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El ejemplo peruano

Sustentado en el respeto a la independencia de su Banco Central, el éxito económico de Perú debería ser seguido por la dirigencia argentina
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14 de febrero de 2019  

Pocos países de la región pueden exponer 25 años continuos de crecimiento con estabilidad monetaria. Luego de una larga historia de estancamiento, inflación y crisis repetidas, Perú lo ha logrado. Su experiencia debe ser una lección para otros países que, como la Argentina, no pueden escapar de desequilibrios macroeconómicos y de una sostenida desvalorización de su moneda.

Una fracción preponderante de nuestra clase dirigente y de la ciudadanía reprueba las políticas exitosas de otros países. Por el contrario, apoya enfoques populistas y programas heterodoxos que garantizan el fracaso. Un cerramiento ideológico impide la objetividad en la evaluación y el análisis de experiencias concretas. Casos cercanos como los de Chile y Perú son voluntariamente ignorados.

Los gobiernos peruanos desarrollaron políticas populistas, intervencionistas y estatistas durante las décadas de 1960, 1970 y 1980. Eran las que demandaba el grueso de la dirigencia y de la intelectualidad y que tuvieron aceptación por los gobiernos militares y civiles. Como no podía ocurrir de otra forma, el déficit fiscal superó las posibilidades de financiarse con deuda y se debió recurrir a la emisión de moneda por el Banco Central de Reserva (BCRP). Pero no era solo esta la única fuente de creación de dinero. El BCRP actuaba como banco de desarrollo, otorgando créditos a otros bancos estatales, los que a su vez prestaban a empresas estatales y privadas en condiciones ventajosas, con endebles garantías y débiles posibilidades de afrontar los servicios financieros.

Desde mediados de los setenta la inflación se aceleró y durante la presidencia de Alan García se alcanzó la hiperinflación. Entre 1985 y 1990 los precios acumularon un incremento de 6.921.502%. Entre 1987 y 1990 el déficit fiscal promedió el 10,5% del PBI, y la economía se achicó un 25%. Sin embargo, en Buenos Aires la propaganda callejera de la central obrera en la semana navideña pedía a Papá Noel "un presidente como Alan García".

El trauma hiperinflacionario y la demostrada inutilidad del control de precios y de cambios llevaron a una modificación de las opiniones prevalecientes. El presidente Alberto Fujimori, elegido en 1990, tuvo así el apoyo necesario para reorientar la política económica y regularizar la situación financiera con los organismos multilaterales y acreedores privados. Una nueva Constitución fue aprobada por referéndum en 1993, al igual que la modificación de la carta orgánica del BCRP. La autoridad monetaria fijó su objetivo excluyente en preservar el valor de la moneda derrotando la inflación.

Los efectos del cambio han sido notables. El déficit fiscal fue reducido y controlado. Entre 1993 y 2018, la inflación anual promedió el 4,2% y el crecimiento anual del PBI el 5%. El BCRP trabaja con el sistema de metas de inflación y lo hace exitosa y provechosamente. Esto es posible en el marco de una situación fiscal controlada, lo que no ocurrió en la Argentina y determinó su fracaso.

Alan García fue elegido nuevamente en 2001 y demostró haber aprendido la lección. En su segundo gobierno ejecutó una política promercado y de disciplina fiscal y monetaria. Aprender de los propios errores es una cualidad que aún no ha alcanzado a gran parte de nuestros políticos. Tampoco parece que hayan aprendido de las experiencias, errores y aciertos de otros países y gobiernos. El prolongado éxito peruano, sustentado en la total independencia de su Banco Central y en la estabilidad de sus autoridades, debiera ser un caso de estudio y a imitar más que recomendable.

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