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De los lectores: cartas & mails

El Papa y Venezuela; El campo y el empleo; Aborto en Nueva York; Leo Satragno; Pastillas de Liebig;
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13 de febrero de 2019  

El Papa y Venezuela

La preocupación internacional por la situación en Venezuela está en su punto más alto. Curiosamente, algunas voces se distraen cuestionando la actitud del Papa frente a semejante conflicto. Y hay quien lo tilda de ambiguo e hipócrita. No voy a defenderlo. Solo quiero llamar la atención sobre un proceder que es propio de la Iglesia, y que muchas veces es juzgado sin advertir todas sus aristas. No es la primera vez que un papa se halla frente a una situación en la que los creyentes de su misma iglesia están enfrentados y envueltos por la sombra de la guerra: sobran ejemplos en la historia. Los argentinos vivimos algunos de ellos no hace tanto tiempo. Particularmente el papa actual ha intervenido en el diferendo EE.UU./Cuba, y el armisticio en Colombia. Como dijo San Juan XXIII, la Iglesia es madre y maestra, y como tal su jefe aquí en la tierra debe ajustarse al dicho. No puede ni debe manejarse con otros criterios que no sean los inspirados por el Evangelio. Aquellos que se atribuyen juzgar las acciones de sus prójimos no olviden que Dios nos medirá con la misma medida que apliquemos a los demás (Lc 6,38.).

Alejandro G. Casenave

DNI 14.434.783

El campo y el empleo

Quisiera expresar mi discrepancia por las opiniones vertidas por el señor Enrique Monaldi en su carta. Expresa el lector: "El campo genera crecimiento, pero no empleo", aseveración con la cual no estoy de acuerdo. Además, es contradictoria, ya que si hay crecimiento se derrama hacia otros sectores que demandarán nuevos empleos. Un trabajo realizado por el doctor Juan José Llach y colaboradores en 2004 revelaba que el 36% de los asalariados de nuestro país trabajaban en el sector agropecuario. Por supuesto que esa investigación se refiere a los empleos en forma directa e indirecta, y creo que el señor Monaldi solo considera a empleados rurales a los que viven en los campos de producción, que es cierto han disminuido en los últimos años con la adopción de nuevas tecnologías y maquinarias. Ahora bien, ¿cuántos servicios e industrias dependen del agro? Transporte de granos y vacunos, servicios profesionales, comercio, frigoríficos, curtiembres, usinas lácteas, fabricantes de maquinaria agrícola y tractores... la lista puede ser infinita, pero en algunos análisis los macroeconomistas consideran a estos sectores industria y servicios, excluyendo al agro. Si la cosecha es de 80 o 120 millones de toneladas, si la faena es de 12 o 16 millones de cabezas de ganado, ¿acaso no generaría ningún empleo adicional? Como la mayoría de los productores agropecuarios viven en nuestro país y reinvierten la mayoría de las ganancias que su actividad, muchos sectores como el automotor y el inmobiliario se ven beneficiados cuando las cosechas son buenas y los precios de la leche y la carne son aceptables.

Por último, quisiera recalcar que el sector más empleador en nuestro país es el público; no dependen sus empleados del agro, pero sí su sostenimiento por los tributos abusivos a los que la cadena agroindustrial es sometida.

Diego Fernández Llorente

DNI 13.120.878

Aborto en Nueva York

Cuando leí que en Nueva York se había aprobado una ley que legalizaba el aborto "en cualquier momento del embarazo", después de tomar varios antieméticos se me ocurrió que se le podría pedir al señor Cuomo una aclaración. ¿Cuándo finaliza el embarazo? ¿Cuando la cabeza del niño asoma? ¿Cuando todo el cuerpo está afuera? O para ser más estrictos: ¿qué porcentaje del cuerpo del bebé debe haber salido de la madre para considerarse concluido el embarazo? La distinción no es superflua, porque esos minutos (los que dure el parto) marcan la diferencia entre un aborto y un infanticidio, que todavía (todavía) no es lícito. A menos que al señor Cuomo le dé lo mismo.

Juan Arida

aridajuan@gmail.com

Leo Satragno

Quisiera hacerles llegar a los medios en general la información fidedigna acerca de la muerte de mi compañero, Leo Satragno. En 2008, Leo fue diagnosticado de un carcinoma de vejiga, el cual se resolvió con una cistectomía radical con neovejiga realizada a partir de su propio intestino. En esta operación, realizada por el doctor Montes de Oca, experto en reconstrucción de vejiga mediante esta técnica, se extirparon vejiga, glándulas seminíferas, próstata y 20 ganglios. Estuvo durante diez años libre de enfermedad hasta febrero de 2018, cuando comenzó a sufrir fuertes dolores en el abdomen izquierdo. Luego de una internación en el sanatorio Anchorena de más de 10 días se arribó al diagnóstico de una metástasis del carcinoma urotelial en el músculo psoas. Durante el año pasado se atendió con el doctor Chacón y su equipo en Fleming. Especialmente el doctor Martín Ángel, que nos ha atendido con amor y dedicación. Como tratamientos tuvo que realizar quimioterapia y posteriormente radioterapia. El tumor en el psoas no podía ser resecado quirúrgicamente debido a la proximidad con las arterias ilíacas. En octubre se le diagnosticaron nuevas metástasis del carcinoma urotelial en el hígado, comenzó inmunoterapia (anticuerpos monoclonales), pero su estado general se complicó y falleció el 10 de enero.

Por este motivo, como familiares, nos sentimos muy incómodos cuando se difundió en los medios que Leo murió debido a un cáncer de intestino diagnosticado hace tres años.

Florencia Tommasi

DNI 30.590.821

Pastillas de Liebig

Cuenta Javier Navia en un artículo de la nacion Revista el papel que juegan los alimentos argentinos en la novela Serotonina, de Michel Houellebecq. Sobre autores franceses que destacan la producción de alimentos del Mercosur hay un curioso antecedente en De la Tierra a la Luna, novela de Julio Verne. Al describir el primer almuerzo a bordo de la nave, el narrador dice que comenzó con "... tres tazas de excelente caldo, que se preparó disolviendo en agua unas cuantas de las exquisitas pastillas de Liebig, preparadas con los mejores trozos de los rumiantes de las pampas". El autor se refiere a las pastillas de extracto de carne fabricadas en el establecimiento Liebig, inaugurado en la localidad uruguaya de Fray Bentos poco tiempo antes de la publicación de De la Tierra a la Luna. Deben su nombre al químico alemán Justus von Liebig, que desarrolló el método para su fabricación. El establecimiento dejó de funcionar en 1979 y aloja actualmente el Museo de la Revolución Industrial.

Claudio H. Sánchez

claudiofisicamente@yahoo.com.ar

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