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Humedales y cambio climático

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5 de febrero de 2019  

El 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, en conmemoración de cuando se firmó, en Ramsar (Irán), el tratado intergubernamental para la conservación y el uso racional de esos sitios. La celebración se enmarca, cada año, en una temática distinta. La de 2019 corresponde a "Humedales y cambio climático" y es apropiada para lo que ocurre en nuestro país: debido a un régimen de lluvias que el mes pasado cuadruplicó los promedios históricos, al menos 2 millones de hectáreas del norte y del Litoral están inundadas. La situación es tan grave que el Gobierno declaró la emergencia y el desastre agropecuario en Santa Fe, Corrientes, Chaco y Santiago del Estero.

Las lluvias abundantes y consecutivas son el principal factor de estas inundaciones; sin embargo, la pérdida de bosques y el uso productivo de terrenos inundables hacen que un fenómeno natural sea más extremo y genere consecuencias graves.

Los humedales son áreas que permanecen en condiciones de inundación o, por lo menos, con suelos saturados con agua durante largos períodos. Si bien en este término incluye una amplia variedad de ecosistemas, todos los humedales comparten una propiedad primordial: el agua, que juega un rol fundamental en la determinación de su estructura y funciones ecológicas. Pueden mencionarse, entre tantos emblemas, a los Esteros del Iberá, en Corrientes; las turberas de Tierra del Fuego; el bañado La Estrella; la Reserva Ecológica Costanera Sur, en la ciudad de Buenos Aires, y la Reserva Natural Provincial Santa Catalina, en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora.

La Argentina cuenta con 23 humedales de relevancia internacional, que se estima que ocupan unos 5.700.000 hectáreas.

Los humedales son reservorios de diversidad biológica y fuentes de agua y productividad primaria de las que innumerables especies vegetales y animales dependen para subsistir y brindan enormes beneficios: desde suministro de agua dulce, alimentos y materiales de construcción, y biodiversidad, hasta control de crecidas, recarga de aguas subterráneas y mitigación del cambio climático.

Es importante resaltar que gran parte del agua que se acumuló en el norte de Santa Fe proviene de Chaco y Santiago del Estero, donde, junto a Salta, la deforestación sigue alcanzando índices altísimos. Es simple: el agua que absorbían habitualmente los bosques corre ahora libremente.

Según el último monitoreo de bosques nativos de la Secretaría de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable, en los últimos diez años, en Santiago del Estero se desmontaron 1.026.677 hectáreas y, en Chaco, 404.896.

En otros casos, los problemas derivan de haber avanzado con urbanizaciones que no están en consonancia con el medio. Un gran porcentaje de los humedales bonaerenses, por ejemplo, fue ocupado por urbanizaciones barriales instaladas sobre el relleno de zonas que anteriormente actuaban como "esponjas". La ausencia de pendientes también impide el rápido escurrimiento.

Distintas ONG enfatizan la necesidad de contar con una ley que brinde un marco institucional para la conservación de estas superficies. En dos oportunidades, los proyectos de ley presentados en el Congreso de la Nación obtuvieron solo la sanción de una de las cámaras y luego fueron rechazados, en parte, por falta de una clara definición sobre estos ecosistemas que contemple también los legítimos intereses de sectores como el agropecuario y el inmobiliario.

La función regulatoria de los humedales frente a los graves efectos del calentamiento global torna impostergable la sanción de una norma que implemente una política nacional de conservación, presupuestos mínimos y manejo sustentable de humedales para evitar que se sigan degradando. De este modo, se podrá determinar, a nivel nacional, qué se puede o no hacer en estas áreas para no perjudicar el ambiente, considerando los efectos del establecimiento de familias o producciones en zonas inundables y evitando quebrantos económicos que en poco contribuyen a la prosperidad del país.

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