentro tras un tramo de ripio por la ruta provincial 72.

La antigua estación de Faro, en vías de recuperación
La antigua estación de Faro, en vías de recuperación Crédito: Anahi Testa

Hasta entonces trabajaba en Bahía Blanca como enfermera en psiquiatría. Pero ella y su marido, Daniel Tonelli, sentían mucho el stress. Él trabajaba como analista de sistemas. "Ya teníamos decidido renunciar y buscar otro lugar donde vivir. Teníamos una casa cerca de Sierra de la Ventana, en Villa Serrana La Gruta y si bien el lugar nos encanta no encontrábamos la forma de generar un trabajo o una forma de sustentabilidad para poder radicarnos ahí. Es mucho más turístico y no se nos daba para hacer huerta orgánica y cambiar el hábito de comida que era lo que estábamos buscando. De casualidad, una pareja amiga se vino para acá y empezamos a venir los fines de semana. Cuando se nos dio la oportunidad compramos el terreno y de a poco empezamos a construir nuestra casa".

En Faro hay 14 habitantes que, juntos, se proponen refundar el pueblo. Y de a poco, lo están logrando. Con la ayuda del municipio de Coronel Dorrego, que queda a 20 kilómetros, consiguieron recuperar la Estación-Museo y ofrecen comidas "con gusto a campo". Corderos a la cruz, paella y otros platos con las verduras orgánicas de la huerta y las frutas que maduran en sus propios árboles, son las excusas con las que reúnen hasta a 80 comensales que vienen desde otros parajes de la zona.

La Asociación Comunidad de Faro (con una página en Facebook homónima en la que se puede chequear la agenda de eventos) está conformada por los vecinos del pueblo quienes además de mantener la estación-museo sueñan con armar una pulpería en la entrada del pueblo para vender sus productos: aceite de oliva, aceitunas, pollos y huevos de campo, y, por supuesto, las hortalizas de Patricia que, como está empezando a oscurecer corta la comunicación para volver a su tarea diaria en la huerta que tantos frutos le ha estado dando.

Más información

Desconocida Buenos Aires. Secretos de una provincia fue editado por El Ateneo, tiene 285 páginas y prólogo de Mario Markic. Cuesta $450. Durante lo que queda del verano Leandro Vesco, su autor, recorrerá pueblos de la provincia para presentarlo. Para seguir su itinerario, se puede consultar su perfil de Facebook.

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