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Argentinos, Cristina se merece un ballottage

Carlos M. Reymundo Roberts
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9 de febrero de 2019  

Hay que tener la cara de acero inoxidable, haber acumulado una fortuna a prueba de infortunios y llamarse Cristina Kirchner para recibir las noticias judiciales que tuvo esta semana y seguir andando por la vida y por la política como si nada. Incluso se propone volver a ser presidenta. Creo que deberíamos premiar semejante empeño llevándola al menos a un ballottage. ¡Argentinos, no seamos insensibles! ¿Podríamos volver a mirarnos a los ojos si no le regalamos a la señora un mísero ballottage?

Estas que paso a recordar fueron las novedades que a cualquier persona normal, sin la fortaleza que da una vida de sacrificios y privaciones en la remota Santa Cruz, hubiesen dejado fuera de juego. Bonadio la citó a una nueva indagatoria, la tercera, en el caso de los cuadernos , y la pobre solo va a decir que Centeno tenía la licencia de conducir vencida. Unos 100 empresarios de la construcción de 14 provincias también han sido llamados a declarar, con lo cual asistiremos a otro festival de arrepentidos que darán jugosísimos detalles de las coimas que pagaron a la multinacional Kirchner- De Vido . El martes, Víctor Manzanares, contador de extrema confianza de Cristina, empezó a confesar ante la Justicia, no porque sea buchón, desagradecido o mal amigo, sino porque lleva año y medio preso. Y porque de los contadores se espera que cuenten. Muero por saber qué estará diciendo. El miércoles, Cristina intentó una vez más demorar el comienzo del juicio oral por el direccionamiento de obra pública a Lázaro Báez, y todo indica que le van a decir que no. En este expediente hay una duda, o por lo menos yo tengo una duda: no sé si "direccionamiento" se refiere a que el 82% de las obras iba a Lázaro, o si habla de las rutas que construía y, raro caso de extravío urbanístico, no llevaban a ninguna parte. Destino incierto, igual que la ruta del dinero K. "Argentinos, a las cosas", nos animaba Ortega, pero de que los caminos tienen que ir a algún lado no dijo una palabra.

Anteayer, Martín Báez, el hijo mayor de Lázaro, quedó en prisión por haber movido (y hecho desaparecer) 5 millones de dólares de una cuenta en las Bahamas que estaba inhibida. Desde lo afectivo, duro golpe para Cristina: hoy Martín es un muchacho grande, un experto en ingeniería financiera, pero de gurrumín supo dormirlo en sus brazos. Desde lo judicial, un exceso de celo. Martín no podía saber que la inhibición alcanzaba a cifras tan pequeñas. Se calcula que el patrimonio de su padre llegó a 250 millones de dólares (o 2500 kilos, según la unidad de medida kirchnerista). Empresas, casas, departamentos, quintas, chacras, estancias, flotas de autos, dinero en paraísos fiscales... En febrero de 2015, los hijos de Báez abrieron una cuenta en un banco de Bahamas. Meses después, depositaron ahí algo más de 10 millones de dólares. En otra cuenta del mismo banco tenían 3 millones de euros. Cuando éramos chicos nos enseñaban que "el ahorro es la base de la fortuna", y el único que lo aprendió fue Lázaro, que en 2003 era un empleado bancario. "Arrorró mi testa, arrorró mi sol -le cantaba Cris a Martincito-. Arrorró millones, en mi corazón".

La otra bomba en los tribunales fue que la viuda de Muñoz, el secretario de Néstor Kirchner que tenía propiedades en Estados Unidos por 70 millones de dólares, admitió que su marido le pagó una coima al juez federal Luis Rodríguez para que mirara para otro lado. Plata tirada a la calle, porque a Rodríguez nunca hizo falta pedirle que se hiciera el distraído.

Insisto: a cualquier persona, esta serie de derrotas en la Justicia -una detrás de otra, en una saga que parece no tener fin- le haría bajar la guardia. Y a cualquier candidato lo dejaría fuera de carrera. Ni se animaría a presentarse, ni se lo permitirían. Sobre todo eso: no se lo permitirían. Habría piquetes, marchas, campañas en las redes, escraches, huelgas de hambre y brotes de cólera, dengue y chikungunya. Pero ella se mantiene enhiesta, que viene a significar que no se tuerce, que es tanto como decir que podría presentarse con la consigna "todavía nos queda mucho por saquear". A Macri le atribuyen haber dicho que si apareciera una foto de Cristina posando en una bañera repleta de oro, alhajas y dólares, "en la provincia de Buenos Aires no perdería un solo voto". Lógico, Mauricio: esa bañera es aspiracional.

Gustavo Marangoni me comentó que, según sus sondeos, la corrupción no tiene gran impacto en la intención de voto. Le creo. Si no fuera así, no estaríamos hablando de Cristina candidata. Para mucha gente es incluso un activo esa historia de superación personal, esa desfachatez de robar a la luz del día y permitir que un chofer puntilloso llevara el arqueo. La señora lo tiene decidido. Si vuelve a ser presidenta, su primera medida será poner a Marie Kondo, la célebre ordenadora serial, a cargo de la logística de los bolsos.

Pero no le echemos toda la culpa a la desidia moral de los argentinos. El kirchnerismo sigue siendo competitivo en las urnas gracias, en buena parte, a que el Presidente y sus muchachos, como las rutas que hacía Lázaro Báez, no se sabe adónde van.

Así y todo, tiro mi primer pronóstico del año. Gana Macri. Sí, gana Macri. Che, es un pronóstico, un juego, una especulación. No me peguen, soy Giordano.

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