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Demirjian, lo imperdible en Bellas Artes

De la década de oro en las artes argentinas, la primavera de los años 60, sobrevive intacta la obra de la llamada nueva figura-ción. Hoy, la retrospectiva de uno de los máximos exponentes de ese grupo se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes
Marina Gambier
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1 de septiembre de 2002  

Junto con Rómulo Macció, Felipe Noé, Jorge de la Vega y otros artistas surgidos en la fecunda década del 60 (cuando existían semilleros como el Instituto Di Tella y varias galerías sobre la calle Florida), la obra de Demirjian se inscribe dentro de la corriente llamada nueva figuración, término acuñado por el crítico italiano Aldo Perilli, en 1957, para designar ese movimiento que entre sus bases propiciaba el alejamiento definitivo de toda representación detallista de las formas.

Hasta hoy, su trabajo no había sido expuesto de manera total. Por eso esta retrospectiva abarca los últimos cuarenta años de su labor, reuniendo más de cien dibujos y pinturas que invitan al espectador a descubrir una de las características sobresalientes de la personalidad de este artista notable, que a lo largo de toda su carrera nunca dejó de reflexionar acerca de la condición humana.

Nacido en Buenos Aires, en 1932, hijo de un matrimonio de inmigrantes armenios, Demirjian se inició en la pintura luego de pasar más de 20 años estudiando música. Cuando cambió las partituras por los pinceles tuvo por maestros nada menos que a Emilio Pettoruti y a Horacio Butler, pero su formación es más bien autodidacta y se funda en la lectura apasionada de la vida de los grandes pintores, como el irlandés Francis Bacon, cuya influencia reconoce. En 1960 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes que le permitió radicarse primero en Milán y luego en París donde realizó importantes exhibiciones.

En 1968 realizó su primera muestra en el Di Tella y en la famosa Galería Bonino. Recuerda aquellos años como los más vigorosos para el arte local. "Había una variedad de lenguajes, el mismo Jorge Romero Brest cada dos años bautizaba un nuevo ismo, que desplazaba al otro, siempre con gran respeto. "Era una época más heroica; después de Warhol, empezó esa promoción personal tan desaforada que existe hoy en este ambiente. Nosotros, y lo digo por los artistas de mi generación, todavía teníamos cierto misticismo, que ahora se ha diluido por completo con la influencia de los medios y el mercado. Por eso prefiero exponer en un lugar público, donde va toda la gente, sin ningún compromiso comercial. El espectador va, critica y disfruta. Al que le gusta la pintura va al museo, y con eso es suficiente para un artista." Aunque su humildad le impide admitirlo, y aunque a esta altura no hacen falta pruebas de ese tipo para medir el tamaño de su prestigio y su talento, vale destacar que las obras de Demirjian forman parte de colecciones privadas y públicas de Europa y Estados Unidos, como la Biblioteca Nacional de París y el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Museo Nacional de Bellas Artes. Hasta fines de este mes, Avda. del Libertador 1470.

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