Pastafrola y sus ancestros

Sencilla y popular, puede ser de membrillo, frambuesa o batata
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14 de julio de 2002  

En los círculos literarios dicen que Cortázar era un fanático, y es tan popular que hasta se vende en los quioscos porteños. Pero muy poco se sabe de su origen. Una de las versiones más verosímiles indicaría que es la versión criolla de la Linzer Torte que se halla en las pastelerías suizas, aunque su relleno es de dulce de frambuesa, y la masa suele tener especias, sobre todo canela.

Acá se consigue –especialmente rica– en Santis. Por su parte, las recetas tradicionales italianas no la presentan con el enrejado nuestro, sino con una tapa agujereada con moldes en formas de corazón o flores. Pero la base es la misma: una masa sencilla con harina, huevos, manteca y azúcar (a veces con ralladura de limón, otras con esencia de vainilla).

Lo cierto es que tan internacional es este postre que integra los catálogos mundiales de un hobby muy antiguo: las reproducciones en escala 1/12 de casas y negocios, y todo lo que se puede encontrar en ellas. Elisa Samoilovich, dueña de Casa de Muñecas (Cabildo 2350, Belgrano, 4782-0736) incluye un set de 5 piezas dedicado a la pastafrola.

Se trata de una pastafrola realizada con el mismo esmero que una torta de verdad y acompañada de bandeja y cuchara de metal y un plato de porcelana, ($ 20): para fanáticos. De las verdaderas, vale la pena probar la de La Pasta Frola, especialistas desde 1919, y desde hace un tiempo con su ambientación remodelada. Allí rinden homenaje a su nombre con una versión original de batata, aunque la más vendida es la de membrillo (mediana, $ 9; grande, 12). De realización casera, la pastafrola de Marga Garbers se dio a conocer por el boca en boca: “Es lógico –dice ella–, la opinión de los que la prueban es la mejor forma de promoción”.

La pasta frola: Corrientes 1365, 4371-6761. Santis: 4792-9962. Marga Garbers: pedidos con anticipación, 4553-3954.

Datos

El gusto de los chicos

El nuevo Slow Food Convivium Buenos Aires Norte –Alimentos Argentinos– organiza como una de sus primeras actividades un taller introductorio de Educación del Gusto para niños de 9 a 13 años, el 22, 23 y 24 de este mes. Se llama A la Aventura de los Sentidos y consta de tres encuentros: el primero trata de oler y gustar –Jugar con los Sentidos–; el segundo, reconocer y percibir sabores básicos –¡Saquemos la Lengua!–, y el tercero –¿Es Feo o no me Gusta?– es una iniciación al análisis organoléptico. Los medios son frutas, jugos y gaseosas, dulce de leche y chocolate. Lo dicta la psicopedagoga María Di Scala, docente de la UBA, auspiciada por Unicef. Escuela Argentina de Sommeliers, 4394-9666/ 4815-9313.

Para festejar a Francia

Tragos con champagne y vinos

El champagne es un sinónimo de Francia, porque nació allí y porque el de este país sigue siendo el único espumante con legítima Denominación de Origen Controlada. Pero una copa de champagne no es el único trago de connotaciones francesas. Hay otras bebidas típicas del país de Rabelais y cócteles a base de champagne y de vinos que ponen en la boca los sabores, no siempre dulces, de la dulce Francia. El Kir, característica bienvenida en nuestros restaurantes y bistrós, es uno de los más simples –en materia de cócteles, esto es una virtud– y de los más prácticos, porque se puede hacer de vino blanco, tinto o espumante –champagne–, siendo la mejor solución para un espumante de poca calidad. En el precioso The Savoy Cocktail Book, de notable diseño, editado por primera vez en 1930, entre ocho nuevas fórmulas que se sumaron a las clásicas, una de cada hotel del grupo londinense, una es un curioso Kir de vino tinto del bartender de la Brasserie Saint Quentin. Por su color, se llamó St. Quentin Cardinale, y es tan simple como echar vino tinto enfriado –tipo Burdeos, el corte argentino– sobre 1 cl (una cucharada) de licor de Cassis en una copa que puede ser la clásica Burdeos o globo. Nuestro Kir más conocido se prepara con vino blanco, y el Kir Royal con champagne, siempre con baja proporción de cassis, no debe ser muy dulce. Este coctel se bautizó así en homenaje a un alcalde de izquierda de la ciudad de Dijon, quien tuvo una actuación heroica durante la Segunda Guerra Mundial. Casualmente, en vísperas del festejo de la Toma de la Bastilla, el chef borgoñón Jean Paul Bondoux mezclaba anoche con éxito un espumante nacional con jugo de manzana verde y gotas de Calvados, para servirlo con la tarte tatin de manzana, el postre oficial del menú para la fiesta patria francesa en su restaurante. Lo bautizamos 14 Juillet.

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