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Cinéfilos contra viento y marea

Mariano Vespa
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3 de febrero de 2019  

Mercedes Orden, editora de la revista Caligari, y Giuliana Nocelli, integrante del colectivo Mujeres Audiovisuales La Plata
Mercedes Orden, editora de la revista Caligari, y Giuliana Nocelli, integrante del colectivo Mujeres Audiovisuales La Plata Crédito: Fotos de Fabian Uset, gentileza Incaa

En algún momento, Emmanuel Báez sintió el peso de la rutina en sus estudios en comunicación audiovisual. En Paraguay, un porcentaje muy alto de las películas que circulaban eran hollywoodenses. El impulso de un profesor, que le sugirió que le prestase atención a Akira Kurosawa, lo llevó a leer sobre producción cinematográfica y conocer los límites de un director. "Vi todas las cosas que él hacía para completar su visión: cómo agotó el agua de su pueblo para hacer Rashomon, cómo obligó a los actores de Los siete samuráis a que vivieran un mes en harapos. No me imaginaba que un director pudiera hacer cosas antiéticas para filmar su película", dice, mientras exhibe el tatuaje el estandarte de los samuráis en su brazo.

Aquel momento-descubrimiento fue decisivo: tenía la necesidad de trasladar en palabras vivencias de ese tipo y compartirlas. Daniel Ángeles también sintió una marca perceptiva contundente. Oriundo de un pueblo a cien kilómetros de Ciudad de México, en su barrio proyectaban "cine de ficheras", un género popular melodramático de los años setenta, que retrataba todo lo que sucedía en la nocturnidad y los bajofondos. Acostumbrado a films circulares, concebidos para entretener, la película Él (1952), de Luis Buñuel, lo movilizó no solo a la escritura del ensayo cinematográfico, sino también a sus constantes reflexiones sobre el tiempo: "En el momento de estar escribiendo sobre cierta cinta o cierto director, lo hago para entender acerca de lo que veo, para tener más claro lo que pienso", asegura.

Emmanuel y Daniel, junto con Mercedes Orden, Lucas Granero (ambos de Buenos Aires), Giuliana Nocelli (La Plata), Ramiro Sonzini (Córdoba), conformaron el primer cohorte del Taller de Crítica y Jurado Joven, organizado por el Incaa, que se desarrolló en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. "Los críticos se autoforman, son de una raza silvestre -dice Quintín, uno de los docentes del curso, junto a Chiara Marañón, programadora de Mubi-. En una época se podía decir que eran cineastas frustrados, pero ahora ya no existen los cineastas frustrados. Entonces, ante ese deseo de crítica, que es difícil saber de qué patología proviene, talleres como este contribuyen a que cada uno encuentre su voz, su estilo, pero fundamentalmente sirve para que se les dé una devolución de su trabajo, algo que se les hace poco a los cineastas, pero mucho menos a los críticos." La propuesta estuvo conectada con el Talent Press, una iniciativa del Festival Internacional de cine de Berlín que reúne, también en ciudades como Sarajevo, Durban, Tokio, Guadalajara, Beirut, 60 participantes de distintas disciplinas ligadas al cine con el fin de promover el intercambio y los debates en relación al panorama reciente. La consigna de este año remitió al film Tarde para morir joven, de la chilena Dominga Sotomayor.

En el libro Adiós al cine, bienvenida la cinefilia, traducido por el sello Monte Hermoso el año pasado, el crítico norteamericano Jonathan Rosembaum considera que los cambios en la cultura cinematográfica no deben ser analizados desde la desolación, sino a partir de su carácter dinámico y homeostático: "Si comenzamos a pensar la cinefilia menos como un interés especializado que como un tipo de necesidad -una actividad que hace cosas que de otro modo serían imposibles-, empieza entonces a tornarse real la posibilidad de concebir un nuevo tipo de cinefilia en la cual el cine, en el viejo sentido, no desaparezca exactamente, pero sí se reconfigure (algo que, después de todo, ha sucedido con cierta constancia a lo largo de toda la llamada "historia del cine"). Giuliana, docente, realizadora y parte del colectivo Mujeres Audiovisuales La Plata, entiende la cinefilia como "la pulsión de ver películas todo el tiempo, pero también de reflexionar sobre ellas. Es ahí donde las obras no terminan, sino que abren la posibilidad de seguir pensándolas. La escritura, por lo tanto, contribuye al autoentendimiento y a la vez, permite impulsar un intercambio analítico.

Ramiro Sonzini y Lucas Granero, de La vida útil, una fusión del blog porteño Las Pistas y el sitio cordobés Cinéfilo
Ramiro Sonzini y Lucas Granero, de La vida útil, una fusión del blog porteño Las Pistas y el sitio cordobés Cinéfilo Crédito: Fotos de Fabian Uset, gentileza Incaa

El hiato que genera la ubicuidad teórica de las universidades se complementa con el diálogo colectivo. Mercedes, editora de la revista Caligari, recuerda una escena aislada, que ilustra la dificultad que tenía mientras estudiaba Comunicación Social de encontrar interlocutores cinéfilos. "Solía leer en el bar y cada tanto se acercaba un señor muy charlatán. Vio que tenía un libro de Tarkovsky y me preguntó cuál era la película que para mí reunía todos los elementos. Nunca me lo habían preguntado. La primera que se me vino a la mente fue Hiroshima mon amour (1959), de Alain Resnais, porque siempre me gustó la poesía y sentía que condensaba muchas cuestiones: la fotografía, el guion de Marguerite Duras, el archivo histórico". Pese a la hegemonía de los dispositivos, espacios in praesentia como los festivales y ciclos fortalecen los vínculos y retroalimentan la cinefilia. Fruto de esos encuentros surgió la revista digital La vida útil, resultado de la fusión del blog porteño Las Pistas y el sitio Cinéfilo, que también funciona como cineclub en Córdoba capital. Desarrollar la cinefilia como forma de aprendizaje, para Ramiro, uno de los editores de La vida útil junto con Lucas, implica construir nuevos entornos de interacción: "Ver películas, programar sobre películas y escribir sobre películas estuvo completamente relacionado a generar comunidad. Esas tres actividades se desprendieron de conocer a alguien que me hiciera conocer algo. El gesto de compartir es el germen de una comunidad; cuando se hace sistemáticamente y tenés un espacio físico donde se desarrolle, como nosotros lo tenemos en Córdoba, permite generar una cinefilia social".

Como si fueran detectives salvajes, los críticos se forman entremedio y a partir del vértigo de las listas. Lectores curiosos y expansivos, intentan ampliar el espectro más allá de lo meramente diegético. En esos recorridos, se perciben las influencias, decisivas en relación a la vocación creativa. Todos mencionan las piezas de Roger Koza, ya sea en su blog, en revistas, en catálogos, o en su inquieta actividad como presentador o programador, como un estímulo que los moviliza. "Es difícil escribir crítica -aclara Lucas-, pero en la revista El Amante encontré a Diego Trerotola y noté que podía hacerlo. Me parecía el más creativo, por las cosas que mezclaba, una forma punk de ver el cine con ideas de plasticidad y elementos externos y llenarlo de referencias. Gracias a él, me topé con teóricos de cine más bien experimentales, como Parker Tyler o Jonas Mekas, que me llevan a una crítica más impresionista".

En muchas ocasiones, determinados descubrimientos se filtran en el lenguaje, el tono y el modo de pensamiento que se construye alrededor de las críticas. Giuliana menciona el ethos de Godard y de Agnès Varda, pero también recupera a José Val del Omar, cineasta fotógrafo e inventor madrileño, "que es poco explorado, encontré una política visual y una forma narrar que conlleva reflexiones filosóficos. Cuando vi eso, me dieron ganas de escribir de otras formas".

Toma de posición

En un contexto donde los consumos se retraen hacia la individualidad, la crítica necesariamente debe poner en juego cruces y discusiones. Ramiro recuerda una anécdota que sucedió en el primer Encuentro Internacional sobre la Crítica Cinematográfica, organizado por Koza en 2010, con Rosenbaum como principal invitado. "Fuimos a un taller que daba Quintín. Vimos la película de Howard Hawks El sueño eterno, donde Humphrey Bogart cruza la calle y mira al cielo; y en una crítica, Manny Farber -un tipo que escribió antes del reconocimiento de André Bazin-, dice que ese es uno de los mejores momentos del cine norteamericano de los 40 porque era un gesto arbitrario que no respondía a ningún tipo de lógica y era la semilla de la libertad que tenían estos cineastas. La realidad es que Bogart mira para arriba porque escucha un trueno, lo que hace que la teoría de Farber sea un furcio, pero la moraleja es que a pesar de que Farber se equivocó, como crítico tenía razón porque lo que hacía era generar la posibilidad de ver las cosas de una nueva manera, y esa es la virtud de los grandes críticos".

Emmanuel Báez (Paraguay) y Daniel Ángeles (México) integraron el Taller de Crítica y Jurado Joven que organizó el Incaa en el Festival de Cine de Mar del Plata
Emmanuel Báez (Paraguay) y Daniel Ángeles (México) integraron el Taller de Crítica y Jurado Joven que organizó el Incaa en el Festival de Cine de Mar del Plata Crédito: Fotos de Fabian Uset, gentileza Incaa

Farber, que se dedicaba a la escritura y a la pintura, publicó un solo libro en vida, Negative Space. Post mortem se editó un volumen que reúne todos los textos que escribió durante 40 años. En 1971, Anagrama publicó diez de esos ensayos traducidos. El sello Monte Hermoso propone ahora reeditar esos diez artículos, junto a otros 50 nunca traducidos. Antes, en febrero, saldrá una publicación de los textos de Olivier Assayas, reconocido director de Irma Vep y Personal Shopper, un referente para los críticos tanto en su perspectiva artística como en sus incursiones teóricas. Ese gesto demuestra que promover y acompañar una nueva cinefilia significa una puesta en valor de distintas disciplinas de un campo vastísimo como lo es la cinematografía. El Festival de Mar del Plata es un referente en ese tipo de incursiones, desde la programación, o en la designación de los jurados principales, como sucedió en la última edición con Luis Miñarro, que ha impulsado un cine español indie y ha producido películas de Apichatpong Weerasethakul, Aki Kaurismaki y Naomi Kawase, por citar algunos. Esa actitud alternativa respecto del mainstream ha sido un escollo tanto para Emmanuel y Daniel, que comenzaron a incursionar en la crítica durante el boom de los blogs autorreferenciales. Tanto en Paraguay como en México, con sus variantes, la vorágine comercial y algorítmica ha ocultado cualquier esbozo analítico sobre la contemporaneidad.

A la vez, el festival acompañó las demandas feministas, a partir de los foros sobre género y la iniciativa de mayor inclusión para las realizadoras mujeres. En ese sentido, Giuliana reflexiona: "La participación de la mujer en el medio audiovisual en general o en la crítica en particular ha sido minoritaria por temas más complejos y difíciles de abordar en una respuesta escueta. Se están viendo algunos de los frutos de tantos años de luchas femeninas, y me enorgullece verlo. En la actualidad, conozco muchas mujeres escribiendo críticas de cine, filmando, haciendo podcast y reflexionando sobre el lenguaje audiovisual".

Los cánones cíclicos

La premisa de la plataforma Mubi, que este año brinda acceso gratuito, es combatir el paradox of choice, es decir la sobreoferta de producciones que tienen otros servicios on demand, por lo que propone una selección de 30 títulos en una ventana temporal reducida. Como señala el crítico de arte David Balzer en el flamante libro Curacionismo (la marca editora), vivimos en un momento donde el rol del curador es prominente. Con mayor o menor escala y alcance, los críticos influyen, como si fueran curadores, en la definición de un canon. La internacional cinéfila, encuesta colectiva que desarrolla Roger Koza desde 2011 y nuclea a distintos agentes del sector, sumado al balance que propone La vida útil, con los testimonios de los críticos jóvenes mencionados, atestiguan esos mapeos heteróclitos, con opiniones que subrayan al cine como una experiencia única.

En Adiós al cine..., Rosenbaum cita una suerte de manifiesto que tiene el director Travis Wilkerson: "El nuevo cine solo puede existir en un estado tan (in)acabado e incompleto como el mundo que pretende reflejar y enfrentar. [...] No se identifica ni con la ficción ni con el documental. De igual modo, tampoco se interesa en el género, que solo es útil para los agentes del comercio. [...] Por encima de todo, mientras estudia lo viejo, crea lo nuevo". La cinefilia actual incentiva la rigurosidad, pero a la vez se deja llevar por cuestiones románticas. "Está buenísimo contar con la disponibilidad e inmediatez de internet, pero la experiencia de ver algo en fílmico es insuperable. Es más, a veces ni siquiera se trata del formato en el que se proyecte, sino de la proyección en sí, ver las películas en una sala, con gente alrededor, sabiendo que estamos todos ahí por lo mismo. Pero tampoco quiero sonar tan conservador porque las formas de ver cine hoy son tantas y tan variadas que cerrarle la puerta a eso es un poco cruel. Finalmente, lo que uno más quiere es que las películas se vean", afirma Lucas, como un modo de definir a una generación que entiende a la crítica como un salto de fe.

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