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Otro argentino que creó un teatro en Madrid

Rubén Barreira, en Madrid
Rubén Barreira, en Madrid
Laura Ventura
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12 de febrero de 2019  • 18:25

MADRID.- Un día de 1984, mientras caminaba con un amigo por la avenida Santa Fe, alzó la vista para contemplar el edificio de la Casa del Teatro y advirtió que el décimo piso estaba en alquiler. Ingresaron, por pura curiosidad, para ver el inmueble, y allí estaba Iris Marga rodeada de la comisión directiva. Soñador, Rubén Barreira González tenían muchas ganas de todo, pero no tenía un peso. La gran dama de la actuación confió en aquel joven entusiasta. Diseñó una escuela de formación integral de las artes escénicas y su amigo propuso el ancestral nombre de Ditirambo. Fue un boom inmediato. Luego vendría la dirección del mítico teatro Margarita Xirgu, miles de kilómetros recorridos con giras y ahora es el turno de un nuevo capítulo en la vida de este gestor cultural. Radicado en España, inaugura en pleno Barrio de las Letras Ditirambo Centro Artístico en su versión madrileña.

Barreira González nació en Escobar y desde adolescente sintió pasión por el teatro. Estudió en la Marina durante el régimen militar y tenía buenas calificaciones. "Durante meses simulé sentirme mal, que tenía algo malo. No me dejaban irme, pero actué tanto que me dieron la baja", festeja el mayor rol de su carrera fuera de un escenario. En Buenos Aires estudió actuación con Ricardo Piris y al poco tiempo inauguró Ditirambo. Elsa Berenguer, Julio Baccaro, Cristina Banegas, Daniel Marcove, Héctor Jazkevich, Luciano Suardi y Federico D´Elía fueron algunos de los docentes de esta escuela que le dio una brisa de aire diferente al edificio de la Casa del Teatro. La nueva generación se integró con los artistas que habitaban en el piso de abajo, como el cineasta José Luis Di Feo. La capacidad de la escuela se veía siempre desbordada y Barreira González debió mudar Ditiramabo a un espacio más amplio. En el petit hotel de la calle Ayacucho comenzó en 1988 una nueva etapa de la escuela, dedicada más a la moda y a la confección de indumentaria, con Susana Saulquin como docente y Roberto Piazza, como estrella e imán.

La sofisticación y elegancia siempre fue su sello distintivo. En 1998 trajo a la Argentina a Paco Rabanne con su última colección y al estilista Jean Luc Minetti a un congreso de moda. Por entonces comenzó un nuevo capítulo, esta vez como productor teatral. Ya había tenido una experiencia con La tiendita del horror, en 1989, pero por entonces decidió recorrer el país con diversas obras. Durante un año, de Jujuy a Ushuaia, pedaleó al ritmo de la exitosa El amateur. "Hacía de todo. El borderaux, controlaba que estuviera bien la publicidad, acomodaba los camarines, cuestiones de la técnica, de todo". También sumó millas con las giras de Sinvergüenzas, y unipersonales con Rita Terranova, Ana Acosta y Gladys Florimonte.

Gracias a su amistad con Paco Rabanne, las autoridades catalanas del teatro Margarita Xirgu confiaron en 2002 en él para conducir el teatro de 500 butacas. En un comienzo, se convirtió en un refugio, dada la excelente acústica de la sala, de los amantes de la ópera y luego, cuando el teatro Colón estuvo cerrado se creó un programa, "el Colón en el Xirgu", donde toda la programación se trasladó allí. Los Amados, Jorge Navarro con una Big Band, con Jorge Navarro, ex Banda Elástica. Frankie Kein, y obras como Los árboles mueren de pie o Ceremonia secreta habitaron este teatro durante su gestión.

Cuando la concesión concluyó, en 2012, adquirió El Bardo, que había pertenecido a Eduardo Nutkiewitz, y tras un par de temporadas sala, se mudó a Mar del Plata y tiempo después a las islas Canarias. "Practiqué el desapego. Me deshice de todo y vine con dos valijas. Estas piedritas energéticas son algunas de las pocas cosas que traje", dice mientras las acaricia en el escritorio del nuevo Ditirambo, que huele a recién pintado.

Hace algunos meses asistía en Madrid al estreno de Sueño de una noche de verano, dirigida por la argentina Carla Calabrese, acompañado por la actriz Silvia Luchetti, cuando Barreira González se encontró con Alejandro Veroutis, famoso jefe de prensa. Juntos rememoraron los años de Ditirambo y comenzaron entonces las ganas de abrir las puertas de aquella escuela del otro lado de la orilla. "Fue una tarea titánica porque no encontraba un espacio con la habilitación para poder montar la escuela. Cuando ya casi me daba por vencido, iba caminando por la Plaza Mayor y me llamó un amigo y, a través de una videollamada, me mostró este lugar", recuerda sentado ya desde su amplia mesa de la calle Infante, a pocos metros de donde vivió Miguel de Cervantes. Ese amigo es el argentino Mauro Gastón, quien estudió en Ditirambo en Buenos Aires y a quien Barreira González quiso becar. Hoy este estilista radicado en España es un referente del estilismo y en su peluquería se atienden famosos y se ensayan los looks para las películas más famosas.

Con un nuevo socio, Maximiliano Gómez López, Ditirambo abrió sus puertas en Madrid los primeros días de 2019 para formar para artistas en distintas áreas: Vestuaristas y moda (dirigida por Juan Rodríguez Rollé, y acompañado por Nicolas Vandal, quien trabajó para el Cirque Du Soleil, Elisa Sanz, etc.), Teatro musical (José Luis Sixto Rodríguez), Interpretación ante cámara (Mario Bolaño, quien trabajó en Sin tetas no hay paraíso y Fariña), Actuación para niños y adolecentes (Marta Valverde), Maquillaje y caracterización (Fito Dellibarda), etc. Además, Barreira González trabaja para llevar de gira a Hernán Piquín al son del tango por la península ibérica. "Dichoso el que gusta las dulzuras del trabajo sin ser su esclavo", escribió Benito Pérez Galdós, cita que ocupa la pared desde donde este gestor argentino comienza un nuevo capítulo.

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