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Homenaje a la clase media argentina

Alejandro Poli Gonzalvo
Alejandro Poli Gonzalvo PARA LA NACION
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5 de febrero de 2019  

Nuestros padres y abuelos vinieron desde los arrabales del mundo. Apenas tenían vagas noticias de una tierra remota en los confines del sur de América o los animaba el llamado de algún pariente que había emigrado empujado por la pobreza y por la ilusión de cambiar su destino. Con el tiempo fueron millones detrás de una consigna, "hacer la América", que llegaron a representar el mayor porcentaje sobre la población local conocido en Occidente.

Antes que ellos, estaban los criollos, un puñado de orgullosos descendientes de los hombres y mujeres de España que habitaban una geografía vacía, a la que llamaban con temor y respeto "el desierto", cuyo linaje se fusionó con los pueblos nativos y los llevó a luchar juntos por la independencia y por forjar una nación unida donde solo existían ciudades y provincias lideradas por caudillos. Su carta magna fue la Constitución de 1853, la que organizó la Argentina moderna y dio nacimiento a un espléndido proyecto de futuro, abierto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo.

Todos ellos, con su sudor y su trabajo, crearon la Argentina moderna, en la que el desierto fue el granero del mundo y la educación el valor supremo.

La singularidad poblacional argentina nació entonces como la urdimbre de una nación de raíz irreductiblemente latina, que fue fecundo territorio de encuentro entre la vieja civilización europea y la joven savia de la cultura sudamericana, y se sustentó en las magnitudes y en las formas urbanas en que se dio la inmigración, pero por sobre todo, en el modo que la sociedad que se abría al mundo fue capaz de decantar a propios y extraños, en un modelo de integración social, cuyo eje fundamental era el proyecto de vida futura que convocaba y entusiasmaba a todos por igual, y cuyo desenvolvimiento efectivo constituyó la matriz del pueblo argentino.

En ese tiempo comenzó a nacer la clase media argentina. Fueron sus integrantes los que contagiaron la pasión por la cultura, cuyo núcleo principal palpitaba en Buenos Aires y Córdoba, fueron ellos los que lucharon con el radicalismo por traer la democracia a la república y fueron también sus hijos en ascenso social, al calor de una generosa movilidad social, los que dieron impulso al peronismo, buscando sumarse a sus filas. Desde entonces, fueron defraudados muchas veces. Pero nunca dejaron de trabajar y de educar a sus hijos en los valores de sus padres y abuelos. No importaba si sus familias eran cuarta o quinta generación argentina o recién llegados de ultramar. Los unía los valores del esfuerzo personal y el amor por la patria común.

Esa fue la clase media que se opuso a dictaduras y populismos y la que alumbró el triunfo de Alfonsín y el regreso de la democracia. La misma clase media que es y será un dique contra todo intento hegemónico que ponga en riesgo la libertad y la democracia.

Por eso, le rendimos homenaje en esta hora que nuevamente es puesta a prueba, a una dura prueba donde soporta sobre sus hombros enflaquecidos la carga de sostener un economía desvariada por décadas de populismo. Emociona ver cómo no se rinden ante los problemas, cómo siguen soñando lo mejor para sus hijos, abandonados por un Estado que solo les reclama sacrificios y casi no les brinda ningún beneficio.

A pesar de sus penurias, son solidarios con los que menos tienen y creen en la democracia a capa y espada. Se quejan con razón, pero se levantan temprano cada día y hacen viajes interminables por el conurbano para ir a trabajar y sostener a sus familias. Sin embargo, no se le puede pedir a la clase media que su tolerancia sea eterna. Ha madurado y no cree en los cantos de sirena de políticos que la invocan para ganar elecciones y luego se olvidan de sus problemas y de sus angustias por llegar a fin de mes y cumplir con sus obligaciones. No piden soluciones inmediatas o mágicas, lo que piden es compartir un sueño de cara al futuro, ser convocados por sus líderes con el fuego sagrado de las grandes epopeyas. Anhelan apasionarse por el futuro, sentir el entusiasmo que precede a los momentos de gloria en la historia de una nación. Quieren creer que es hora de "hacer la Argentina" y cumplir con el legado de sueños y esperanzas de sus mayores. O, lo que es lo mismo, quieren creer que en un día no muy lejano la clase media sea el patrón de equidad social de todos los argentinos.

Miembro del Club Político Argentino

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