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El tenis argentino y el desafío de limpiar otra mancha

Sebastián Torok
Sebastián Torok LA NACION
Marco Trungelliti, durante su encuentro con LA NACION, en los alrededores del Buenos Aires Lawn Tennis Club
Marco Trungelliti, durante su encuentro con LA NACION, en los alrededores del Buenos Aires Lawn Tennis Club Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
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10 de febrero de 2019  • 02:30

Otra vez el tenis nacional está manchado. El caso Marco Trungelliti muestra la realidad de un tenista argentino medio. Un beduino que recorre el circuito como un buscavida. Si tiene buenos resultados, cosechará "los mangos" para desarrollar su carrera. Si no aparecen los éxitos, las "aves de rapiña" se acercarán para acorralarlo con promesas de bienestar espurio.

Trungelitti y su denuncia profundizan la realidad que rodea al tenis argentino en el proceso de desarrollo profesional de un jugador. A diferencia de otros países poderosos tenísticamente en resultados, en el nuestro no existe una sólida compañía por parte de la Asociación Argentina de Tenis , entidad que no cuenta con un Centro Nacional y que no tiene homogeneidad de criterios para la formación. La carestía es tal que se sigue con el método de buscar un patrocinador o compañía que solvente los gastos de formación, a cambio de una leonina renta posterior por diez años. Y, a veces, con la consultoría de integrantes de las comisiones directivas de turno.

Para colmo, en lugar de convocar a experimentados y valiosos formadores para conducir el desarrollo profesional (Daniel García, Tito Vázquez, Pancho Mastelli, Alejandro Gattiker, Eduardo Infantino, Franco Davin, entre otros), la tendencia que va en aumento es hacer acuerdos con academias internacionales que van por el mundo a la caza de talentos de países emergentes.

El escándalo de los cuadernos del tenis es, además, un fuerte toque de atención para los dirigentes de la AAT. Agustín Calleri, Mariano Zabaleta, Martín Vassallo, José Acasuso, Martín Jaite y compañía conocen al dedillo el circuito. Ellos tienen en sus manos la gran oportunidad para cambiar el rumbo sobre la base de la plataforma con la cual ganaron la conducción en 2018. El caso Trungelliti es una medida para empezar a separar, de una vez, la paja del trigo.

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