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Cuidar a los menores: una responsabilidad adulta

La concientización, desde una campaña publicitaria
La concientización, desde una campaña publicitaria Fuente: LA NACION
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10 de febrero de 2019  

Sin dudas, las vacaciones son un momento para relajarse y dejar las preocupaciones de lado. Pero para quienes son padres o tienen a su cargo a menores de edad esto no es del todo posible. La responsabilidad de criarlos, cuidarlos y contenerlos no cesa aunque cambie el escenario, transformándose en playa o montaña. Es más, podría decirse que los cuidados deben extremarse aún más por cuanto se trata de experiencias distintas que vivirán los niños, en lugares no conocidos, que alteran su habitual rutina.

Cada verano, las noticias trágicas en destinos vacacionales vuelven a causar profunda preocupación. Sin embargo, cada año se repiten los titulares en medios periodísticos sin que poco o nada haya cambiado. En las últimas temporadas, los accidentes en cuatriciclos protagonizados por adolescentes se multiplicaron, poniendo en riesgo o cobrándose numerosas vidas.

Pocos días atrás, en una playa de Necochea, un niño de dos años murió luego de ser atropellado por una camioneta 4x4. El pequeño estaba jugando detrás de uno de los neumáticos del vehículo, por lo que la conductora no llegó a divisarlo. Sin dudas, ese trágico final podría haberse evitado si los adultos que rodeaban al niño hubiesen sido cuidadosos. En primer lugar, aquellos que quitaron la vista del niño, permitiendo que estuviera en un lugar riesgoso, y en segundo término, los conductores de vehículos de gran porte como cuatriciclos, motos y demás, al transitar desaprensivamente por zonas públicas que, en algunos casos, se encuentran incluso vedadas al acceso vehicular.

Estos hechos nos obligan a repensar qué significan los días de descanso, qué lugar asumimos los adultos responsables de evitar que sucedan este tipo de incidentes tan graves. Debemos poner y exigir límites claros en los espacios que son de uso común, de modo de asegurar la protección de todos. Las normas están para cumplirse y la ejemplaridad en los castigos para quienes las violen entran en la órbita de las autoridades competentes.

¿Es necesario para divertirse bajar con las camionetas hasta la orilla del mar? Con acciones como estas se desconoce el impacto ambiental y social que provocan los vehículos, además de atentar contra la integridad física de quienes desean reposar en la costa. ¿Necesitan los adolescentes montar cuatriciclos y probar su destreza entre las dunas? En todos esos casos se evidencia la falta de límites. La crítica llega demasiado tarde, cuando el accidente ya ha ocurrido.

Un capítulo aparte lo constituye el uso y abuso de alcohol entre los adolescentes y no solo en lugares de veraneo. Lo consumen también en sus propias casas, durante las previas a una salida colectiva e, incluso, en locales donde, a pesar de estar prohibida la ingesta de alcohol, los chicos lo consiguen y lo beben. Nuevamente, el control adulto debe imponerse, tanto el de las familias como el de los comerciantes, quienes tienen prohibido vendérselo a menores de edad.

Del mismo modo, es frecuente que los niños más chicos se pierdan en los centros de veraneo. Aunque en la mayor parte de las ocasiones se reencuentran con sus padres o cuidadores, en el tiempo que se mantienen alejados están en riesgo, ya que ellos no pueden discernir sobre los peligros que los acechan. Ese trabajo es responsabilidad de los adultos, enseñándoselos a través del cuidado real hacia ellos, no solo desde lo discursivo.

Es imperativo que como sociedad todos asumamos nuestro compromiso de proteger a los menores, sin tomarnos en este sentido vacaciones, pues el futuro de los más jóvenes está entre nuestras más altas responsabilidades.

Los niños y adolescentes de hoy, cuidados y educados, serán capaces de mejorar la calidad de vida de todos, podrán distinguir entre lo bueno y lo malo para ellos y para quienes los rodean.

Evitar tragedias como las referidas es absoluta responsabilidad de los adultos. Construir una sociedad justa e inclusiva implica tener una mirada atenta y benévola hacia los más desprotegidos, hacia quienes más lo necesitan.

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