Emotivo adiós al cantante Rodrigo

Más de 100.000 personas lo despidieron durante el velatorio y la ceremonia que se realizó ayer, en Esteban Echeverría
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26 de junio de 2000  

En una ceremonia de la que participaron su ex esposa, su actual pareja, miembros de su grupo musical y amigos, a los que se sumaron el intendente de Lanús, Manuel Quindimil, y el pastor evangelista Héctor Giménez, los restos del cantante bailantero Rodrigo Bueno fueron depositados ayer en el cementerio privado Parque Las Praderas, en el partido bonaerense de Esteban Echeverría.

Se trató de una decisión que por la madrugada adoptó su madre, Beatriz Bueno, luego de contemplar la posibilidad de su inhumación en el cementerio municipal de Lanús, ciudad en cuya municipalidad fue velado durante 18 horas, con la concurrencia de más de 100.000 personas.

Debido a posibles peritajes que podría disponer la Justicia, también fue descartada la idea de cremar el cuerpo para después trasladar sus cenizas a la provincia de Córdoba, donde el músico nació. El féretro, en consecuencia, fue colocado en dependencias de la dirección del cementerio.

Casi a la misma hora, en el Panteón de Actores del cementerio de la Chacarita hubo un oficio similar con los restos de Fernando Olmedo, hijo del actor Alberto Olmedo, quien acompañaba a Rodrigo en la camioneta, cuando se accidentaron en la autopista Buenos Aires-La Plata.

Acceso limitado

Custodiado por medio centenar de patrulleros provinciales y un helicóptero, el cortejo fúnebre de Rodrigo, al que no se sumaron la madre ni el pequeño hijo del cantante, arribó al cementerio privado cerca de las 9.

El ex futbolista Diego Maradona no pudo concurrir, ya que anteanoche se descompuso cuando llegó al velatorio de su amigo Rodrigo, después de haber viajado especialmente desde Montevideo.

Unos 20 automóviles atravesaron el portón de ingreso -a la altura del 5100 del Camino de Cintura- hasta que las autoridades del cementerio advirtieron que la capacidad ya estaba colmada y pidió a los conductores de otros tantos vehículos que estacionaran en las inmediaciones.

También, "por expreso deseo de la familia", se prohibió la entrada del periodismo, de modo que cámaras de televisión, movileros radiales, fotógrafos y redactores de gran cantidad de medios debieron conformarse con seguir las alternativas de la ceremonia a 80 metros de distancia, agolpados frente a una reja. Tan sólo pudieron ingresar cerca del mediodía.

En la zona se montó un operativo policial con 200 agentes pertenecientes a seccionales de Glew, Avellaneda, Quilmes, La Matanza, La Plata, y hasta de ciudades tan alejadas como Mar del Plata y Junín.

El abigarrado público de fanáticos y curiosos estuvo conformado principalmente por pobladores del barrio de Transradio, aledaño al cementerio. También hubo mucha gente procedente de Quilmes, Berazategui, Avellaneda y Lanús. Un hombre de esta última localidad llegó pedaleando en su bicicleta. "Me llamo Mario Tormo -explicó- y vine a darle el último adiós a Rodrigo."

La admiración del público

Varios admiradores del cantante, en diálogo con La Nación , no ocultaron su congoja por la tragedia y hasta mostraron dudas sobre el verdadero motivo del accidente. "A mí no me van a convencer de que en esto no estuvo la mano de la contra", comentó un enardecido hombre, que se negó a aclarar sus dichos.

Lucía Santos, con su beba en brazos, se confesó: "Soy fanática de El Potro y por eso estoy aquí". Una pareja de novios, Fer y Claudia, señaló casi a dúo: "Hay que investigar su muerte. No fue un accidente".

Hugo Cornejo, de 58 años, enfatizó: "Era un fenómeno. A todos nos gustaba su manera de ser"; su esposa, Ana, agregó que "era una buena persona. Ahora estaba en un programa de ayuda a los enfermos de SIDA".

Entre la multitud, hasta se vio a vendedores de afiches y camisetas con la imagen de Rodrigo.

Al salir, el pastor Giménez dijo que había concurrido porque era muy amigo de Rodrigo. Lo definió como "un gran muchacho, que iba a apadrinar un centro para jóvenes drogadictos", y expresó dudas respecto de lo ocurrido. "No sé, hay algo... Manejaba con prudencia cuando viajaba con su hijo. Espero que se lo recuerde bien y que no se aproveche su muerte para hacer un gran comercio, como sucedió con Gilda."

El fotógrafo personal de Rodrigo, Orlando Antonelli, de 49 años, describió al cantante como "un muchacho lleno de vida y muy temperamental, de carácter muy fuerte y dominante, pero que se enternecía cuando estaba rodeado por los chicos y los adolescentes". Y agregó: "Sentía una gran ternura por ese público".

Un momento de especial conmoción se vivió cuando traspuso la entrada, para dirigirse a su auto, el animador y amigo íntimo de Rodrigo, Daniel "La Tota" Santillán.

Para la gente, resultó lo más próximo al ídolo fallecido que podían tener cerca. Sus intentos de tocarlo y besarlo, y hasta alcanzarle ramos de flores, casi llegaron a sofocarlo, por lo que debió destinarse un grupo de fornidos policías para protegerlo.

Antes de partir, Santillán se volvió y reiteró una frase que se le había escuchado horas antes en un reportaje: "Ahora los ángeles van a poder bailar música bailantera".

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