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La Argentina tropezó en el último escalón, pero se va con la frente en alto del Sudamericano Sub 20

Sudamericano U20 Fase de grupos
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Brazil U20

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  • Lincoln Correa dos Santos
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Argentina U20

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Alberto Cantore
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10 de febrero de 2019  • 12:00

RANCAGUA, Chile.- No hubo festejo final. Con el último escalón tropezó la Argentina , que cayó 1-0 ante Brasil y dejó escapar la posibilidad de festejar el título del campeonato Sudamericano Sub 20 . La corona quedó por primera vez en poder de Ecuador, dirigida por el argentino Jorge Célico. Resultó una frustración a medias el de los juveniles: el sabor amargo quedará por siempre, como también la satisfacción de haber logrado el pasaje al Mundial de Polonia y los Juegos Panamericanos de Lima en una aventura que se hizo cuesta arriba y el grupo supo torcer con personalidad. También Uruguay y Colombia viajarán a la cita europea que se jugará entre el 23 de mayo y el 15 de junio, un aperitivo de la Copa América de Brasil.

La urgencia era para los dos. La Argentina, empujada por la victoria 3-0 de Ecuador sobre Venezuela, no debía perder para festejar el sexto campeonato Sudamericano; Brasil necesitaba ganar por tres goles de diferencia para quitarle la plaza a Colombia. El clásico, el cierre del hexagonal final, se llenaba de tensión. El Scratch, de recorrido sin luces, ofreció en el inicio su mejor versión en el torneo. Lo hizo a partir del control de Marcos Antonio y Gabriel Menino, los dos volantes centrales que se imponían sobre Fausto Vera y Aníbal Moreno. A partir de ahí, Rodrygo, la estrella que no se encendió en todo el recorrido, buscó desequilibrar y asociarse con Lincoln, un delantero potente. La superioridad no siempre se refleja en situaciones de riesgo sobre el arco de Roffo, en particular cuando la canarinha volcaba el balón sobre la banda derecha: Victor Alexander asomaba desconectado del circuito y en la ansiedad de subirse a la rueda se posicionaba en fuera de juego.

Lejos de la intensidad que mostró la selección en las tres últimas presentaciones, las que le valieron ser la primera clasificada para el Mundial de Polonia y los Juegos Panamericanos de Lima, el conjunto asomó apagado. De la Vega, que empezó por la izquierda, cambió de lateral y se enseñó un poco más influyente, aunque no alcanzaba para inquietar al guardavalla Phelipe. Asfixiada y sin una segunda marcha, Brasil con poco tenía una imagen mejor.

Durante el recorrido exigente, Santiago Sosa fue una pieza de relojería. Cuando jugó como volante central o en las dos últimas presentaciones, que se desempeñó como zaguero central; anoche con Nehuén Pérez como socio; ante Uruguay hizo dupla con Facundo Medina que no participó con Brasil por suspensión. Sosa llegó desde lo físico al límite y el cansancio acumulado le hizo cometer un doble error: primero al cruzar un pase, más tarde y después que Manuel Roffo tapara un mano a mano, tocó la pelota con la mano y el árbitro chileno Piero Maza sancionó penal. Lo lanzó Lincoln y la pelota entró de manera ajustada, tras el manotazo de Roffo. La equivocación no le dinamitó el temple, en el segundo tiempo Sosa fue un sostén cuando la selección se lanzó sobre Phelipe por el empate.

Argentina busca el campeonato ante Brasil
Argentina busca el campeonato ante Brasil Fuente: FotoBAIRES

La estocada la hizo despabilarse a la selección en el segmento final, que en una misma jugada accionó dos veces sobre Phelipe, pero sin puntería. Ese ímpetu buscó sostenerlo después del descanso, pero el adelantamiento de las líneas provocó que Brasil, con espacio, martillara de manera insistente: lo tuvo Lincoln y contuvo Roffo; rompió la línea Rodrygo, pero lo engañó el pique de la pelota y Nehuén Pérez desactivó el riesgo. Igor, con espacio, pudo también estirar la diferencia y alimentar las esperanzas de Brasil por tomar la última plaza. Con Rafael Papagaio intentó otra fórmula de ataque el entrenador Carlos Amadeus.

La Argentina no se resignó. Sin la prolijidad de otros juegos ni el control del pulso se jugó a un ida y vuelta. Álvarez habilitó a Maroni y la definición ajustada se perdió junto al poste izquierdo. Desde las gradas, chilenos y brasileños se unían en contra de la selección. Los juveniles empezaron a agotar las energías. Buscó refresco en Thiago Almada, de arranques eléctricos, aunque no siempre efectivo, y Facundo Colidio, que en la ansiedad por enseñar su jerarquía cayó dos veces en posición adelantada en sus primeras intervenciones. Lo Celso fue la última carta. Apuró y estuvo a tiro de la igualdad y de la corona, ese premio que en el inicio parecía lejano y casi se convierte en realidad.

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