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Lollapalooza: la senda "claroscura" y confesional de Interpol

"No me importan las influencias ni de dónde venimos", dice el cantante Banks
"No me importan las influencias ni de dónde venimos", dice el cantante Banks
La banda, que se presentará en el festival y en un sideshow, sale de lo común en el line up
Sebastián Chaves
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8 de febrero de 2019  

Directo. Así suena la actual versión de Interpol, y así lo sienten ellos. Como si hubiesen pasado por un proceso de simplificación de sus propios componentes, los formados en Nueva York dejaron las letras abstractas y el exceso de guitarras por una apuesta más concreta. "Todo suena más cercano al que lo escucha, pero eso no quiere decir que antes no hayamos sido honestos", explica Paul Banks, líder del grupo, antes de sus presentaciones en el Lollapalooza Argentina , en uno de los tres días del festival y en el sideshow del 28 de marzo, en el Teatro Vorterix. "Simplemente decidí elegir las palabras de otra manera, por eso se siente más personal, porque las letras son más fáciles de entender", explica.

Para llegar a este punto, que vio la luz en Marauder, su sexto disco de estudio, editado en agosto de 2018, Interpol se encontró trayendo su pasado bien cerca. Antes de entrar a grabar, giraron por el mundo celebrando los 15 años de su disco debut ( Turn Out the Bright Lights) y la mirada en perspectiva les hizo replantearse la estética sonora que estaban buscando. Aunque las canciones a grabar ya estaban escritas, fue el sonido en vivo de las viejas el que determinó cómo las plasmarían. "Afectó mucho a la producción, porque nos quedamos en lo mínimo, elegimos quedarnos con algo muy cercano a lo que la banda es sobre un escenario", cuenta Banks. "Hicimos un trabajo simple: una guitarra en la izquierda, la otra a la derecha, batería y bajo en el medio. Sin muchas sobregrabaciones ni trucos de estudio. Todo el tiempo nos imaginamos que la audiencia estaba ahí, en la sala con nosotros", agregó.

En la lógica de Interpol, a letras directas y música directa les corresponden shows directos. "Las canciones son pequeñas performances musicales que viven arriba del escenario", arriesga Banks. "Por eso nuestros shows en festivales van al grano sin importar si es de día o de noche, aunque preferimos la noche por una cuestión de nuestra atmósfera, pero una banda de rock tiene que saber tocar de día. Eso pasó siempre. El sideshow obviamente va a ser más largo y con un repertorio más específico, que los fans van a disfrutar. Tocar en teatros tiene ese encanto", dice.

A diferencia de la mayoría de las bandas que encabezaron el post-punk revival a principios de siglo, para ellos el pasaje a los grandes escenarios al aire libre no es un problema. Gracias a sus guitarras expansivas (y abrasivas), no necesitan readaptar su sonido para evitar que la banda se pinche. "Nunca lo había pensado así, pero es cierto. Ver a My Bloody Valentine en vivo puede haber influido en eso", comenta el cantante.

-Durante estos años han logrado un sonido distintivo desde el cual parten para moverse con libertad, pero hacia lugares no muy lejanos ¿creés que han logrado esa identidad artística?

-Sí, probablemente tengo mi ADN como artista y eso sale a la luz en cada disco, pero no lo pienso conscientemente. Si vas a ver comedia, no decidís si es gracioso. No controlás lo que te hace reír: te hace reír o no. Cuando escribo música, busco la misma reacción dentro de mí, sé si algo no me provoca nada, pero si siento ese cosquilleo interno, sé que es bueno para mí y sigo ese instinto. Después viene la edición, le digo al comediante qué chistes quedarse y cuáles tirar. Es algo así lo que me pasa, podés explicar por qué es divertido un chiste, pero eso no funciona siempre igual; es o no es. Con la música me siento así, no me importan las influencias ni de dónde venimos: si suena bien y me provoca algo lindo a mí, lo hago.

-¿Y haber cambiado la forma de escribir fue parte de buscar nuevas cosas que te provoquen algo lindo?

-Siento que es parte de la evolución natural como escritor, no querés hacer siempre lo mismo una y otra vez. Trato de ser honesto con lo que tengo ganas de hacer en cada momento. Hay un encanto en ser honesto. Todas mis letras son muy personales, solo que esta vez son más íntimas.

-¿No te produjo ningún tipo de incomodidad exponerte de esa forma?

-No, para nada. Ficción y no ficción coexisten en el arte y la escritura, y si algo se vuelve demasiado personal, puedo decir que es ficción [risas]. Es todo parte de lo mismo, nunca me sentí distante, siempre sentí que me estaba abriendo, por eso mi sensación es la misma. Pero entiendo que la audiencia lo sienta más cerca, porque todo es más directo. No me siento ni vulnerable ni expuesto, solo uso las palabras de otra manera.

-¿El hecho de haber cumplido 40 te cambió la perspectiva de lo que es ser una estrella de rock?

-No sé si alguna vez me creí una estrella de rock. De hecho, creo que el concepto ya no existe más. Me veo como un artista, canto y me siento cómodo siendo artista a los 40 y me voy a sentir así a los 70. Seguramente no estaré tocando canciones de rock a esa edad. Estaré pintando o escribiendo.

-Cuando la carrera de Interpol empezó a ser reconocida mundialmente tuviste problemas para manejar la fama y caíste en excesos, ¿pensás que la industria cuida poco a los artistas jóvenes?

-Creo que muchos artistas son sensibles y cuando te volvés famoso de joven puede ser difícil. Parte de ser un artista tiene que ver con lidiar con la reacción de la gente, es una montaña rusa. Y creo que todos lidian de una forma distinta. No lo sé, ojalá hubiese sido menos serio en aquellos días y me hubiese divertido más, pero es lo que es.

-¿Sentís que tus crisis tuvieron que ver con no divertirte?

-No, la verdad es que me divertí mucho, no debería haber dicho eso [risas].

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