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Misterioso hurto en cajas de seguridad

Gustavo Carabajal
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10 de julio de 2000  

Un misterio desvela a los expertos en seguridad bancaria: el saqueo de seis cajas de seguridad, sin evidencias de que fueron violentadas. Algo así como el golpe perfecto.

Para cuatro clientes de un banco porteño de primera línea y para dos de otra entidad similar de Mendoza la sorpresa no pudo ser más desagradable: al abrir sus cofres descubrieron que habían desaparecido dinero y joyas.

A partir de las denuncias de cuatro clientes de la sucursal del Lloyds Bank situada en Santa Fe 3060, en esta capital, y de dos clientes de una de las agencias del Banco Río, en Mendoza, la sorpresa se apoderó de los investigadores. Los clientes aseguran que les robaron entre 100.000 y 200.000 pesos a cada uno.

Aunque en la mayoría de estos casos las cajas eran compartidas con familiares, quedó descartada, por el momento, la posibilidad de que se traten de autorrobos, según los pesquisas.

No había rastros de violencia. Las cajas estaban intactas, salvo que las alhajas y el dinero -ahorrado durante varios años o fruto de la venta de alguna propiedad- se habían esfumado. Nadie, ni la policía, ni la Justicia, ni los peritos designados por los bancos pudo explicar qué pasó.

Ante tamaño desconcierto, los investigadores hicieron todo tipo de conjeturas sobre los responsables de los hurtos, tal la calificación del delito, porque, a diferencia de un robo, no se ejerció violencia.

"No sabemos qué pensar. ¿Estaremos ante una banda que cuenta con una tecnología sofisticada capaz de leer las combinaciones de las cajas de seguridad y fabricar la llave justa? o ¿todo será obra de algún empleado infiel? ¿Existen llaves gemelas de las cajas de seguridad?", se preguntó un reconocido liquidador de seguros ante La Nación .

Consultados los bancos, se descartaron las dos posibilidades. La primera, porque aparecería como parte de la trama de la película "Misión: Imposible" o de la serie "Ladrón sin destino". Las otras presunciones fueron desechadas por las entidades debido a que aseguraron poseer todos los controles necesarios para evitar ese tipo de infidelidades y el servicio de seguridad que se ofrece a los clientes es totalmente confiable y está de acuerdo con las normas fijada por el Banco Central.

Según consta en las causas judiciales que se impulsan en Mendoza y en los tribunales porteños, no hubo cerraduras forzadas. Los hurtos fueron denunciados en los últimos 45 días. Hasta el momento no hubo ni sospechosos ni detenidos ni rastros del dinero o de las joyas.

"Aunque nunca nadie fue detenido por un delito de este tipo, las sospechas siempre apuntan hacia algún problema de llaves con algún empleado infiel. Se trata de un delito con un gran nivel de imaginación", expresó el ingeniero Alberto Alonso, de la consultora de seguridad Sasetech.

Como el contenido de las cajas de seguridad es secreto y el banco, a priori, no tiene pruebas de lo que allí se guarda, todavía no se pudo demostrar que el hurto denunciado ocurrió.

"No bien nos enteramos, iniciamos las investigaciones y colaboramos con la Justicia. Además, contratamos técnicos externos al banco, realizamos auditorías y quedó demostrado que no hubo ningún empleado infiel ni que fallaron los sistemas de seguridad. Jamás pondríamos en juego el prestigio que tenemos, luego de haber sido señalados por la consultara calificadora internacional Moody´s como el mejor banco privado", expresó Graciela Maronna, gerenta de Comunicación de Lloyds Bank.

Juan Pablo Franco, gerente de Relaciones con la Prensa del Banco Río, relativizó los hechos ocurridos en una de las sucursales de Mendoza y reafirmó la preocupación del banco para investigar esos episodios. "Hasta el momento, lo único que tenemos son dos denuncias por faltantes en cajas de seguridad, en las que no hubo violencia. El banco ya aportó todos los elementos requeridos por la Justicia y está colaborando con el tribunal", expresó Franco.

Aunque para los prestadores del servicio parezca imposible que tales hechos puedan ocurrir, existen seis denuncias.

En el caso de los clientes del Lloyds Bank, las causas se impulsan en el Juzgado de Instrucción Nº 28, a cargo del juez Pablo Bruno, que por una cuestión de conexidad y para encarar una sola pesquisa tomó los sumarios que se investigaban en el Juzgado Nº 29, a cargo del doctor Juan José Mahdjoubian.

El robo en cajas de seguridad sin violencia tiene antecedentes. Este año hubo otro caso en la sucursal Azul del Banco Nación, donde la víctima fue un juez en lo penal de esa ciudad.

En una semana de noviembre de 1995, los propietarios de quince cajas de seguridad de la casa central del Banco Nación denunciaron que les habían robado. La policía no detuvo a sospechoso alguno y la causa penal se archivó.

Un mes después, fueron robadas otros seis cajas en la casa central del Banco Ciudad.

Lo mismo le ocurrió en 1988 a Guido Kogan, quien había guardado sus ahorros en la casa central del Banco de Mendoza.

En enero de ese año, Kogan se encontró con que su caja de seguridad había sido vaciada. Entonces, recurrió a la Justicia, demandó al banco y ganó.

El fallo del juez de primera instancia en lo Comercial Eduardo Favier Dubois puso en tela de juicio la infalibilidad del sistema de las cajas de seguridad.

"En la causa penal pudo determinarse, contrariamente a lo que parecería resultar del informe de la empresa fabricante de las cerraduras y del dictamen del perito ingeniero, la falibilidad del sistema dada la concretada posibilidad de algún empleado infiel de obtener una copia de las llaves del cliente con anterioridad a su entrega a éste o que las cajas se abrieran con llaves diversas de la original o sus copias", señaló el magistrado en su resolución, ratificada por la Sala A de la Cámara Comercial.

Para reafirmar que el sistema no resulta infalible, la abogada Nydia Zingman de Domínguez recordó el caso de Martha M., cliente del banco de San Juan que tenía una caja de seguridad en la casa central.

"En junio de 1992, la señora abrió su caja y le agarró un ataque de nervios: habían desaparecido las joyas, que eran un recuerdo de familia, y sus ahorros. En el banco no se hicieron responsables, así que fue a su casa, tomó la otra llave que tenía de la caja y regresó al banco. Para su asombro, esa segunda llave no servía. En conclusión, alguien se había quedado con la llave gemela y la utilizó para abrir la caja", expresó Zingman de Domínguez, letrada civilista y comercialista y profesora de Contratos en la Universidad de Buenos Aires.

En ese momento, comenzó un largo proceso judicial por incumplimiento de contrato entre el banco y el cliente, en el fuero comercial, que, al igual que ocurrió con Kogan, Martha M. pudo ganar debido a que pudo demostrar ante la Justicia cómo había obtenido el dinero y las joyas que guardaba en su caja de seguridad.

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