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Bombón vecinal: una esquina de barrio convertida en escenario

La mujer que soy, de Nelson Valente, tiene lugar en los livings de dos departamentos de un tercer piso
La mujer que soy, de Nelson Valente, tiene lugar en los livings de dos departamentos de un tercer piso Crédito: Patricio Pidal / AFV
En pleno corazón de Almagro, distintas experiencias teatrales en casas, un taller mecánico o una peluquería son parte de un mágico ciclo de obras breves con participación de Marcos López y Norma Aleandro
Alejandro Cruz
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8 de febrero de 2019  

Toda historia tiene su prehistoria. La del ciclo Bombón Vecinal remite a Teatro Bombón. Eso fue una propuesta gestada hace cinco años que tomó un maravilloso petit hotel de la avenida Corrientes que era un mazazo al bajón de la tarde de los domingos. Cada media hora, desde el hall central de una casona señorial, salían grupitos de espectadores hacia distintos espacios de la casa en donde se presentaban obras cortas experimentales. Aquella brillante idea curatorial de Monina Bonelli y Cristian Scotton dejó su marca en la escena porteña.

Cada media hora el menú se renueva
Cada media hora el menú se renueva Crédito: Patricio Pidal / AFV

La historia actual de este atractivo entramado se llama Bombón Vecinal. Se trata de un festival site specific de piezas cortas creadas por artistas y por vecinos de Almagro . Esta experiencia de viajes por mundos de historias pequeñas e intensas se mudó de la casona de principios de siglo pasado a la esquina de Sánchez de Bustamante y Sarmiento. De los domingos se mudó a los viernes de febrero. Si el punto de encuentro de Teatro Bombón era el gran salón distribuidor, el de Bombón Vecinal es el Sanata Bar, el que reabrió David, su dueño, y que oficia de punto de encuentro y boletería. Desde esa esquina, de las 21 a las 23, salen contingentes cada 30 minutos hacia casas vecinas o historias de recorrido. Despliegan sus hojas de ruta por dos departamentos en un tercer piso, un taller mecánico, un estudio de fotografía, un centro cultural barrial, una casa antigua, una peluquería o por las mismas cuadras de calles sin tránsito, con mesas sobre el pavimento, con músicas diversas y clima de un cotidiano urbano tomado por una mirada artística.

La esquina de Sánchez de Bustamante y Sarmiento aporta su propia magia con un eclecticismo arquitectónico que va desde el más radical pop latino hasta la fachada de una panadería barrial minimalista, casi vienesa, pero nacida y criada en Almagro. El paisaje se complementa con las puertas de las casas de los vecinos abiertas y sillas en la vereda. Esos rostros de la gente de la cuadra son los que aparecen proyectados sobre una pared medianera de la esquina. Esa intervención urbana se llama "Álbum vecinal" y pertenece a Marcelo Zappoli. Marcelo es vecino de la cuadra. De hecho, en su estudio tiene lugar uno de los más preciados bombones.

Baile de vecinas, por Gorostiza
Baile de vecinas, por Gorostiza Crédito: Patricio Pidal / AFV

Esa experiencia se llama Lo único que quiero es bailar. El "relleno" de este pequeño delicatessen escénico preparado por la bailarina y coreógrafa Josefina Gorostiza contiene verdad e ingredientes de las formas más complejas de la simpleza. En esa escena están ocho vecinas de la cuadra que ofician de mapa de lo diverso. Se alternan músicas, sueños, películas favoritas, datos de vida, anécdotas que parecen menores. Cada una de ellas tiene puesta una remera con un frase favorita. Una de ellas dice: "La felicidad son solo momentos. No dejarlos pasar". La propuesta transita todo el tiempo una sensibilidad expansiva y contagiosa matizada por la bella voz de Vero Gerez. Inevitablemente se sale del lugar con la sonrisa puesta y con ganas de bailar.

Enfrente de este mundo de lo sensible, en un tercer piso, están los departamentos enfrentados de Monina y Mari. Allí, con los pocos espectadores que entran en cada comedor de las dos casas, tienen lugar dos historias entrecruzadas de vecinas acostumbradas a abrir las puertas de sus casas en busca de un poco de sal o de amor. Otra vez lo sensible, lo mínimo, las historias de mujeres empoderadas dispuestas a defender a quienes aman. Hábilmente zurcido por Nelson Valente, en algún momento de La mujer que soy las puertas de los dos departamento se abren y el juego de espejos potencia su magia.

De una vereda a la otra

El taller mecánico de Pini, por Marcos López y Martín Seijo, en donde hoy estará Lidia Borda
El taller mecánico de Pini, por Marcos López y Martín Seijo, en donde hoy estará Lidia Borda Crédito: Patricio Pidal / AFV

Ahora toca bajar las escaleras en silencio para no molestar a los vecinos y de vuelta se está en la calle Sánchez de Bustamante. Enfrente está el taller mecánico de Pini (el "mecánico del amor", como lo llaman en la cuadra). Desde afuera se puede chusmear esa fiesta que tiene lugar en medio de la grasa de lubricantes, imágenes "wharholeanas", tapas de discos de Violeta Rivas y Raphael, la risa de la gente y un karaoke vecinal cuya alineación y balanceo está en manos del fotógrafo Marcos López y del director Martín Seijo. En el taller de Pini hoy estará una vecina de lujo: la cantante Lidia Borda. Casi enfrente hay una restaurante que pone su parrilla en la calle. Los bombones escénicos conviven con el choripán en medio de ese humareda tan real como teatral. Todo fluye.

A metros de ahí está la casa de Patricia. Adentro tiene lugar ¡Cuidado! Estamos trabajando en el Abasto, tres obras cortas con dramaturgia de Norma Aleandro y dirección de Helena Tritek. Eso, hay que reconocerlo, deja un sabor un tanto amargo entre tantos bombones dulces. De la esquina del Sanata Bar salen contingentes hacia otros rumbos del barrio. Algunos tienen un momento inicial de gran impacto, como el que propone Rodrigo Arena en Cómo explicar el arte a una liebre muerta en 2059, con música disco a todo volumen y dos performers con onda punk. En el que ideó Moro Anghileri para No tengas miedo, no se va armando el grupito hasta que vecinas del barrio van contando historias de fachadas, de lugares e interpretaciones de una sanadora espiritual.

Inicio de la performance de Arena
Inicio de la performance de Arena Crédito: Laura Castro

Para Zoraida, la reina del abasto, de Mariano Stolkiner, el espectador sigue el relato de esta colombiana radicada en la cuadra con unos audífonos. El inicio de La vespertina, de Romina Sak y Natalia Chami, es silencioso, casi clandestino, y para un único espectador. "A partir de este momento caminá en dirección para aquel lado y dejate llevar por la situación. Si alguien en algún momento te pregunta hacia dónde vas, recordá esta dirección", apunta, cual programa de mano oral, una persona de la organización de Bombón Vecinal. Bien, sin ánimo de spoilear la cosa, el recorrido termina en el sótano de la peluquería Galeano. A pocos metros es en donde la performance de Rodrigo Arena despliega su fuerza de choque en una experiencia de imágenes impacto, buena música y muchos encuerados en un proyecto que parecería estar todavía en proceso.

El menú a la carta de Bombón Vecinal está disponible por este mes. La esquina de Sánchez de Bustamante y Sarmiento y sus alrededores se convierte en una mágica microciudad en la que se cruza lo experimental con lo comunitario, lo público con lo privado. De yapa, el paisaje urbano se transforma en el mejor escenario para la ficción de lo testimonial. ¿Datazo? Es gratis. Todo muy chiche bombón.

El ancho mundo del teatro breve

Historias de la cuadra, por Anghileri
Historias de la cuadra, por Anghileri Crédito: Patricio Pidal / AFV

Relato no cronológico. En 2009, en un viejo prostíbulo del barrio madrileño de Malasaña, nació Microteatro. Con el tiempo, Malasaña pasó de ser un barrio marginal a territorio hipster y Microteatro pasó a ser una rendidora iniciativa. La versión local de ese ciclo de obras breves en simultáneo copó una casona de Villa Crespo en medio de una atmósfera muy palermitana (con cerveza artesanal, obvio).

A fines de los ochenta, la calle Guardia Vieja tenía aires del Bronx. A pasos del Abasto estaba Babilonia. En ese búnker experimental hubo un ciclo que se llamó Fragmentos de una Herótica (sí, con H de hedonismo). El maestro de ceremonias era Mosquito Sancineto y por sus microescenarios, en medio una atmósfera cachonda, el público pispeaba obras de nos más de 10 minutos de Alberto Segado, María José Gabin, Cutuli, Tony Lestigi y Mónica Cabrera, entre tantos otros. Fue un éxito.

En La Casona Iluminada tuvo lugar Teatro Bombón. Desde 2014 tuvo 10 ediciones. Por sus espacios se cruzaron generaciones y diferentes búsquedas estéticas de no más de 25 minutos. Por allí pasaron Ciro Zorzoli, Silvio Lang, Carlos Casella, Marcos López, Pablo Rotemberg, Lisandro Rodríguez, Gustavo Tarrío, Pablo Lugones, Lorena Vega y Maruja Bustamante. Bombón es una fija de los domingos.

En esto de los formatos de ciclos de obras breves en simultáneo, Bombón Vecinal es su continuidad, aunque, claro, esta vez entabla un íntimo diálogo con los vecinos a contramano de aquellos eventos que descienden como ovnis en un barrio.

Bombón Vecinal

Entradas. La programación completa y la reserva de entradas en la página Alternativateatral.

Lugar y hora. Sánchez de Bustamante y Sarmiento. Viernes, de 21 a 23

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