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Audaz apuesta de Macri por Vaca Muerta

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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9 de febrero de 2019  

El sarcasmo surgió de analistas que simpatizan con Macri : si el Presidente hubiera tomado para el resto de la economía tan solo el 60% de las decisiones que aplicó para el gas o la electricidad, la Argentina estaría hoy mucho más cerca de ser un país normal. Pero son consideraciones del mundo de la energía: un técnico no tiene por qué detenerse en las dificultades de un país cuya prioridad ha pasado a ser en los últimos años asegurar la gobernabilidad, como sí debe hacerlo un jefe de Estado. A Macri le caben ambos sayos: el de ingeniero y el de político. El conflicto por la compensación al precio del gas en Vaca Muerta , que lo enfrenta particularmente con el grupo Techint , resulta para él un enorme desafío.

Macri buscó primero una solución consensuada, y al no hallarla decidió no ceder. Confiará a partir de ahora en que la mayor parte de la extracción de hidrocarburos sea atractiva por precios de mercado.

Novedades que trajo el acuerdo con el FMI . Tecpetrol, petrolera de Techint, entró en un programa mediante el cual el Estado pagaba la diferencia entre el precio local y uno artificial para garantizar el retorno en las inversiones de gas no convencional. Fue el cebador con que arrancó, por fin, Vaca Muerta. Tanto que la Argentina pudo dejar de importar gas en el verano y revertir una declinación de más de una década. Pero el ajuste metió la cola y ahora el Gobierno y la empresa discuten por la interpretación de la resolución que determinó el subsidio. Tecpetrol pretende compensaciones por todo lo que produjo -17,5 millones de metros cúbicos diarios- y el Gobierno solo está dispuesto a pagar por los 8,5 millones que la empresa anticipó que produciría. Salió mejor de lo que se esperaba y ahora hay un problema.

Macri versus Rocca . Dos antiguos conocidos del establishment. No será ni la primera ni la última vez que al Presidente le toque incomodar a pares que, puestos a elegir, seguramente volverían a apostar por él en las próximas elecciones. El asunto afecta también al Movimiento Popular Neuquino: Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén, se jugará el 10 de marzo la posibilidad de ser reelegido, con tres de los cuatro equipos de perforación del yacimiento Fortín de Piedra parados por el conflicto. La explicación de Techint es que debe suspender transitoriamente la actividad hasta recuperarse del desequilibrio de caja que le generó el recorte del subsidio. Cuando los ejecutivos de la empresa le plantearon el tema a Gustavo Lopetegui , secretario de Energía, él contestó: "Esa es una decisión empresarial". En la Casa Rosada desconfían: creen que la interrupción era obligada porque en verano sobra gas.

Techint presentó anteayer un recurso administrativo en el Ministerio de Economía. Aunque en la compañía dicen todavía que están abiertos a negociar, se preparan para una pelea judicial. "Yo les acepto que el trabajo que hicieron en Fortín de Piedra es admirable: hizo de Vaca Muerta una ventana al mundo", le dijo Lopetegui a Rocca en el fragor de la negociación.

En el contrapunto reside, con todo, un trasfondo al que conviene prestarle atención: las expectativas que ambas partes tienen para el corto plazo en Vaca Muerta. El Gobierno cree que gracias a la inversión de Techint la formación está cerca de ser viable al precio internacional, un argumento que todavía no se oye con tanta convicción en ninguna de las petroleras. El diagnóstico de la Casa Rosada va en sintonía con informes que comparan Vaca Muerta con yacimientos norteamericanos. Un reporte de Ruy Riavitz & William Hitters-Kosmos & Luxmath le asigna una productividad por pozo comparable a Permian Basin, uno de los recursos más importantes de hidrocarburo no convencional de Estados Unidos. A ese entusiasmo hay que sumarle una licitación a la que la Secretaría de Energía convocará en los próximos días para construir un gasoducto que unirá Neuquén con Salliqueló, provincia de Buenos Aires.

Con esa obra, que estaría terminada en un año y medio y cuesta 1500 millones de dólares, el Gobierno pretende reemplazar lo que queda de la herencia kirchnerista: el barco de 20 millones de metros cúbicos diarios de gas que llega todos los inviernos a Escobar. La solución debería completarse en el mediano plazo con la construcción de una planta de gas natural licuado para exportarlo al mundo.

Las petroleras no son tan optimistas. Aceptan la valoración positiva de la cuenca de Neuquén, pero objetan que existen aún enormes distancias con el mercado norteamericano. Entre otras, el costo del financiamiento o la tasa de retorno que un inversor le exigirá siempre a un proyecto argentino. En todo caso, dicen, Vaca Muerta tiene características similares al yacimiento de Haynesville, una formación ubicada a 3000 metros de profundidad entre Arkansas, Louisiana y Texas.

La comparación con la cuna de la "Shale Revolution" es de todos modos anacrónica. Esos proyectos empezaron a emerger antes de 2008, con los precios más altos desde la revolución iraní hasta entonces, en momentos en que el crudo estaba arriba de los 100 dólares y el gas, entre 8 y 14 dólares el millón de BTU (unidad de medida del calor en el sistema británico). Y tuvieron también sus escollos. Atravesaron, por ejemplo, un período de prueba desde 2014, cuando el éxito de esas exploraciones hizo subir la oferta y, por lo tanto, caer el valor del barril por debajo de los 90 dólares.

Aquella baja puso a Arabia Saudita, uno de los principales productores de la OPEP, ante una encrucijada: ¿debería intervenir recortando la producción para revertir el proceso? Decidió que no: hacerlo, evaluó en ese momento, no solo tendría un efecto insignificante ante el enorme aporte de Estados Unidos, sino que achicaría además sus propios stocks de crudo hasta volverlo irrelevante en la OPEP. ¿Qué argumento tendría entonces Estados Unidos para protegerlo como aliado frente a Irán? La decisión saudita desplomó aún más el barril, que llegó a 30 dólares en enero de 2016, valor que frenó la mayor parte de los proyectos de exploración no convencional norteamericanos. La crisis empezó a revertirse meses después, cuando Rusia, que produce casi lo mismo que Estados Unidos, se sumó a un recorte conjunto de stock con la OPEP y el barril volvió a subir.

Fueron años de aprendizaje para casi todos. Por lo pronto para Estados Unidos, que perfeccionó las técnicas de extracción y reducción de costos. No pasó lo mismo en la Argentina, que, aislada del universo, lidiaba con una escasez energética que se volvía estructural. Peor: esos precios de gas iniciales que sirvieron para desarrollar yacimientos en el mundo no eran aquí más que el costo que Enarsa pagaba para importarlo de barcos, sin trasladarlo después al precio local. Podía comprar a 8, a 10 o a 14 dólares el millón de BTU, pero vendía siempre a 4 en el mercado argentino. Así aumentaba el déficit fiscal sin desarrollar la producción.

Macri pretende ahora no solo desandar ese camino, sino subirse a un tren que arrancó hace una década. Además de una exigencia del FMI y una pelea con Techint, el recorte de subsidios representa una apuesta por la normalidad perdida. ¿Será peligroso para una inversión incipiente? ¿O demasiado tarde? Las etapas de restricción presupuestaria vuelven estas preguntas abstractas y obligan a los líderes a tomar riesgos. Un ajuste puede a veces más que el coraje.

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