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Belleza: por qué está bueno usar productos en gel

La cosmética en gel trata el rostro de una manera más líqueda sin que sus principios activos pierdan efectividad.
La cosmética en gel trata el rostro de una manera más líqueda sin que sus principios activos pierdan efectividad. Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Shutterstock
Noelia Veltri
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7 de febrero de 2019  • 12:59

Seguramente ya los viste en alguna farmacia o free shop, cada vez hay más productos en gel. Algunos hablan de la cosmética watery por lo liviano de las fórmulas y la sensación de no estar poniéndose nada. ¿Están buenos? ¿Son mejores que las cremas más lechosas? En primer lugar, tanto las cremas como los geles son formulaciones. Esto quiere decir que son los vehículos por los cuales un principio activo sale del envase y penetra en nuestra piel. El o los principios activos que tenga una fórmula son lo importante a la hora de pensar en un producto humectante, un protector solar, un revitalizante o un maquillaje, y no tanto el medio por el que llegan a nuestra piel (que puede ser gel, crema, pomada o polvo), porque eso depende más de un tema de gusto, de tendencia y, por supuesto, de recomendación médica.

Como pasa con muchas otras industrias, la de la belleza y cosmética va mutando en función de los intereses y gustos de las consumidoras (y los consumidores también, porque recordemos que el segmento "cosmética masculina" cada vez crece más).

Entonces, desde este punto de vista, podemos decir que la tendencia de que cada vez haya más productos en gel es eso, una tendencia, una moda. Una moda que cobra mayor fuerza en verano, cuando el calor agobiante los convierte en universalmente preferidos.

Las ventajas

  • Son fácilmente adaptables a todo tipo de piel.
  • Son frescos e ideales para el verano, época en la cual, si pensamos en ponernos una crema pesada, morimos de calor todavía más. Y, de hecho, si te ponés a pensar, la mayoría de los postsolares vienen en gel porque lo que necesita una piel quemada por el sol es refrescarse.
  • Además, se absorben rápido, y por eso después de aplicarlos no tenés que estar una hora caminando por casa "en modo ventilación" y esperar para ponerte la ropa.
  • Otra buena de los geles es que tienen lo que los profesionales llaman "buena extensibilidad". Esto quiere decir que una vez aplicados permiten cubrir una mayor cantidad de piel porque se esparcen fácilmente.

La fórmula

Los geles son sistemas dispersos formados por una fase líquida (o solvente) y una fase sólida (o soluto) a las que se añaden sustancias coloidales (agente gelificante), lo que les confiere las propiedades de los semisólidos.

Según el solvente, los geles se clasifican en: hidrogeles (cuando el solvente es agua desionizada), oleogeles (cuando el solvente es un aceite o una mezcla de componentes oleosos) e hidroalcohólicos (cuando el solvente está constituido por mezclas hidroalcohólicas). Este último es el más astringente de los tres.

También están los serums o sueros, que entran en la categoría de geles y que también están proliferando mucho. Se trata de una consistencia intermedia entre un gel y una crema que, además de ser muy ligera, puede ser vehículo de principios activos con concentraciones muy altas como la vitamina C o el ácido hialurónico.

La piel

Aunque están indicadas para cualquier tipo de piel, al ser las texturas que menos lípidos contienen (2-3%) y al no tener tensioactivos (también llamados surfactantes o emulcionantes), son ideales para las más sensibles; perfectas para pieles sensibles mixtas o grasas, las sensibles secas pueden complementarlo con algún aceite.

¿Por qué está bueno para las grasas? Las pieles con mayor oleosidad no necesitan una hidratación constante, ni siquiera en verano. Alcanza con aplicar crema hidratante por la noche, que es cuando mejor se regenera la piel. La textura liviana, más fluida, de los geles es la mejor porque brinda hidratación prolongada sin necesidad de reaplicar y no deja residuos grasos ni brillo extra en la piel.

La rutina

Si tenés piel grasa, además de gelificar tu batería de cremas, tenés que sumar a tu rutina algunos hábitos que van a ayudarte a eliminar brillos y oleosidad.

  1. Limpiá tu rostro antes de dormir y por la mañana, todos los días (olvidate de los bifácicos, elegí aguas micelares o jabones con antiséptico).
  2. Después de eso, aplicá un hidratante en gel (también puede ser un serum).
  3. Por último, ponete protector solar en gel todos los días. También podés optar por el protector solar en polvo.
  4. Exfoliá una vez por semana, cada quince días o con el intervalo que te indique tu dermatóloga.
  5. Si te maquillás, usá productos en gel o polvo matificante.

Expertas consultadas: Dra. Irene Bermejo. Médica dermatóloga. Dra. Verónica Muchnik. Médica dermatóloga.

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