Biografía de una intelectual polémica

MARTA TRABA. UNATERQUEDAD FURIBUNDA Por Victoria Verlichak-(Univ. Nac. de Tres de Febrero - Fundac. Proa)-312 páginas-($ 20)
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31 de julio de 2002  

Esta extensa biografía de Marta Traba, que Victoria Verlichak con precisión subtitula Una terquedad furibunda , está surcada del comienzo al fin por una alta carga de admiración. Sin duda, el texto tiene una doble dimensión: además de la indagación documental acerca de la vida de esta escritora, crítica de arte, profesora universitaria y polemista notable, Verlichak se ha propuesto trazar la historia de "una mujer extraordinaria, pero felizmente real".

Marta Traba, nacida en la Argentina en 1923, desarrolló su intensa tarea intelectual en buena parte de Latinoamérica. Su obra, por cierto extensa, abarcó 22 volúmenes de crítica e historia del arte y más de 1.200 textos periodísticos y ensayos dedicados a las artes visuales, además de siete novelas, un libro de poesía y dos de cuentos. (En Buenos Aires sólo llegó a publicar un libro de poemas que "prefería olvidar", Historia natural de la alegría , en 1952, y la novela Las ceremonias del verano , en 1966). Traba dictó cursos y seminarios en más de 25 universidades del continente, fundó un museo, una revista, una galería y una librería.

Verlichak señala cómo en la obra de ficción de Traba -que hacia el final de su vida afirmaba que prefería ser recordada como novelista- se filtran siempre no sólo datos de su biografía, sino también el clima de "una América querida y exasperante, maravillosa y aterradoramente desigual". Aun así, aunque seguramente Conversación al sur (1981) permanecerá, su trabajo crítico "fue crucial para el crecimiento y la difusión de las artes visuales del hemisferio".

Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, 1950-1970 (1973), su ensayo más importante, tiene una cierta visión marxista típica de la época. Como señala Verlichak, en ese trabajo Traba dejó en claro, de una vez y para siempre, su postura "frente al colonialismo cultural y contra el aplanamiento de las diferencias". Su propuesta clave era crear una "cultura de la resistencia", para que el artista latinoamericano "encuentre el secreto de su supervivencia al redescubrirse Ôeterno creador de mitos´, rechazando el supuesto y falaz Ôpunto muerto´ de las artes plásticas". En esa dirección, descalificaba tanto el indigenismo como el arte cinético, el arte conceptual, el muralismo mexicano y el pop del Instituto Di Tella.

El libro atiende con minucioso detenimiento las primeras etapas de la vida de Marta Traba: las relaciones familiares, las casas habitadas, los estudios de Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó en 1944, y su inclinación por la crítica de arte, en la que se inició escribiendo en el Anuario Plástica . Luego se vinculó con la Asociación Ver y Estimar y con su fundador, Jorge Romero Brest, con quien años después se enfrentaría sin piedad, por su presunta "irresponsabilidad" de anunciar "que el arte ha muerto y que las vanguardias balbucean metalenguajes". En el arte argentino, rechazó a Le Parc, Seguí, Grippo, Kemble y Paksa (entre muchos otros). Como advierte Verlichak, con esa óptica perdió la oportunidad de comprender la obra de conceptuales como León Ferrari, Liliana Porter y Juan Carlos Romero.

Marta Traba partió hacia Europa en 1948; no pensaba retornar a la Argentina, entre otras cosas, "porque no le gustaban los argentinos". Volvió poco después, en 1950, acompañada por su marido, el colombiano Alberto Zalamea, a quien había conocido en París. En 1953 se fue definitivamente y se instaló en Chile. El próximo destino fue Roma; luego, Caracas. Llegó a Colombia en 1954. Aunque lograr el reconocimiento como crítica de arte en Bogotá no le fue fácil, fue en ese país donde alcanzó mayor prestigio. Comenzó publicando Seis artistas colombianos (1963) y Los cuatro monstruos cardinales (1965), dedicado al inglés Bacon, el mexicano Cuevas, el francés Dubuffet y el norteamericano De Kooning. Apostaba sin dudar a la pintura figurativa.

Luego de 16 años de matrimonio, Traba se separó de Zalamea. En esa época llegó a ser directora del Museo de Arte Moderno, pero no alcanzó a ver terminada su obra. En 1964 estuvo a punto de ser expulsada de Colombia (era extranjera) por "alentar la subversión" con su conferencia "La cultura de la incultura en Colombia". Finalmente, se fue de ese país en 1969.

Viajó a Montevideo, primera etapa de su convivencia con el historiador uruguayo Angel Rama. El peregrinaje continuó casi sin pausa, los destinos fueron Cuba; Puerto Rico, donde enseñó; México, cuyo muralismo despreció tanto como admiró a Cuevas. También pasó por Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En 1973 se instaló con Rama en Caracas. Como recuerda Verlichak, entró demoliendo al "santo laico que era (Jesús) Soto". Nunca se acostumbró a vivir en la capital venezolana; la crítica brasileña Aracy Amaral recordó que Traba estaba "amargada con relación a Venezuela, y resentida contra el ambiente local luego de su riquísima experiencia colombiana".

Finalmente, en enero de 1983 obtuvo la ciudadanía y el documento colombianos. Pero estuvo poco tiempo "en casa", debió viajar a París a comienzos de marzo. El retorno a Bogotá se fijó para el 26 de noviembre del mismo año. Se embarcó en un avión de Avianca, junto con Angel Rama y dos escritores, el peruano Manuel Scorza y el mexicano Jorge Ibargüengoitía. El vuelo fue tranquilo pero la máquina se estrelló cerca de la pista de aterrizaje, en las cercanías de Mejorada del Campo (España), a ocho kilómetros de Madrid. En 1984, después del fatal accidente en el que murieron los cuatro intelectuales, se publicó en Colombia su novela En cualquier lugar , una historia del exilio.

Para escribir esta excelente biografía, Victoria Verlichak debió explorar textos, libros, documentos, imágenes, todo lo que parecía perdido y olvidado. Viajó, visitó a los amigos, los colegas y los familiares, quizá exasperando su memoria. Finalmente, logró una historia apasionante que admite varias lecturas: la historia de Marta Traba, una intelectual latinoamericana apasionada e irreverente, que vivió siempre en el exilio, arrancada del lugar de origen; la historia de la primera mirada crítica global sobre el arte latinoamericano, a pesar de los errores e incomprensiones; la historia de una época, en extremo difícil, de Latinoamérica.

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