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El Museo El Prado, una de las joyas de España, celebra su bicentenario

Una de las salas de El Prado, inaugurado en la edad de oro de la expansión museística europea
Una de las salas de El Prado, inaugurado en la edad de oro de la expansión museística europea
Seña de identidad de la cultura de la península, es un verdadero polo de atracción; recibe unos tres millones de personas al año, de las cuales el 60% son extranjeras
Raphael Minder
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8 de febrero de 2019  

MADRID.- El Prado no fue diseñado para ser uno de los principales museos de arte del mundo. Pero esta temporada, al celebrar sus 200 años, el museo nacional de España podrá jactarse de recibir casi tres millones de visitantes al año atraídos por una de las mejores colecciones de cuadros de Europa.

En la década de 1780, el entonces rey Carlos III de España comisionó la construcción de un museo de ciencias naturales que celebrara el espíritu del iluminismo. Pero tres décadas más tarde llegó al trono su nieto ultraconservador Fernando VII, quien puso fin a esas ideas. "Lo que quería Fernando VII era un lugar donde poder lucir el valor de sus cuadros y no hacer contribuciones al progreso científico", dice Javier Portús, curador de la muestra que celebra el bicentenario de El Prado. "La ironía es que El Prado abrió sus puertas en un período claramente regresivo del pensamiento en España", agrega Portús.

La exhibición, que se inaugurará el 10 de marzo y lleva el nombre de "Un lugar de memoria", muestra que desde un principio El Prado tuvo que navegar por las turbulentas aguas de la política española, desde que el país era una potencia colonial, pasando por la Guerra Civil, la dictadura de Franco y la democracia actual.

El Prado nunca fue ajeno a la agitación interna de España, en especial durante la Guerra Civil de la década de 1930, cuando los cuadros fueron retirados del museo y llevados a un refugio seguro en Suiza.

En otros momentos, la agitación terminó beneficiando al museo. En la década de 1930, para ayudar a pagar la deuda pública de España, los monasterios del país fueron expropiados junto con todas sus obras de arte y algunas de esas obras luego terminaron en la colección de El Prado, declarado museo nacional en la década de 1870.

Pero a lo largo de dos siglos de fluctuaciones políticas, El Prado conservó su lugar como símbolo del acervo cultural de España. "Creo que El Prado representa la mejor imagen de España, porque es un lugar que de alguna manera siempre ha logrado mantenerse por encima de las divisiones políticas", dice Antonio Muñoz Molina, escritor y miembro de la Real Academia Española.

El Prado fue inaugurado en la edad de oro de la expansión museística en Europa. El Louvre abrió en París en 1793; el Rijksmuseum de Ámsterdam, en 1800, y la Galería Nacional de Londres, en 1824. Pero muchos visitantes "se sorprenden al enterarse de que El Prado tiene apenas 200 años, porque siempre piensan en su gran colección de cuadros del siglo XVI", dice Taco Dibbits, director del Rijksmuseum. Entre los tesoros de ese período se cuentan los retratos hechos por Tiziano y otros artistas del emperador Carlos V, cuyos dominios se extendían sobre gran parte de Europa Occidental, desde Flandes, lugar de nacimiento del emperador, hasta España occidental, donde murió. Esos retratos formaban parte de la colección real española y terminaron en El Prado.

"Un lugar de memoria", la exhibición del bicentenario, hace foco en algunos de los muchos pintores extranjeros que visitaron el museo para descubrir la pintura de Diego Velázquez y de otros grandes maestros españoles. Entre esos visitantes se destacan artistas como el francés Édouard Manet y los estadounidenses William Merritt Chase y John Singer Sargent, quienes no solo dejaron sus nombres en el libro de visitantes, sino que también copiaron o incorporaron en sus propias pinturas todo lo que habían admirado y aprendido en Madrid.

La muestra destaca los períodos más innovadores y brillantes del museo, como el de la Segunda República, a principios de los años 30, cuando El Prado jugó un papel crucial en un programa que acercó la cultura a los ciudadanos comunes.

A través de aquella iniciativa, una exhibición itinerante llevó copias de las obras maestras de El Prado a más de 170 localidades de toda España, muchas de ellas en regiones rurales aisladas. En "Un lugar de memoria" puede verse una foto de 1932 en la que un nutrido grupo de aldeanos de boina y pañuelo al cuello se deslumbran ante una copia de Las hilanderas, de Velázquez.

"Personas iletradas que nunca habían salido de sus aldeas descubrieron de pronto a Velázquez y la increíble riqueza artística de España", dice Portús, curador de la muestra.

La vez siguiente que los cuadros de El Prado salieron de paseo, sin embargo, las circunstancias eran mucho más funestas. Poco después del golpe militar de julio de 1936, instigado por Franco y otros generales contra el gobierno republicano, Madrid se convirtió en uno de los principales campos de batalla de la que se convertiría en una guerra civil de tres años. Durante uno de los ataques aéreos sobre la ciudad, en noviembre de 1936, nueve bombas cayeron sobre el techo de El Prado.

Cuando el gobierno republicano abandonó Madrid para instalarse en Valencia y luego en Barcelona, se llevó casi 2000 obras de arte, incluidas más de 300 de las piezas más importantes de la colección de El Prado. Finalmente, esas obras fueron transportadas a Ginebra para su preservación.

"Los dos bandos que se enfrentaron en la guerra no estaban de acuerdo en nada, excepto quizás en la importancia que le atribuían a El Prado", dice Jesús Ruiz Mantilla, escritor y periodista cultural. "La primera preocupación de Franco cuando ganó fue recuperar las pinturas de El Prado".

Franco ganó la guerra en abril de 1939, dando comienzo a una dictadura que terminó recién con su muerte, en 1975. Su régimen no solo sumó obras a la colección del museo, sino que también financió dos nuevas ampliaciones de las instalaciones, así como el reemplazo del piso de madera por uno de mármol.

Pero Franco hizo poco por fomentar la investigación académica en el museo. Según Portús, las exhibiciones en aquella época solían ser pobres y desafortunadas. Lo que le importaba al régimen era poder usar el suntuoso entorno del museo para recibir a los dignatarios extranjeros durante sus visitas oficiales al país.

Pero poco se dice en la muestra sobre la historia más reciente del museo. Hay pocas referencias, por ejemplo, a la arquitectura del edificio o a la evolución del rol de El Prado en la ciudad de Madrid, sobre todo después de la incorporación de otros museos, como el Reina Sofía y el Thyssen-Bornemisza.

En 2018, los visitantes extranjeros representaron casi el 60 por ciento del total de asistentes al museo. Pero si bien El Prado se ha convertido en un imán turístico para Madrid, el cineasta español Manuel Gutiérrez Aragón, exintegrante de la comisión directiva de la institución, dice que esta "sigue aportando mucho a la autoestima de los españoles".

Gutiérrez Aragón recuerda sus sensaciones cuando visitó por primera vez El Prado en su infancia, durante la dictadura de Franco. "Para mí, era como una maravillosa serie de imágenes de historieta sobre la grandeza de nuestra historia", dice. "Imágenes llenas de increíbles colores, que contrastaban con el gris de la España de entonces".

Traducción de Jaime Arrambide

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